<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"><channel><title>vatican.va</title><link>https://www.vatican.va</link><description>vatican.va</description><language>es</language><item><title><![CDATA[A los directivos y al personal del Instituto Nacional de Previsión y Seguridad Social (INPS) (10 de abril de 2026)]]></title><pubDate>Fri, 10 Apr 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/april/documents/20260410-inps.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/april/documents/20260410-inps.html</guid><description><![CDATA[<!-- Fri, 10 Apr 2026 14:24:50 +0200 --> <p>En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo.</p> 
<p>&iexcl;La paz est&eacute; con ustedes!</p> 
<p><i>&iexcl;Buenos d&iacute;as a todos, bienvenidos!</i></p> 
<p>Saludo al presidente, a los directivos y a todos ustedes, empleados del Instituto Nacional de Previsi&oacute;n Social, incluidos aquellos que se conectan a trav&eacute;s de Internet desde las sedes locales. El suyo es un papel social e institucional importante, que los llama a hacerse cargo de las necesidades de muchas personas vulnerables a trav&eacute;s de mecanismos de distribuci&oacute;n equitativa de la riqueza, con especial atenci&oacute;n a las situaciones cr&iacute;ticas. Esto les brinda la oportunidad de actuar de manera eficaz en la promoci&oacute;n de una responsabilidad social que combine el desarrollo econ&oacute;mico y la cohesi&oacute;n comunitaria, orientando las decisiones hacia el bien com&uacute;n.</p> 
<p>En el mundo hay, en conjunto, mucha riqueza; sin embargo, el n&uacute;mero de pobres aumenta. Muchos cientos de millones de personas en todo el planeta viven sumidas en la pobreza extrema y carecen de alimentos, vivienda, asistencia m&eacute;dica, escuelas, electricidad, agua potable y servicios sanitarios indispensables. Y, sin embargo, hay riquezas desproporcionadas que permanecen en manos de unos pocos. Es un escenario injusto, ante el cual no podemos dejar de cuestionarnos y comprometernos a cambiar las cosas. No existe un determinismo que nos condene a la desigualdad. En la base de las disparidades no hay una falta de recursos, sino la necesidad de abordar problemas resolubles relacionados con una distribuci&oacute;n m&aacute;s equitativa de los mismos, que debe realizarse con sentido moral y honestidad.</p> 
<p>En este contexto, la respuesta a las necesidades concretas de las personas ha sido siempre el centro de la atenci&oacute;n de la Iglesia Cat&oacute;lica, tanto en lo que respecta al mundo laboral como a la ayuda a los necesitados.</p> 
<p>El Papa&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es.html">Le&oacute;n XIII</a>, en particular, refiri&eacute;ndose a la condici&oacute;n de los trabajadores, record&oacute; expl&iacute;citamente la importancia de la previsi&oacute;n y la asistencia social, para &laquo;velar por que al obrero nunca le falte trabajo, y haya fondos disponibles para socorrer a cada uno, no solo en las crisis repentinas e inesperadas de la industria, sino tambi&eacute;n en los casos de enfermedad, vejez o accidente&raquo; (Carta enc&iacute;clica&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html"><i>Rerum novarum</i></a>, 43). Y en cuanto al apoyo a los m&aacute;s d&eacute;biles, dec&iacute;a: &laquo;Si alguna familia se encuentra por casualidad en tan graves dificultades que por s&iacute; misma no le es posible salir de ellas, es justo en tales circunstancias la intervenci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos, ya que cada familia es parte del cuerpo social&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html">ib&iacute;d.</a>, 11).</p> 
<p>En tiempos m&aacute;s recientes, la atenci&oacute;n de la Iglesia por el modelo del Estado social se encuentra en las enc&iacute;clicas de&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/it.html">San Juan XXIII</a>&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html"><i>Mater et Magistra</i></a>&nbsp;(1961) y&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html"><i>Pacem in terris</i></a><i>&nbsp;</i>(1963), donde el derecho al&nbsp;<i>bienestar</i>&nbsp;se eleva expresamente al rango de derecho humano, como derecho &laquo;a la seguridad en caso de enfermedad, invalidez, viudez, vejez, paro y, por &uacute;ltimo, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html">Carta enc.&nbsp;<i>Pacem in terris</i></a>, 6). En la misma l&iacute;nea magisterial se sit&uacute;an la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html"><i>Populorum progressio</i></a>&nbsp;de&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html">San Pablo VI</a>, la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html"><i>Laborem exercens</i></a>, la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html"><i>Sollicitudo rei socialis</i></a>&nbsp;y la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html"><i>Centesimus annus</i></a>&nbsp;de&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es.html">San Juan Pablo II</a>&nbsp;—en esta &uacute;ltima encontramos, entre otras cosas, una cr&iacute;tica al asistencialismo (cf. n. 48)—, as&iacute; como la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html"><i>Caritas in veritate</i></a>&nbsp;de&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es.html">Benedicto XVI</a>.</p> 
<p>Este recorrido desemboca luego en el magisterio social del&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>, en particular en la enc&iacute;clica&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html"><i>Fratelli tutti</i></a>, donde el&nbsp;<i>Estado de bienestar</i>&nbsp;se erige en aut&eacute;ntico derecho universal (cfr.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#110">n. 110</a>).</p> 
<p>El modelo propuesto es el de un sistema de seguridad solidaria, basado en los principios de subsidiariedad, responsabilidad social y fraternidad humana, siempre con el fin de orientar la intervenci&oacute;n asistencial para permitir a todos &laquo;una vida digna a trav&eacute;s del trabajo&raquo; (Francisco, Carta enc.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#128."><i>Laudato si’</i></a>, 128).</p> 
<p>As&iacute; se expresa, al respecto, el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html"><i>Compendio de la doctrina social de la Iglesia</i></a>: &laquo;El principio de la solidaridad implica que los hombres de nuestro tiempo cultiven a&uacute;n m&aacute;s la conciencia de la deuda que tienen con la sociedad en la que est&aacute;n insertos […]. Semejante deuda se salda con las diversas manifestaciones de la actuaci&oacute;n social, de manera que el camino de los hombres no se interrumpa, sino que permanezca abierto para las generaciones presentes y futuras, llamadas unas y otras a compartir, en la solidaridad, el mismo don&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html#c)%20Solidariet%C3%A0%20e%20crescita%20comune%20degli%20uomini">n.&ordm; 195</a>).</p> 
<p>En este &aacute;mbito, en Italia, sin duda debe reconocerse un papel protagonista a su Instituto, que orienta su labor en diversas direcciones, aplicando pol&iacute;ticas de previsi&oacute;n generativas y de desarrollo social efectivo, a partir de la protecci&oacute;n de los m&aacute;s d&eacute;biles y de la inversi&oacute;n en los j&oacute;venes. Por ello, aun ante la necesidad de garantizar la sostenibilidad del sistema, su compromiso debe estar siempre orientado tambi&eacute;n a salvaguardar su tejido solidario y su equidad, tanto en el &aacute;mbito de las pensiones como en el acompa&ntilde;amiento del trabajador a lo largo de su trayectoria profesional.</p> 
<p>Los escenarios t&iacute;picos del trabajo del siglo XX han cambiado. Las causas son m&uacute;ltiples: la financiarizaci&oacute;n de la empresa, la externalizaci&oacute;n de la producci&oacute;n a escala mundial, los altos costos laborales y, sobre todo, el vertiginoso desarrollo tecnol&oacute;gico, con el fuerte impacto de la inteligencia artificial, que a&uacute;n debe analizarse y evaluarse en sus m&uacute;ltiples —y en parte inexploradas— facetas. Las trayectorias laborales, que durante mucho tiempo fueron en su mayor&iacute;a lineales, con puestos de trabajo ocupados a menudo durante toda la vida, se caracterizan ahora por una mayor precariedad y variabilidad, con el crecimiento de modelos de trabajo de duraci&oacute;n determinada, a tiempo parcial, de trabajo temporal, a demanda, a menudo aut&oacute;nomos, en las formas m&aacute;s variadas e h&iacute;bridas. De ello se derivan nuevas necesidades, con nuevas responsabilidades para el Estado y para el individuo (cf.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es.html">Benedicto XVI</a>, Carta enc.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html"><i>Caritas in veritate</i></a>, 58), cuya satisfacci&oacute;n no puede dejar de involucrar a las entidades de seguridad social, y al INPS en particular.</p> 
<p>Por ello, quisiera concluir recordando las palabras que&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">el Papa Francisco</a>&nbsp;dirigi&oacute; a los directivos y empleados de su Instituto hace poco m&aacute;s de diez a&ntilde;os: &laquo;No olviden al hombre: &eacute;ste es el imperativo. Amar y servir al hombre con conciencia, responsabilidad y disponibilidad. Trabajar por quienes trabajan, y no menos importante, por quienes desear&iacute;an hacerlo y no pueden. […] Apoyar a los m&aacute;s d&eacute;biles, para que a nadie le falte la dignidad y la libertad de vivir una vida aut&eacute;nticamente humana&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/november/documents/papa-francesco_20151107_inps.html"><i>Discurso a los directivos y empleados del INPS</i></a>, 7 de noviembre de 2015).&nbsp;&nbsp;</p> 
<p>Querid&iacute;simos, &iexcl;les deseo todo lo mejor en su labor! Les aseguro a ustedes y a sus familias que los tengo presentes en mis oraciones, mientras les imparto de coraz&oacute;n mi bendici&oacute;n.</p> 
<p>________________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/04/10.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 10 de abril de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[A los atletas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Milán-Cortina 2026 (9 de abril de 2026)]]></title><pubDate>Thu, 09 Apr 2026 10:30:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/april/documents/20260409-giochi-olimpici.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/april/documents/20260409-giochi-olimpici.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 09 Apr 2026 12:47:27 +0200 --> <p><i>Eminencia, Excelencias, se&ntilde;or ministro,<br /> representantes del deporte italiano,<br /> queridos atletas y queridas atletas,</i></p> 
<p>los recibo con alegr&iacute;a, poco despu&eacute;s de la conclusi&oacute;n de los Juegos de Invierno de Mil&aacute;n-Cortina, que han difundido al mundo, junto con competiciones del m&aacute;s alto nivel, tambi&eacute;n un noble mensaje humano, cultural y espiritual.</p> 
<p>Expreso mi gratitud al&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/romancuria/es/dicasteri/dicastero-cultura-educazione/profilo.html">Dicasterio para la Cultura y la Educaci&oacute;n</a>, que, junto con&nbsp;<i>Athletica Vaticana</i>, se ha encargado de la preparaci&oacute;n de este nuestro encuentro. Agradezco sus palabras al presidente Luciano Buonfiglio, del Comit&eacute; Ol&iacute;mpico Nacional Italiano (CONI), y al presidente Marco Giunio De Sanctis, del Comit&eacute; Paral&iacute;mpico Italiano (CIP).</p> 
<p>Deseo incluir a todos ustedes en este agradecimiento: gracias por lo que han testimoniado. En verdad, el deporte, cuando se vive de manera aut&eacute;ntica, no es solo una actuaci&oacute;n: es una forma de lenguaje, una historia hecha de gestos, de esfuerzo, de expectativas, de ca&iacute;das y de nuevos comienzos. Durante los Juegos hemos visto no solo cuerpos en movimiento, sino historias: historias de sacrificio, de disciplina, de tenacidad. En particular, en las competiciones paral&iacute;mpicas hemos observado c&oacute;mo el l&iacute;mite puede convertirse en un lugar de revelaci&oacute;n: no algo que obstaculiza a la persona, sino que puede transformarse, incluso transfigurarse en cualidades renovadas. Ustedes, los atletas, se han convertido en biograf&iacute;as que inspiran a much&iacute;simas personas.</p> 
<p>En segundo lugar, su esp&iacute;ritu de equipo nos recuerda que nadie gana solo, porque detr&aacute;s de cada victoria hay muchas personas involucradas, desde la familia hasta los equipos, adem&aacute;s de muchos d&iacute;as de entrenamiento, de presi&oacute;n y de soledad. A menudo es precisamente en estos momentos cuando Dios se revela, como canta el salmista: &laquo;Me hiciste dar largos pasos, y no se doblaron mis tobillos&raquo; (<i>Sal&nbsp;</i>18,37).</p> 
<p>El deporte, de hecho, contribuye a la maduraci&oacute;n de nuestro car&aacute;cter, exige una espiritualidad firme y es una forma fecunda de educaci&oacute;n. A trav&eacute;s del deporte se aprende a conocer el propio cuerpo sin idolatrarlo, a controlar las emociones, a competir sin perder el sentido de la fraternidad, a aceptar la derrota sin desesperaci&oacute;n y la victoria sin arrogancia.</p> 
<p>Al entrenar la mente, junto con los miembros, el deporte es aut&eacute;ntico cuando se mantiene humano, es decir, cuando permanece fiel a su vocaci&oacute;n primera: ser escuela de vida y de talento. Una escuela en la que se aprende que el verdadero &eacute;xito se mide por la calidad de las relaciones: no por la cantidad de premios, sino por el aprecio mutuo, por la alegr&iacute;a compartida en el juego.</p> 
<p>Esta es la &laquo;vida en abundancia&raquo; (<i>cf</i>.&nbsp;<i>Jn</i>&nbsp;10,10) de la que habla el Evangelio: una vida llena de sentido, una vida en la que la corporeidad y la interioridad encuentran armon&iacute;a. He aqu&iacute; la raz&oacute;n por la que eleg&iacute; esta expresi&oacute;n evang&eacute;lica como t&iacute;tulo de la Carta que escrib&iacute; precisamente con motivo del inicio de los Juegos Ol&iacute;mpicos y Paral&iacute;mpicos (<i>cf.</i>&nbsp;<i><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/letters/2026/documents/20260206-lettera-giochi-olimpici.html">La vida en abundancia, 6 de febrero de 2026</a></i>).</p> 
<p>En la &eacute;poca actual, tan marcada por polarizaciones, rivalidades y conflictos que desembocan en guerras devastadoras, su compromiso adquiere un valor a&uacute;n mayor: &iexcl;el deporte puede y debe convertirse verdaderamente en un espacio de encuentro! No una exhibici&oacute;n de fuerza, sino un ejercicio de relaci&oacute;n. He querido recordar, con motivo de estos Juegos, el valor de la tregua ol&iacute;mpica. Ustedes, con su presencia, han hecho visible esta posibilidad de paz como una profec&iacute;a nada ret&oacute;rica: romper la l&oacute;gica de la violencia para promover la del encuentro.</p> 
<p>Al mismo tiempo, sabemos bien que el deporte tambi&eacute;n conlleva tentaciones: la del rendimiento a cualquier precio, que puede conducir hasta el&nbsp;<i>dopaje</i>. La del lucro, que transforma el juego en mercado y al deportista en un divo. La de la espectacularizaci&oacute;n, que reduce al atleta a una imagen o a un n&uacute;mero. Contra estas derivas, su testimonio es esencial.</p> 
<p>Queridos atletas, ustedes han sido testigos de una forma honesta y hermosa de habitar el mundo. Llevan consigo la idea de que se puede competir sin odiarse. De que se puede ganar sin humillar. De que se puede perder sin perderse a uno mismo. Y esto vale tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; del deporte. V&aacute;lido en la vida social, en la pol&iacute;tica, en las relaciones entre los pueblos. Porque el deporte, si se vive bien, se convierte en un laboratorio de humanidad reconciliada, donde la diversidad no es una amenaza, sino una riqueza. En una &eacute;poca de grandes desaf&iacute;os clim&aacute;ticos, estos Juegos nos recuerdan tambi&eacute;n el v&iacute;nculo entre el deporte y la naturaleza y nuestro deber de cuidar la casa com&uacute;n (<i>cf</i>.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Francisco</a>,&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html">Carta enc.&nbsp;<i>Laudato si’</i></a>, 3).</p> 
<p>Hoy, en esta Sala, contemplamos la Cruz de los Deportistas —la Cruz ol&iacute;mpica y paral&iacute;mpica— que, desde los Juegos de Londres 2012 hasta los de Mil&aacute;n-Cortina, recoge las oraciones, las expectativas y las esperanzas, los temores y los sufrimientos de las mujeres y los hombres que, a cualquier edad, comparten sus experiencias deportivas. Ante este signo supremo y esencial de dedicaci&oacute;n, renovemos el deseo de dar lo mejor de nosotros mismos, juntos, en cada actividad.</p> 
<p>Queridos atletas, les agradezco a todos por su compromiso. Ruego para que Jesucristo, el &laquo;verdadero atleta de Dios&raquo; (<i>cf.</i>&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es.html">San Juan Pablo II</a>,&nbsp;<i><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/homilies/2000/documents/hf_jp-ii_hom_20001029_jubilee-sport.html">Homil&iacute;a en el Jubileo de los deportistas, 29 de octubre de 2000</a></i>, 4), inspire a cada uno de ustedes desaf&iacute;os cada vez m&aacute;s virtuosos y les conceda la fuerza para vivirlos con pasi&oacute;n. Mientras los acompa&ntilde;o con mi bendici&oacute;n, les encomiendo una misi&oacute;n: seguir velando por que la persona permanezca en el centro del deporte en todas sus expresiones (<i>cf.</i>&nbsp;<a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/02/06/260206a.html">Carta&nbsp;<i>La vida en abundancia</i></a>).</p> 
<p>&iexcl;Muy bien! &iexcl;Felicitaciones a todos ustedes y bienvenidos!<br /> _________________________</p> 
<p><a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/04/09.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 9 de abril de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Audiencia general del 8 de abril de 2026 - Catequesis - Los documentos del Concilio Vaticano II. II. Constitución dogmática Lumen gentium. 7. <i>Santidad y consejos evangélicos en la Iglesia</i>]]></title><pubDate>Wed, 08 Apr 2026 10:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260408-udienza-generale.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260408-udienza-generale.html</guid><description><![CDATA[<!-- Wed, 08 Apr 2026 12:43:26 +0200 --> <p><b>Catequesis - Los documentos del&nbsp;</b><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_es.htm"><b>Concilio Vaticano II</b></a><b>. II. Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica&nbsp;</b><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_es.html"><b><i>Lumen gentium</i></b></a><b>. 7.&nbsp;<i>La santidad y los consejos evang&eacute;licos en la Iglesia</i></b></p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as y bienvenidos!</i></p> 
<p>La&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Constituci&oacute;n del Concilio Vaticano II&nbsp;<i>Lumen gentium</i></a><i>&nbsp;</i>(<i>LG</i>) sobre la Iglesia dedica todo un cap&iacute;tulo, el quinto, a la universal vocaci&oacute;n a la santidad de todos los fieles: cada uno de nosotros est&aacute; llamado a vivir en la gracia de Dios, practicando las virtudes y conform&aacute;ndose a Cristo. La santidad, seg&uacute;n la Constituci&oacute;n conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la perfecci&oacute;n de la caridad, es decir, a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. La caridad es, de hecho, el coraz&oacute;n de la santidad a la que todos los creyentes est&aacute;n llamados: infundida por el Padre, mediante el Hijo Jes&uacute;s, esta virtud &laquo;rige todos los medios de santificaci&oacute;n, los informa y los conduce a su fin&raquo; (<i>LG</i>, 42). El nivel m&aacute;s alto de la santidad, como en el origen de la Iglesia, es el martirio, &laquo;supremo testimonio de fe y de caridad&raquo; (<i>LG</i>, 50): por este motivo, el texto conciliar ense&ntilde;a que todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta el derramamiento de sangre (cf.&nbsp;<i>LG</i>, 42), como siempre ha sucedido y sucede tambi&eacute;n hoy. Esta disposici&oacute;n para el testimonio se hace realidad cada vez que los cristianos dejan se&ntilde;ales de fe y de amor en la sociedad, comprometi&eacute;ndose por la justicia.</p> 
<p>Todos los sacramentos, de forma emitente la Eucarist&iacute;a, son alimento que hace crecer una vida santa, asimilando cada persona a Cristo, modelo y medida de la santidad. &Eacute;l santifica la Iglesia, de la cual es Cabeza y Pastor: la santidad es, en esta &oacute;ptica, un don suyo, que se manifiesta en nuestra vida cotidiana cada vez que lo acogemos con alegr&iacute;a y le correspondemos con compromiso. A este respecto,&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html">San Pablo VI</a>, en la Audiencia general del 20 de octubre de 1965, recordaba que la Iglesia, para ser aut&eacute;ntica, quiere que todos los bautizados deban &laquo;ser santos, es decir, verdaderamente sus hijos dignos, fuertes y fieles&raquo;. Esto se realiza como una transformaci&oacute;n interior, por lo que la vida de cada persona se conforma a Cristo en virtud del Esp&iacute;ritu Santo (cf.&nbsp;<i>Rm&nbsp;</i>8,29;&nbsp;<i>LG</i>, 40).</p> 
<p>La&nbsp;<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen gentium</a></i>&nbsp;describe la santidad de la Iglesia cat&oacute;lica como una de sus caracter&iacute;sticas constitutivas, que debe acogerse en la fe, en cuanto se cree que es &laquo;indefectiblemente santa&raquo; (<i>LG</i>, 39): eso no significa que lo sea de forma plena y perfecta, sino que est&aacute; llamada a confirmar este don divino durante su peregrinaje hacia la meta eterna, caminando &laquo;entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios&raquo; (S. Agust&iacute;n,&nbsp;<i>De civ. Dei</i>&nbsp;51,2;&nbsp;<i>LG</i>, 8).</p> 
<p>La triste realidad del pecado en la Iglesia, es decir, en todos nosotros, invita a cada uno a emprender un serio cambio de vida, encomend&aacute;ndonos al Se&ntilde;or, que nos renueva en la caridad. Precisamente esta gracia infinita, que santifica la Iglesia, nos conf&iacute;a una misi&oacute;n que debemos cumplir d&iacute;a tras d&iacute;a: la de nuestra conversi&oacute;n. Por eso, la santidad no tiene solamente una naturaleza pr&aacute;ctica, como si se pudiera reducir a un compromiso &eacute;tico, por grande que sea, sino que concierne a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria.</p> 
<p>En esta perspectiva, un papel decisivo lo asume la vida consagrada, que se aborda en el cap&iacute;tulo sexto de la Constituci&oacute;n conciliar (cf. nn. 43-47). En el pueblo santo de Dios, esta constituye una se&ntilde;al prof&eacute;tica del mundo nuevo, experimentado en el aqu&iacute; y el ahora de la historia. De hecho, se&ntilde;ales del Reino de Dios, ya presente en el misterio de la Iglesia, son aquellos consejos evang&eacute;licos que dan forma a toda experiencia de vida consagrada: la pobreza, la castidad y la obediencia. Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Esp&iacute;ritu Santo, a trav&eacute;s de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios. La pobreza expresa la plena entrega a la Providencia, liberando del c&aacute;lculo y del inter&eacute;s; la obediencia tiene como modelo la entrega de s&iacute; mismo que Cristo hizo al Padre, liberando de la desconfianza y del dominio; la castidad es la entrega de un coraz&oacute;n &iacute;ntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia.</p> 
<p><span style="text-align: center;">Conform&aacute;ndose a este estilo de vida, las personas consagradas dan testimonio de la vocaci&oacute;n universal a la santidad en toda la Iglesia, en la forma de un seguimiento radical. Los consejos evang&eacute;licos manifiestan la participaci&oacute;n plena en la vida de Cristo, hasta la cruz: &iexcl;es precisamente por el sacrificio del Crucificado que todos somos redimidos y santificados! Contemplando este evento, sabemos que no hay experiencia humana que Dios no redima: incluso el sufrimiento, vivido en uni&oacute;n con la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, se convierte en una v&iacute;a de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos refuerza as&iacute; en toda prueba, indic&aacute;ndonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor. Que la Virgen Mar&iacute;a, Madre toda santa del Verbo encarnado, sostenga y proteja siempre nuestro camino.</span></p> 
<p style="text-align: center;">______________________</p> 
<p style="text-align: center;"><b>Llamamiento</b></p> 
<p>Tras estas &uacute;ltimas horas de gran tensi&oacute;n para Oriente Medio y para todo el mundo, acojo con satisfacci&oacute;n y como se&ntilde;al de viva esperanza el anuncio de una tregua inmediata de dos semanas. Solo mediante la vuelta a las negociaciones se puede llegar al final de la guerra.</p> 
<p>Exhorto a acompa&ntilde;ar este tiempo de delicado trabajo diplom&aacute;tico con la oraci&oacute;n, auspiciando que la disponibilidad al di&aacute;logo pueda convertirse en el instrumento para resolver el resto de situaciones de conflicto en el mundo.</p> 
<p><span style="text-align: center;">Renuevo para todos la invitaci&oacute;n a unirse a m&iacute; en la Vigilia de oraci&oacute;n por la paz que celebraremos aqu&iacute; en la Bas&iacute;lica de San Pedro el s&aacute;bado 11 de abril.</span></p> 
<p style="text-align: center;">_______________________</p> 
<p><b>Saludos</b></p> 
<p><span style="text-align: center;">Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa&ntilde;ola. Pidamos a la Bienaventurada Virgen Mar&iacute;a, Reina de todos los Santos, que interceda por nosotros, para que seamos perseverantes y alegres en el camino de la santidad, dando testimonio cada d&iacute;a de nuestra fe en Cristo resucitado. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.</span></p> 
<p style="text-align: center;">_______________________</p> 
<p><b>Resumen le&iacute;do por el Santo Padre en espa&ntilde;ol</b></p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Reflexionamos hoy sobre el cap&iacute;tulo quinto de la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica&nbsp;<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_es.html">Lumen gentium</a></i>, dedicado a la universal vocaci&oacute;n a la santidad en la Iglesia, y sobre el cap&iacute;tulo sexto, acerca de la vida consagrada. Seg&uacute;n este documento conciliar, la santidad no es un privilegio de unos pocos, sino un don que compromete a todos los bautizados a vivir la plenitud del amor a Dios y a los hermanos. Los sacramentos, especialmente la Eucarist&iacute;a, son el alimento para crecer en una vida santa, es decir, para configurarse con Cristo en virtud del Esp&iacute;ritu Santo.</p> 
<p>Las personas consagradas dan testimonio de esta vocaci&oacute;n universal a la santidad de toda la Iglesia siguiendo a Cristo de modo radical, por medio de los consejos evang&eacute;licos de castidad, pobreza y obediencia. La pobreza expresa la confianza total en la Providencia, la obediencia tiene como modelo el don de s&iacute; que Cristo hizo al Padre y la castidad es la entrega de un coraz&oacute;n &iacute;ntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de su Iglesia.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Regina Caeli, 6 de abril de 2026, <i>Lunes del Ángel</i>]]></title><pubDate>Mon, 06 Apr 2026 14:55:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260406-regina-caeli.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260406-regina-caeli.html</guid><description><![CDATA[<!-- Mon, 06 Apr 2026 12:53:58 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;Cristo ha resucitado! &iexcl;Feliz Pascua!</i></p> 
<p>Este saludo, lleno de asombro y de alegr&iacute;a, nos acompa&ntilde;ar&aacute; toda la semana. Al celebrar el d&iacute;a nuevo que el Se&ntilde;or ha hecho para nosotros, la liturgia celebra el ingreso de toda la creaci&oacute;n en el tiempo de la salvaci&oacute;n; la desesperaci&oacute;n de la muerte es removida para siempre, en el nombre de Jes&uacute;s.</p> 
<p>El Evangelio de hoy (<i>Mt</i> 28, 8-15) nos pide elegir entre dos relatos: el de las mujeres, que han encontrado al Resucitado (vv. 9-11), o el de los guardias, que han sido sobornados por los jefes del sanedr&iacute;n (vv. 11-14). Las primeras anuncian la victoria de Cristo sobre la muerte; los segundos anuncian que la muerte vence siempre y en todo caso. En su versi&oacute;n, Jes&uacute;s no ha resucitado, sino que su cad&aacute;ver ha sido robado. De un mismo hecho, el sepulcro vac&iacute;o, brotan dos interpretaciones: una es fuente de vida nueva y eterna, la otra de muerte cierta y definitiva.</p> 
<p>Este contraste nos hace reflexionar sobre el valor del testimonio cristiano y sobre la honestidad de la comunicaci&oacute;n humana. A menudo, el relato de la verdad es oscurecido por <i>fake news</i> —como se dice hoy—, es decir, por mentiras, alusiones y acusaciones sin fundamento. No obstante, frente a tales obst&aacute;culos, la verdad no permanece oculta, al contrario, viene a nuestro encuentro, viva y radiante, iluminando las tinieblas m&aacute;s densas. Tal como a las mujeres que fueron al sepulcro, Jes&uacute;s tambi&eacute;n hoy a nosotros nos dice: &laquo;No teman. Vayan a anunciar&raquo; (v. 10). Jes&uacute;s mismo se convierte as&iacute; en la buena noticia que hay que testimoniar en el mundo: la Pascua del Se&ntilde;or es nuestra Pascua —la Pascua de la humanidad— porque este hombre, que ha muerto por nosotros, es el Hijo de Dios, que por nosotros ha dado su vida. As&iacute; como el Resucitado —siempre vivo y presente— libera el pasado de un final destructivo, as&iacute; el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro.</p> 
<p>Queridos amigos, &iexcl;cu&aacute;n importante es que este Evangelio llegue sobre todo a quienes est&aacute;n oprimidos por la maldad, que corrompe la historia y confunde las conciencias! Pienso en los pueblos atormentados por la guerra, en los cristianos perseguidos por su fe, en los ni&ntilde;os privados de la educaci&oacute;n. Anunciar con palabras y obras la Pascua de Cristo significa dar nueva voz a la esperanza, que de otro modo ser&iacute;a sofocada en manos de los violentos. Cuando es proclamada en el mundo, la Buena Nueva disipa toda sombra, en cada &eacute;poca.</p> 
<p>Con particular afecto, a la luz del Resucitado, recordamos hoy al <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>, que precisamente el Lunes de Pascua del a&ntilde;o pasado entreg&oacute; su vida al Se&ntilde;or. Al recordar su gran testimonio de fe y de amor, recemos juntos a la Virgen Mar&iacute;a, Trono de la Sabidur&iacute;a, para que podamos convertirnos en anunciadores cada vez m&aacute;s luminosos de la verdad.</p> 
<p>______________________</p> 
<p><b><i>Dopo Regina Coeli</i></b></p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Les doy una cordial bienvenida a todos ustedes, queridos peregrinos provenientes de Italia y de diversos pa&iacute;ses. Saludo particularmente a los chicos del Decanato de Appiano Gentile. Env&iacute;o tambi&eacute;n un recuerdo especial a todas las personas que, en diferentes partes del mundo, participan en las iniciativas promovidas con motivo de la <i>Jornada Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, </i>mientras reitero mi llamamiento para que el deporte, con su lenguaje universal de fraternidad, sea un espacio de inclusi&oacute;n y paz</p> 
<p>Doy las gracias a todos aquellos que, en estos d&iacute;as, me han enviado sus buenos deseos con motivo de la Santa Pascua; sobre todo, agradezco sus oraciones. Que, por la intercesi&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, Dios recompense a cada uno con sus dones.</p> 
<p>Les deseo a todos ustedes que vivan con alegr&iacute;a y fe este lunes del &Aacute;ngel y los dem&aacute;s d&iacute;as de la Octava de Pascua, en los que se prolonga la celebraci&oacute;n de la Resurrecci&oacute;n de Cristo. Y que perseveremos implorando el don de la paz para todo el mundo.</p> 
<p>&iexcl;Que pasen un feliz lunes del &Aacute;ngel!</p>]]></description></item><item><title><![CDATA["Urbi et Orbi" - Pascua 2026]]></title><pubDate>Sun, 05 Apr 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/urbi/documents/20260405-urbi-et-orbi-pasqua.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/urbi/documents/20260405-urbi-et-orbi-pasqua.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 05 Apr 2026 13:03:19 +0200 --> <p><i>Hermanos y hermanas,</i></p> 
<p>&iexcl;Cristo ha resucitado! &iexcl;Felices pascuas!</p> 
<p>Desde hace siglos, la Iglesia canta con j&uacute;bilo el acontecimiento que es el origen y el fundamento de su fe: &laquo;Muerto el que es la vida, &nbsp;triunfante se levanta. &iexcl;Resucit&oacute; de veras mi amor y mi esperanza! Rey vencedor, api&aacute;date de la miseria humana&raquo; (<i>Secuencia de Pascua</i>).</p> 
<p>La Pascua es una victoria: de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio. Una victoria que ha tenido un precio alt&iacute;simo: Cristo, el Hijo del Dios vivo (cf. <i>Mt</i> 16,16), tuvo que morir, y morir en una cruz, tras sufrir una condena injusta, ser escarnecido y torturado, y haber derramado toda su sangre. Como verdadero Cordero inmolado, tom&oacute; sobre s&iacute; el pecado del mundo (cf. <i>Jn</i> 1,29; <i>1 P</i> 1,18-19) y as&iacute; nos liber&oacute; a todos, y con nosotros tambi&eacute;n a toda la creaci&oacute;n, del dominio del mal.</p> 
<p>Pero, &iquest;<i>c&oacute;mo</i> venci&oacute; Jes&uacute;s? &iquest;Cu&aacute;l es la fuerza con la que derrot&oacute; de una vez por todas al antiguo Adversario, al Pr&iacute;ncipe de este mundo (cf. <i>Jn</i> 12,31)? &iquest;Cu&aacute;l es el poder con el que resucit&oacute; de entre los muertos, sin volver a la vida anterior, sino entrando en la vida eterna y abriendo as&iacute;, en su propia carne, el paso de este mundo al Padre?</p> 
<p>Esta fuerza, este poder, es Dios mismo, Amor que crea y engendra, Amor fiel hasta el final, Amor que perdona y redime. &nbsp;</p> 
<p>Cristo, nuestro &laquo;Rey vencedor&raquo;, combati&oacute; y gan&oacute; su batalla mediante la entrega confiada a la voluntad del Padre, a su plan de salvaci&oacute;n (cf. <i>Mt</i> 26,42). De este modo recorri&oacute; hasta el final el camino del di&aacute;logo, no s&oacute;lo con las palabras, sino con los hechos: para encontrarnos a nosotros, los perdidos, se hizo carne; para liberarnos a nosotros, los esclavos, se hizo esclavo; para darnos vida a nosotros, los mortales, se dej&oacute; morir a manos de sus verdugos en la cruz.</p> 
<p>La fuerza con la que Cristo resucit&oacute; no es violenta. Es semejante a la de un grano de trigo que, al marchitarse en la tierra, crece, se abre paso entre los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada. Es a&uacute;n m&aacute;s parecida a la de un coraz&oacute;n humano que, lastimado por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido.</p> 
<p>Hermanos y hermanas, esta es la verdadera fuerza que trae la paz a la humanidad, porque genera relaciones respetuosas a todos los niveles: entre las personas, las familias, los grupos sociales y las naciones. No busca el inter&eacute;s particular, sino el bien com&uacute;n; no pretende imponer su propio plan, sino contribuir a dise&ntilde;arlo y a ponerlo en pr&aacute;ctica junto con los dem&aacute;s.</p> 
<p>S&iacute;, la resurrecci&oacute;n de Cristo es el comienzo de la nueva humanidad, es la entrada a la verdadera tierra prometida, donde reinan la justicia, la libertad y la paz, donde todos se reconocen como hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre que es Amor, Vida y Luz.</p> 
<p>Hermanos y hermanas, el Se&ntilde;or,con su resurrecci&oacute;n nos enfrenta con mayor intensidad a&uacute;n al drama de nuestra libertad. Frente al sepulcro vac&iacute;o podemos llenarnos de esperanza y asombro, como los disc&iacute;pulos, o de miedo, como los guardias y los fariseos, obligados a recurrir a la mentira y al enga&ntilde;o para no reconocer que aquel que hab&iacute;a sido condenado verdaderamente ha resucitado (cf. <i>Mt</i> 28,11-15).</p> 
<p>A la luz de la Pascua, &iexcl;dej&eacute;monos sorprender por Cristo! &iexcl;Dejemos que su inmenso amor por nosotros nos transforme el coraz&oacute;n! &iexcl;Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! &iexcl;Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el di&aacute;logo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo.</p> 
<p>Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y divisi&oacute;n que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias econ&oacute;micas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos. Existe una “globalizaci&oacute;n de la indiferencia” cada vez m&aacute;s marcada, por retomar una expresi&oacute;n muy querida por el Papa Francisco, quien hace justo un a&ntilde;o, desde esta logia, dirigi&oacute; al mundo sus &uacute;ltimas palabras, record&aacute;ndonos: &laquo;Cu&aacute;nta voluntad de muerte vemos cada d&iacute;a en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/urbi/documents/20250420-urbi-et-orbi-pasqua.html">Mensaje Urbi et Orbi</a></i>, 20 abril 2025).</p> 
<p>La cruz de Cristo nos recuerda siempre el sufrimiento y el dolor que rodean a la muerte, as&iacute; como la angustia que esta conlleva. Todos tenemos miedo a la muerte y, por miedo, volteamos hacia otro lado, preferimos no mirar. &iexcl;No podemos seguir siendo indiferentes! &iexcl;No podemos resignarnos al mal! San Agust&iacute;n ense&ntilde;a: &laquo;Si el morir te causa espanto, ama la resurrecci&oacute;n&raquo; (<i>Serm&oacute;n</i> 124,4). Amemos tambi&eacute;n nosotros la resurrecci&oacute;n, que nos recuerda que el mal no tiene la &uacute;ltima palabra, porque ha sido vencido por el Resucitado.</p> 
<p>&Eacute;l atraves&oacute; la muerte para darnos vida y paz: &laquo;Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. &iexcl;No se inquieten ni teman!&raquo; (<i>Jn</i> 14,27). La paz que Jes&uacute;s nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma el coraz&oacute;n de cada uno de nosotros. &iexcl;Convirt&aacute;monos a esa paz de Cristo! &iexcl;Hagamos o&iacute;r el grito de paz que brota del coraz&oacute;n! Por eso, invito a todos a unirnos en la vigilia de oraci&oacute;n por la paz que celebraremos aqu&iacute;, en la Bas&iacute;lica de San Pedro el pr&oacute;ximo s&aacute;bado 11 de abril.</p> 
<p>En este d&iacute;a de fiesta, dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, e imploremos al Se&ntilde;or que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal. Al Se&ntilde;or encomendamos todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que s&oacute;lo &Eacute;l puede dar. &iexcl;Confiemos en &Eacute;l y abr&aacute;mosle nuestro coraz&oacute;n! S&oacute;lo &Eacute;l hace nuevas todas las cosas (cf. <i>Ap</i> 21,5).</p> 
<p>&iexcl;Felices pascuas!</p> 
<p>&nbsp;</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Domingo de Pascua «Resurrección del Señor» – Misa del día (5 de abril de 2026)]]></title><pubDate>Sun, 05 Apr 2026 10:15:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260405-pasqua.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260405-pasqua.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 05 Apr 2026 12:40:28 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Hoy toda la creaci&oacute;n resplandece con una luz nueva, desde la tierra se eleva un canto de alabanza y nuestro coraz&oacute;n exulta de alegr&iacute;a: &iexcl;Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con &Eacute;l, tambi&eacute;n nosotros resucitamos a una vida nueva!</p> 
<p>Este anuncio pascual abraza el misterio de nuestra vida y el destino de la historia, y nos alcanza hasta en los abismos de la muerte, por los cuales nos sentimos amenazados y a veces abrumados. Nos abre a la esperanza que no desfallece, a la luz que no se apaga, a esa plenitud de alegr&iacute;a que nada puede borrar: &iexcl;la muerte ha sido vencida para siempre, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros!</p> 
<p>Este es un mensaje que no siempre es f&aacute;cil de acoger, una promesa que nos cuesta aceptar, porque el poder de la muerte nos amenaza siempre, dentro y fuera.</p> 
<p>Dentro de nosotros, cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo; cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas; cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegr&iacute;a de vivir; cuando sentimos tristeza o cansancio; cuando nos sentimos traicionados o rechazados; cuando tenemos que hacer frente a nuestra debilidad, al sufrimiento, al cansancio de cada d&iacute;a, entonces nos parece haber ca&iacute;do en un t&uacute;nel del que no vemos la salida.</p> 
<p>Pero tambi&eacute;n fuera de nosotros, la muerte siempre acecha. La vemos presente en las injusticias, en los ego&iacute;smos partidistas, en la opresi&oacute;n de los pobres, en la escasa atenci&oacute;n hacia los m&aacute;s fr&aacute;giles. La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los m&aacute;s d&eacute;biles, ante la idolatr&iacute;a del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye.</p> 
<p>En esta realidad, la Pascua del Se&ntilde;or nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el coraz&oacute;n. Ella sigue alimentando en nuestro esp&iacute;ritu y en el camino de la historia la semilla de la victoria prometida. Nos pone en movimiento como a Mar&iacute;a Magdalena y como a los Ap&oacute;stoles, para hacernos descubrir que el sepulcro de Jes&uacute;s est&aacute; vac&iacute;o, y, por tanto, en cada muerte que experimentamos hay tambi&eacute;n espacio para una nueva vida que surge. El Se&ntilde;or est&aacute; vivo y permanece con nosotros. A trav&eacute;s de resquicios de resurrecci&oacute;n que se abren paso en la oscuridad, &Eacute;l entrega nuestro coraz&oacute;n a la esperanza que nos sostiene: el poder de la muerte no es el destino &uacute;ltimo de nuestra vida. Estamos orientados de una vez y para siempre hacia la plenitud, porque en Cristo resucitado tambi&eacute;n nosotros hemos resucitado.</p> 
<p>As&iacute; nos lo recordaba con palabras conmovedoras el Papa Francisco, en su primera Exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica, <i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html">Evangelii gaudium</a></i>, afirmando que la resurrecci&oacute;n de Cristo &laquo;no es algo del pasado; entra&ntilde;a una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrecci&oacute;n. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero tambi&eacute;n es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto&raquo; (n. <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#La_acci%C3%B3n_misteriosa_del_Resucitado_y_de_su_Esp%C3%ADritu">276</a>).</p> 
<p>Hermanos y hermanas, la Pascua del Se&ntilde;or nos da esta esperanza, record&aacute;ndonos que en Cristo resucitado una nueva creaci&oacute;n es posible cada d&iacute;a. As&iacute; nos lo dice el Evangelio proclamado hoy, que sit&uacute;a el acontecimiento de la resurrecci&oacute;n de manera precisa: &laquo;El primer d&iacute;a de la semana&raquo; (<i>Jn</i> 20,1). El d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n de Cristo nos remite as&iacute; a la creaci&oacute;n, a aquel primer d&iacute;a en el que Dios cre&oacute; el mundo, y nos anuncia, al mismo tiempo, que una vida nueva, m&aacute;s fuerte que la muerte, est&aacute; ahora brotando para la humanidad.</p> 
<p>La Pascua es la nueva creaci&oacute;n obrada por el Se&ntilde;or Resucitado, es un nuevo comienzo, es la vida finalmente hecha eterna por la victoria de Dios sobre el antiguo adversario.</p> 
<p>Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo. Corramos, pues, como Mar&iacute;a Magdalena, anunci&eacute;moslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegr&iacute;a de la resurrecci&oacute;n, para que all&iacute; donde a&uacute;n se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida.</p> 
<p>Que Cristo, nuestra Pascua, nos bendiga y conceda su paz al mundo entero.</p> 
<p>&nbsp;</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Domingo de Pascua «Resurrección del Señor» – Vigilia Pascual en la Noche Santa (4 de abril de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 04 Apr 2026 21:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260404-veglia-pasquale.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260404-veglia-pasquale.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 04 Apr 2026 23:46:53 +0200 --> <p>«Esta noche santa […] expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos» (<i>Pregón pascual</i>).</p>
<p>Así, queridos hermanos y hermanas, el diácono, al comienzo de esta celebración, ha alabado la luz de Cristo Resucitado, simbolizada en el Cirio pascual. De este único Cirio todos hemos encendido nuestras luces y, llevando cada uno una pequeña llama tomada del mismo fuego, hemos iluminado esta gran basílica. Es el signo de la luz pascual, que nos une en la Iglesia como lámparas para el mundo. Al anuncio del diácono hemos respondido “amén”, afirmando nuestro compromiso de abrazar esta misión, y dentro de poco repetiremos nuestro “sí” renovando las promesas bautismales.</p>
<p>Queridos hermanos, esta es una Vigilia llena de luz, la más antigua de la tradición cristiana, llamada “madre de todas las vigilias”. En ella revivimos el memorial de la victoria del Señor de la vida sobre la muerte y el infierno. Lo hacemos después de haber recorrido, en los últimos días, como en una única gran celebración, los misterios de la Pasión del Dios hecho para nosotros «varón de dolores» (<i>Is</i>&nbsp;53,3), «despreciado y desechado por los hombres» (<i>ibíd</i>.), torturado y crucificado.</p>
<p>¿Hay una caridad más grande, una gratuidad más total? El Resucitado es el mismo Creador del universo que, así como en los albores de la historia nos dio la existencia de la nada, así también en la cruz, para mostrarnos su amor sin límites, nos ha dado la vida.</p>
<p>Así nos lo ha recordado la primera lectura, con el relato de los orígenes. En el principio, Dios creó el cielo y la tierra (cf.&nbsp;<i>Gn</i>&nbsp;1,1), sacando del caos el cosmos, del desorden la armonía, y confiándonos a nosotros, hechos a su imagen y semejanza, la tarea de ser sus custodios. Y también cuando, con el pecado, el hombre no correspondió a ese proyecto, el Señor no lo abandonó, sino que le reveló de un modo aún más sorprendente, en el perdón, su rostro misericordioso.</p>
<p>Esta «noche santa», entonces, hunde sus raíces también allí donde se consumó el primer fracaso de la humanidad, y se extiende a lo largo de los siglos como camino de reconciliación y de gracia.</p>
<p>De ese camino, la liturgia nos ha propuesto algunas etapas a través de los textos sagrados que hemos escuchado. Nos ha recordado cómo Dios detuvo la mano de Abraham, dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac, para indicarnos que no quiere nuestra muerte, sino más bien que nos consagremos a ser, en sus manos, miembros vivos de una descendencia de salvados (cf.&nbsp;<i>Gn&nbsp;</i>22,11-12.15-18). Así mismo, nos ha invitado a reflexionar sobre cómo el Señor liberó a los israelitas de la esclavitud de Egipto, haciendo del mar, lugar de muerte y obstáculo insuperable, la puerta de entrada para el comienzo de una vida nueva y libre. Y el mismo mensaje ha resonado como un eco en las palabras de los profetas, en las que hemos escuchado las alabanzas del Señor como esposo que llama y reúne (cf.&nbsp;<i>Is</i>&nbsp;54,5-7), fuente que sacia, agua que fecunda (cf.&nbsp;<i>Is</i>&nbsp;55,1.10), luz que muestra el camino de la paz (cf.&nbsp;<i>Ba</i>&nbsp;3,14), Espíritu que transforma y renueva el corazón (<i>Ez</i>&nbsp;36,26).</p>
<p>En todos estos momentos de la historia de la salvación hemos visto cómo Dios, ante la dureza del pecado que divide y mata, responde con el poder del amor que une y devuelve la vida. Los hemos evocado juntos, intercalando el relato con salmos y oraciones, para recordarnos que, por la Pascua de Cristo, «sepultados con él en la muerte […] también nosotros llevemos una Vida nueva […] muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (<i>Rm</i>&nbsp;6,4-11), consagrados en el Bautismo al amor del Padre, unidos en la comunión de los santos, hechos por gracia piedras vivas para la construcción de su Reino (cf.&nbsp;<i>1 P</i>&nbsp;2,4-5).</p>
<p>A la luz de todo esto leemos el relato de la Resurrección, que hemos escuchado en el Evangelio según san Mateo. La mañana de Pascua, las mujeres, venciendo el dolor y el miedo, se pusieron en camino. Querían ir al sepulcro de Jesús. Esperaban encontrarlo sellado, con una gran piedra en la entrada y soldados haciendo guardia. Esto es el pecado: una barrera muy pesada que nos encierra y nos separa de Dios, tratando de hacer morir en nosotros sus palabras de esperanza. María de Magdala y la otra María, sin embargo, no se dejaron intimidar. Fueron al sepulcro y, gracias a su fe y a su amor, fueron las primeras testigos de la Resurrección. En el terremoto y en el ángel, sentado sobre la roca volcada, vieron la potencia del amor de Dios, más fuerte que cualquier poder del mal, capaz de “expulsar el odio” y de “doblegar a los poderosos”. El hombre puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, va más allá de la muerte y ningún sepulcro la puede aprisionar. Así, el Crucificado reinó desde la cruz, el ángel se sentó sobre la piedra y Jesús vivo se presentó ante ellas diciendo: «Alégrense» (<i>Mt</i>&nbsp;28,9).</p>
<p>También este, queridos hermanos, es hoy nuestro mensaje al mundo, el encuentro del que queremos dar testimonio, con las palabras de la fe y con las obras de la caridad, cantando con la vida el “aleluya” que proclamamos con los labios (cf. San Agustín,&nbsp;<i>Sermón&nbsp;</i>256, 1). Al igual que las mujeres, que corrieron a anunciarlo a los hermanos, también nosotros queremos partir esta noche, desde esta basílica, para llevar a todos la buena noticia de que Jesús ha resucitado y que, con su fuerza, resucitados con Él, también nosotros podemos dar vida a un mundo nuevo, de paz y de unidad, como «muchos hombres y un hombre solo; muchos cristianos y un solo Cristo» (S. Agustín,&nbsp;<i>Comentarios a los Salmos</i>&nbsp;127,3).</p>
<p>A esta misión se consagran los hermanos y hermanas que, aquí presentes, procedentes de diversas partes del mundo, recibirán en breve el Bautismo. Tras el largo camino del catecumenado, hoy renacen en Cristo para ser criaturas nuevas (cf.&nbsp;<i>2 Co</i>&nbsp;5,17), testigos del Evangelio. Por ellos, y por todos nosotros, repetimos lo que san Agustín decía a los cristianos de su tiempo: «Anuncia a Cristo; siembra […]. Esparce el Evangelio; lo que has concebido en tu corazón» (<i>Sermón&nbsp;</i>116, 7).</p>
<p>Hermanas y hermanos, tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir, y a menudo las piedras que los cierran son tan pesadas y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles. Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor; otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones. ¡No dejemos que nos paralicen! Muchos hombres y mujeres, a lo largo de los siglos, con la ayuda de Dios, las han removido, quizá con mucho esfuerzo, a veces a costa de la vida, pero con frutos de bien de los que aún hoy nos beneficiamos. No son personajes inalcanzables, sino personas como nosotros que, fortalecidas por la gracia del Resucitado, en la caridad y en la verdad, tuvieron el valor de hablar, como dice el apóstol Pedro, con «palabras de Dios» (<i>1 P</i>&nbsp;4,11) y de actuar «como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas» (<i>ibíd</i>.).</p>
<p>Dejémonos inspirar por su ejemplo y, en esta Noche Santa, hagamos nuestro su compromiso, para que en todas partes y siempre, en el mundo, crezcan y florezcan los dones pascuales de la concordia y la paz.</p>
]]></description></item><item><title><![CDATA[Jueves Santo «Cena del Señor» – Misa vespertina (2 de abril de 2026)]]></title><pubDate>Thu, 02 Apr 2026 17:30:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260402-coena-domini.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260402-coena-domini.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 02 Apr 2026 18:13:27 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>La solemne liturgia de esta tarde nos introduce en el Triduo Santo de la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. Cruzamos este umbral no como espectadores, ni por inercia, sino involucrados de manera especial por el mismo Jes&uacute;s; como invitados a la Cena en la que el pan y el vino se convierten para nosotros en Sacramento de salvaci&oacute;n. Participamos, en efecto, en un banquete durante el cual Cristo, &laquo;que hab&iacute;a amado a los suyos que quedaban en el mundo, los am&oacute; hasta el fin&raquo; (<i>Jn</i>&nbsp;13,1). Su amor se convierte en gesto y alimento para todos, revelando la justicia de Dios. En el mundo, precisamente all&iacute; donde prevalece el mal, Jes&uacute;s ama definitivamente, para siempre, con todo su ser.</p> 
<p>Durante esta &uacute;ltima Cena, &Eacute;l lava los pies a sus ap&oacute;stoles, diciendo: &laquo;Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes&raquo; (<i>Jn&nbsp;</i>13,15). El gesto del Se&ntilde;or forma una sola cosa con la mesa a la que nos ha invitado. Es un&nbsp;<i>ejemplo&nbsp;</i>del<i>&nbsp;sacramento</i>; a la vez que confirma su sentido, nos conf&iacute;a una tarea que queremos asumir como alimento para nuestra vida. El evangelista Juan elige la palabra griega&nbsp;<i>up&oacute;deigma</i>&nbsp;para relatar el acontecimiento del que fue testigo; significa “lo que se muestra ante los propios ojos”. Lo que el Se&ntilde;or nos muestra, tomando el agua, la palangana y el delantal, es mucho m&aacute;s que un modelo moral. De hecho, nos entrega su propia forma de vida; lavar los pies es un gesto que resume la revelaci&oacute;n de Dios, un signo ejemplar del Verbo hecho carne, su memoria inconfundible. Al asumir la condici&oacute;n de siervo, el Hijo revela la gloria del Padre, desmontando los criterios mundanos que ensucian nuestra conciencia.</p> 
<p>Junto con la muda sorpresa de sus disc&iacute;pulos, incluso el orgullo humano nos hace abrir los ojos a lo que est&aacute; sucediendo. Al igual que Pedro, que al principio se resiste a la iniciativa de Jes&uacute;s, tambi&eacute;n nosotros debemos &laquo;aprender continuamente que la grandeza de Dios es diversa de nuestra idea de grandeza; […] porque sistem&aacute;ticamente deseamos un Dios de &eacute;xito y no de pasi&oacute;n&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2008/documents/hf_ben-xvi_hom_20080320_coena-domini.html">Homil&iacute;a de la Misa in Coena Domini</a></i>, 20 marzo 2008). Estas palabras del Papa Benedicto XVI reconocen con lucidez que siempre estamos tentados a buscar un Dios que “nos sirva”, que nos haga ganar, que sea &uacute;til como el dinero y el poder. En cambio, no comprendemos que Dios, en efecto, nos&nbsp;<i>sirve</i>, s&iacute;, pero con el gesto gratuito y humilde de lavar los pies: he aqu&iacute; la omnipotencia de Dios. As&iacute; se cumple la voluntad de dedicar la vida a quien, sin este don, no puede existir. El Se&ntilde;or se arrodilla para lavar al hombre, por amor a &eacute;l. Y el don divino nos transforma.</p> 
<p>Con su gesto Jes&uacute;s no s&oacute;lo purifica de las idolatr&iacute;as y blasfemias que han mancillado la imagen que nos hemos hecho de Dios, sino que purifica tambi&eacute;n nuestra imagen del hombre, que se percibe poderoso cuando domina, que quiere vencer matando a quien es igual a &eacute;l, que se considera grande cuando es temido. Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nos da, en cambio, un ejemplo de entrega, de servicio y de amor. Necesitamos su ejemplo para aprender a amar, no porque seamos incapaces de ello, sino precisamente para educarnos a nosotros mismos y a los dem&aacute;s en el verdadero amor. Aprender a actuar como Jes&uacute;s, Signo que Dios imprime en la historia del mundo, es la tarea de toda una vida.</p> 
<p>&Eacute;l es el criterio aut&eacute;ntico, el &laquo;Maestro y Se&ntilde;or&raquo; (<i>Jn&nbsp;</i>13,13) que despoja de todas sus m&aacute;scaras tanto a lo divino como a lo humano. No ofrece su ejemplo cuando todos est&aacute;n felices y lo aprecian, sino en la noche en que fue traicionado, en la oscuridad de la incomprensi&oacute;n y la violencia, para que quede bien claro que el Se&ntilde;or no nos ama porque seamos buenos y puros; nos ama, y por eso nos perdona y nos purifica. El Se&ntilde;or no nos ama si nos dejamos lavar por su misericordia; nos ama, y por eso nos lava, para que podamos corresponder a su amor.</p> 
<p>Aprendamos de Jes&uacute;s este servicio rec&iacute;proco. De hecho, &Eacute;l no nos pide que se lo devolvamos, sino que lo compartamos entre nosotros: &laquo;Ustedes tambi&eacute;n deben lavarse los pies unos a otros&raquo; (<i>Jn</i>&nbsp;13,14). As&iacute; lo comentaba el Papa Francisco: &laquo;Es un deber que viene del coraz&oacute;n: lo amo. Amo esto y amo hacerlo porque el Se&ntilde;or as&iacute; me lo ha ense&ntilde;ado&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130328_coena-domini.html">Homil&iacute;a de la Misa in Coena Domini</a></i>, 28 marzo 2013). &Eacute;l no hablaba de un imperativo abstracto, ni de una orden formal y vac&iacute;a, sino que expresaba su fervor obediente por la caridad de Cristo, fuente y ejemplo de nuestra caridad. El ejemplo dado por Jes&uacute;s, en efecto, no puede ser imitado por conveniencia, de mala gana o con hipocres&iacute;a, sino s&oacute;lo por amor.</p> 
<p>Dejarnos servir por el Se&ntilde;or es, por tanto, condici&oacute;n para servir como &Eacute;l lo hizo. &laquo;Si yo no te lavo&raquo;, le dijo Jes&uacute;s a Pedro, &laquo;no podr&aacute;s compartir mi suerte&raquo; (<i>Jn</i>&nbsp;13,8); si no me acoges como siervo, no puedes creer en m&iacute; ni seguirme como Se&ntilde;or. Al lavar nuestra carne, Jes&uacute;s purifica nuestra alma. En &Eacute;l, Dios ha dado ejemplo no de c&oacute;mo se domina, sino de c&oacute;mo se libera; de c&oacute;mo se da la vida, no de c&oacute;mo se destruye.</p> 
<p>Entonces, ante una humanidad abatida por tantos ejemplos de brutalidad, postr&eacute;monos tambi&eacute;n nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos. As&iacute; es como queremos seguir el ejemplo del Se&ntilde;or, haciendo realidad lo que hemos escuchado en el libro del &Eacute;xodo: &laquo;Este ser&aacute; para ustedes un d&iacute;a memorable&raquo; (<i>Ex</i>&nbsp;12,14). S&iacute;, toda la historia b&iacute;blica converge en Jes&uacute;s, el verdadero Cordero pascual. A trav&eacute;s de &Eacute;l, las figuras antiguas encuentran su pleno significado, porque Cristo, el Salvador, celebra la Pascua de la humanidad, abriendo para todos el paso del pecado al perd&oacute;n, de la muerte a la vida eterna: &laquo;Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria m&iacute;a&raquo; (<i>1 Co</i>&nbsp;11,24).</p> 
<p>Al renovar los gestos y las palabras del Se&ntilde;or, esta misma tarde recordamos la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a y del Orden sagrado. El v&iacute;nculo intr&iacute;nseco entre los dos sacramentos representa la entrega perfecta de Jes&uacute;s, Sumo Sacerdote y Eucarist&iacute;a viva por los siglos. En el pan y el vino consagrados se encuentra, en efecto, el &laquo;sacramento de piedad, signo de unidad, v&iacute;nculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera&raquo; (Conc. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">Sacrosanctum Concilium</a></i>, 47). En los obispos y en los presb&iacute;teros, constituidos &laquo;sacerdotes del Nuevo Testamento&raquo; seg&uacute;n el mandato del Se&ntilde;or (Conc. de Trento,&nbsp;<i>De Missae Sacrificio</i>, 1), reside el signo de su caridad hacia todo el Pueblo de Dios, al que estamos llamados a servir, amados hermanos, con todo nuestro ser.</p> 
<p>El Jueves Santo es, por tanto, un d&iacute;a de ardiente gratitud y de aut&eacute;ntica fraternidad. Que la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica de esta noche, en cada parroquia y comunidad, sea un momento para contemplar el gesto de Jes&uacute;s, arrodill&aacute;ndonos como &Eacute;l lo hizo, y pidiendo la fuerza para imitarlo en el servicio con el mismo amor.</p> 
<p>&nbsp;</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Jueves Santo – Misa Crismal (2 de abril de 2026)]]></title><pubDate>Thu, 02 Apr 2026 09:30:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260402-crisma.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260402-crisma.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 02 Apr 2026 10:53:36 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Nos encontramos ya en el umbral del Triduo Pascual. Una vez m&aacute;s, el Se&ntilde;or nos llevar&aacute; a la cumbre de su misi&oacute;n, para que su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n se conviertan en el coraz&oacute;n de nuestra misi&oacute;n. Lo que estamos a punto de revivir, de hecho, tiene en s&iacute; la fuerza de transformar aquello que el orgullo humano tiende generalmente a endurecer: nuestra identidad, nuestro lugar en el mundo. La libertad de Jes&uacute;s cambia el coraz&oacute;n, sana las heridas, perfuma y hace brillar nuestros rostros, reconcilia y re&uacute;ne, perdona y resucita.</p> 
<p>En este primer a&ntilde;o en el que presido la Misa Crismal como Obispo de Roma, deseo reflexionar con ustedes sobre la misi&oacute;n a la que Dios nos consagra como su pueblo. Es la misi&oacute;n cristiana, la misma de Jes&uacute;s, no otra. En ella participa cada uno seg&uacute;n su propia vocaci&oacute;n y en una obediencia muy personal a la voz del Esp&iacute;ritu, &iexcl;pero nunca sin los dem&aacute;s, nunca descuidando o rompiendo la comuni&oacute;n! Obispos y presb&iacute;teros, al renovar nuestras promesas, estamos al servicio de un pueblo misionero. Somos, junto con todos los bautizados, el Cuerpo de Cristo, ungidos por su Esp&iacute;ritu de libertad y de consuelo, Esp&iacute;ritu de profec&iacute;a y de unidad.</p> 
<p>Lo que Jes&uacute;s vive en los momentos culminantes de su misi&oacute;n ya se anticipa en el pasaje de Isa&iacute;as, que &Eacute;l mismo se&ntilde;al&oacute; en la sinagoga de Nazaret como la Palabra que &laquo;hoy&raquo; se cumple (cf. <i>Lc</i> 4,21). En la hora de la Pascua, de hecho, queda definitivamente claro que Dios consagra para enviar. &Eacute;l &laquo;me envi&oacute;&raquo; (<i>Lc</i> 4,18), dice Jes&uacute;s, describiendo ese movimiento que une su Cuerpo a los pobres, a los prisioneros, a quienes caminan a tientas en la oscuridad y a quienes se encuentran oprimidos. Y nosotros, miembros de su Cuerpo, llamamos “apost&oacute;lica” a una Iglesia enviada, no est&aacute;tica, impulsada m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; misma, consagrada a Dios en el servicio a sus criaturas: &laquo;Como el Padre me envi&oacute; a m&iacute;, yo tambi&eacute;n los env&iacute;o a ustedes&raquo; (<i>Jn</i> 20,21).</p> 
<p>Sabemos que ser enviados implica, en primer lugar, un <i>desprendimiento</i>, es decir, el riesgo de dejar lo que es familiar y seguro, para adentrarse en lo nuevo. Es interesante que &laquo;con el poder del Esp&iacute;ritu&raquo; (<i>Lc</i> 4,14), descendido sobre &Eacute;l despu&eacute;s del Bautismo en el Jord&aacute;n, Jes&uacute;s regrese a Galilea y vaya &laquo;a Nazaret, donde se hab&iacute;a criado&raquo; (v.<i> </i>16). Es el lugar que ahora debe abandonar. Se mueve &laquo;como de costumbre&raquo; (<i>ib&iacute;d</i>.), pero para inaugurar un tiempo nuevo. Ahora deber&aacute; partir definitivamente de aquel pueblo, para que madure lo que all&iacute; ha germinado, s&aacute;bado tras s&aacute;bado, en la escucha fiel de la Palabra de Dios. Del mismo modo, llamar&aacute; a otros a partir, a arriesgarse, para que ning&uacute;n lugar se convierta en una celda, ninguna identidad en una guarida.</p> 
<p>Queridos hermanos, nosotros seguimos a Jes&uacute;s, quien &laquo;no consider&oacute; la igualdad con Dios como algo que deb&iacute;a guardar celosamente: al contrario, se anonad&oacute; a s&iacute; mismo&raquo; (<i>Flp</i> 2,6-7). Toda misi&oacute;n comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace. Nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios no nos puede ser quitada, ni se puede perder, pero tampoco pueden borrarse los afectos, los lugares y las experiencias que est&aacute;n en el origen de nuestra vida. Somos herederos de tanto bien y, al mismo tiempo, de los l&iacute;mites de una historia en la que el Evangelio debe llevar luz y salvaci&oacute;n, perd&oacute;n y sanaci&oacute;n. As&iacute;, la misi&oacute;n comienza por la reconciliaci&oacute;n con nuestros or&iacute;genes, con los dones y los l&iacute;mites de la formaci&oacute;n recibida; al mismo tiempo, no hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento, no hay alegr&iacute;a sin arriesgar. Somos el Cuerpo de Cristo si nos ponemos en movimiento, saliendo de nosotros mismos, haciendo las paces con el pasado sin quedarnos prisioneros de &eacute;l: todo se recupera y se multiplica si primero se deja ir, sin miedo. Es un primer secreto de la misi&oacute;n. Y no se experimenta una sola vez, sino en cada nuevo comienzo, en cada ulterior env&iacute;o.</p> 
<p>El camino de Jes&uacute;s nos revela que la disponibilidad para perder, para vaciarse, no es un fin en s&iacute; misma, sino una condici&oacute;n para el encuentro y la intimidad. El amor s&oacute;lo es verdadero si est&aacute; desarmado, necesita pocas cosas, ninguna ostentaci&oacute;n, y custodia con delicadeza la debilidad y la desnudez. Nos cuesta lanzarnos a una misi&oacute;n tan expuesta, y sin embargo no hay &laquo;buena nueva para los pobres&raquo; (cf. <i>Lc</i> 4,18) si acudimos a ellos con signos de poder, ni hay aut&eacute;ntica liberaci&oacute;n si no nos liberamos de la posesi&oacute;n. Aqu&iacute; tocamos un segundo secreto de la misi&oacute;n cristiana. Tras el desprendimiento est&aacute; la ley del <i>encuentro</i>. Sabemos que, a lo largo de la historia, la misi&oacute;n ha sido no pocas veces trastocada por l&oacute;gicas de dominio, totalmente ajenas al camino de Jesucristo. San Juan Pablo II tuvo la lucidez y el valor de reconocer que &laquo;por el v&iacute;nculo que une a unos y otros en el Cuerpo m&iacute;stico, y a&uacute;n sin tener responsabilidad personal ni eludir el juicio de Dios, el &uacute;nico que conoce los corazones, somos portadores del peso de los errores y de las culpas de quienes nos han precedido&raquo;. <a name="_ftnref1" href="#_ftn1" class=" cleaner">[1]</a></p> 
<p>Por consiguiente, es ahora prioritario recordar que ni en el &aacute;mbito pastoral, ni en el &aacute;mbito social y pol&iacute;tico, el bien puede provenir de la prepotencia. Los grandes misioneros son testigos de acercamientos cuidadosos, cuyo m&eacute;todo consiste en compartir la vida, el servicio desinteresado, la renuncia a cualquier estrategia calculadora, el di&aacute;logo y el respeto. Es el camino de la encarnaci&oacute;n, que siempre y de nuevo toma la forma de la inculturaci&oacute;n. La salvaci&oacute;n, de hecho, s&oacute;lo puede ser acogida por cada uno en su lengua materna. &laquo;&iquest;C&oacute;mo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?&raquo; ( <i>Hch</i> 2,8). La sorpresa de Pentecost&eacute;s se repite cuando no pretendemos dominar los tiempos de Dios, sino que confiamos en el Esp&iacute;ritu Santo, que “est&aacute; presente tambi&eacute;n hoy, como en tiempos de Jes&uacute;s y de los ap&oacute;stoles, est&aacute; presente y actuante, llega antes que nosotros, trabaja m&aacute;s y mejor que nosotros; a nosotros no nos corresponde ni sembrarlo ni despertarlo, sino ante todo reconocerlo, acogerlo, seguirlo, abrirle camino e ir tras &eacute;l. Est&aacute; ah&iacute; y nunca ha perdido la esperanza respecto a nuestro tiempo; por el contrario, sonr&iacute;e, baila, penetra, envuelve, llega incluso all&iacute; donde nunca hubi&eacute;ramos imaginado”. <a name="_ftnref2" href="#_ftn2" class=" cleaner">[2]</a></p> 
<p>Para establecer esta sinton&iacute;a con lo invisible, es necesario llegar con sencillez al lugar al que se nos env&iacute;a, honrando el misterio que cada persona y cada comunidad lleva consigo: una sacralidad que nos trasciende por todas partes y que se vulnera cuando nos comportamos como due&ntilde;os de los lugares y de la vida ajena. Somos hu&eacute;spedes: lo somos como obispos, como sacerdotes, como religiosas y religiosos, como cristianos. De hecho, para acoger debemos aprender a dejarnos acoger. Incluso los lugares donde la secularizaci&oacute;n parece m&aacute;s avanzada no son tierra de conquista, ni de reconquista: &laquo;Nuevas culturas contin&uacute;an gest&aacute;ndose en estas enormes geograf&iacute;as humanas en las que el cristiano ya no suele ser promotor o generador de sentido, sino que recibe de ellas otros lenguajes, s&iacute;mbolos, mensajes y paradigmas que ofrecen nuevas orientaciones de vida, frecuentemente en contraste con el Evangelio de Jes&uacute;s […]. Es necesario llegar all&iacute; donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, alcanzar con la Palabra de Jes&uacute;s los n&uacute;cleos m&aacute;s profundos del alma de las ciudades&raquo;. <a name="_ftnref3" href="#_ftn3" class=" cleaner">[3]</a> Esto s&oacute;lo ocurre si en la Iglesia caminamos juntos, si la misi&oacute;n no es una aventura heroica de alguien, sino el testimonio vivo de un Cuerpo con muchos miembros.</p> 
<p>Existe adem&aacute;s una tercera dimensi&oacute;n, quiz&aacute; la m&aacute;s radical, de la misi&oacute;n cristiana. Ya en la violenta reacci&oacute;n de los habitantes de Nazaret ante las palabras de Jes&uacute;s se manifiesta la dram&aacute;tica <i>posibilidad de la incomprensi&oacute;n y del rechazo</i>: &laquo;Al o&iacute;r estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levant&aacute;ndose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intenci&oacute;n de despe&ntilde;arlo&raquo; (<i>Lc</i> 4,28-29). Aunque la lectura lit&uacute;rgica haya omitido esta parte, lo que nos disponemos a celebrar a partir de esta tarde nos compromete a no huir, sino a “pasar en medio” de la prueba, como Jes&uacute;s, quien, arrastrado por la gente hasta el borde del precipicio, &laquo;pasando en medio de ellos, continu&oacute; su camino&raquo; (<i>Lc</i> 4,30). La cruz es parte de la misi&oacute;n; el env&iacute;o se vuelve m&aacute;s amargo y atemorizante, pero tambi&eacute;n m&aacute;s gratuito y revolucionario. La ocupaci&oacute;n imperialista del mundo se ve entonces interrumpida desde dentro, la violencia que hasta hoy se erige en ley queda desenmascarada. El Mes&iacute;as pobre, prisionero, oprimido, se precipita en la oscuridad de la muerte, pero as&iacute; saca a la luz una nueva creaci&oacute;n.</p> 
<p>&iexcl;De cu&aacute;ntas resurrecciones somos testigos tambi&eacute;n nosotros, cuando, liberados de una actitud defensiva, nos entregamos al servicio como una semilla en la tierra! Podemos atravesar en nuestra vida situaciones en las que parece que todo ha terminado. Entonces nos preguntamos si la misi&oacute;n ha sido in&uacute;til. Es cierto, a diferencia de Jes&uacute;s, nosotros tambi&eacute;n vivimos fracasos que dependen de nuestra insuficiencia o de la de los dem&aacute;s, a menudo de una mara&ntilde;a de responsabilidades, de luces y sombras. Pero podemos hacer nuestra la esperanza de muchos testigos. Recuerdo uno, a quien estimo particularmente. Un mes antes de su muerte, en el cuaderno de los Ejercicios espirituales, el santo obispo &Oacute;scar Romero escrib&iacute;a: &laquo;El Sr. Nuncio de Costa Rica me avis&oacute; de peligros inminentes para esta semana. […] Las circunstancias desconocidas se vivir&aacute;n con la gracia de Dios. &Eacute;l asisti&oacute; a los m&aacute;rtires y si es necesario lo sentir&eacute; muy cerca al entregarle mi &uacute;ltimo suspiro. Pero que m&aacute;s valioso que el momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para &eacute;l. […] Me basta para estar feliz y confiado saber con seguridad que en &eacute;l est&aacute; mi vida y mi muerte que, a pesar de mis pecados, en &eacute;l he puesto mi confianza y no quedar&eacute; confundido y otros proseguir&aacute;n con m&aacute;s sabidur&iacute;a y santidad los trabajos de la Iglesia y de la Patria&raquo;.</p> 
<p>Queridas hermanas y hermanos, los santos hacen la historia. Este es el mensaje del Apocalipsis. &laquo;La gracia y la paz de parte […]de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primero que resucit&oacute; de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra&raquo; (<i>Ap</i> 1,4-5). Este saludo resume el camino de Jes&uacute;s en un mundo en conflicto entre potencias que lo devastan. En su interior se gesta un pueblo nuevo, no de v&iacute;ctimas, sino de testigos. En esta hora oscura de la historia, Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte. Renovemos nuestro “s&iacute;” a esta misi&oacute;n que nos pide unidad y que trae la paz. &iexcl;S&iacute;, aqu&iacute; estamos! &iexcl;Superemos el sentimiento de impotencia y de miedo! Nosotros anunciamos tu muerte, Se&ntilde;or, proclamamos tu resurrecci&oacute;n, en la espera de tu venida.</p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p>___________________________</p> 
<p><a name="_ftn1" href="#_ftnref1" class=" cleaner">[1]</a>&nbsp;S. Juan Pablo II, Bula de convocaci&oacute;n del Gran Jubileo del a&ntilde;o 2000 <i><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/bulls/documents/hf_jp-ii_doc_19981129_bolla-incarnationis-mysterium.html">Incarnationis mysterium</a></i>&nbsp;(29 noviembre 1998), 11.</p> 
<p><a name="_ftn2" href="#_ftnref2" class=" cleaner">[2]</a>&nbsp;C.M. Martini, <i>Tre racconti dello Spirito</i>, Mil&aacute;n 1997, 11.</p> 
<p><a name="_ftn3" href="#_ftnref3" class=" cleaner">[3]</a>&nbsp;Francisco, Exhort. ap.&nbsp; <i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html">Evangelii gaudium</a></i>&nbsp;(24 noviembre 2013),&nbsp;&nbsp; <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#Desaf%C3%ADos_de_las_culturas_urbanas">73-74</a>.</p> 
<p>&nbsp;</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Audiencia general del 1 de abril de 2026 - Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - II. Constitución dogmática Lumen gentium. 6. Piedras vivas en la Iglesia y testigos en el mundo: los laicos en el pueblo de Dios]]></title><pubDate>Wed, 01 Apr 2026 10:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260401-udienza-generale.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260401-udienza-generale.html</guid><description><![CDATA[<!-- Wed, 01 Apr 2026 12:48:24 +0200 --> <p><b><b>Catequesis - Los Documentos del&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>&nbsp;- II.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica&nbsp;Lumen gentium</a>. 6<i>.&nbsp;Piedras vivas en la Iglesia y testigos en el mundo:&nbsp;</i></b></b><i><b>los laicos en el pueblo de Dios</b></i></p> 
<p><i>Hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as!</i></p> 
<p>Seguimos nuestro camino de reflexi&oacute;n sobre la Iglesia como se nos presenta en la <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Constituci&oacute;n conciliar <i>Lumen gentium</i></a> (<i>LG</i>). Hoy afrontamos el cuarto cap&iacute;tulo, que trata sobre los laicos. Todos recordamos lo que al <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a> le gustaba repetir: &laquo;Los laicos son simplemente la inmensa mayor&iacute;a del Pueblo de Dios. A su servicio est&aacute; la minor&iacute;a de los ministros ordenados&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html">Exhort. ap. <i>Evangelii gaudium</i></a>, 102).</p> 
<p>Esta secci&oacute;n del Documento se preocupa de explicar <i>en positivo</i> la naturaleza y la misi&oacute;n de los laicos, despu&eacute;s de siglos en los que hab&iacute;an sido definidos simplemente como aquellos que no forman parte de los cl&eacute;rigos o de los consagrados. Por esto me gusta releer con vosotros un pasaje muy hermoso, que habla de la grandeza de la condici&oacute;n cristiana: &laquo;Por tanto, el Pueblo de Dios, por &Eacute;l elegido, es uno: ‘un Se&ntilde;or, una fe, un bautismo’ (<i>Ef</i>&nbsp;4,5). Es com&uacute;n la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneraci&oacute;n en Cristo; com&uacute;n la gracia de la filiaci&oacute;n; com&uacute;n la llamada a la perfecci&oacute;n: una sola salvaci&oacute;n, &uacute;nica la esperanza e indivisa la caridad&raquo; (<i>LG</i>, 32).</p> 
<p>Antes que cualquier diferencia de ministerio o de estado de vida, el <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio</a> afirma la igualdad de todos los bautizados. La Constituci&oacute;n no quiere que se olvide lo que ya hab&iacute;a afirmado en el cap&iacute;tulo sobre el pueblo de Dios, es decir que la condici&oacute;n del pueblo mesi&aacute;nico es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios (cfr <i>LG</i>, 9).</p> 
<p>Naturalmente, cuanto m&aacute;s grande es el don, m&aacute;s grande tambi&eacute;n es el compromiso. Por esto el Concilio, junto con la dignidad, subraya tambi&eacute;n la misi&oacute;n de los laicos en la Iglesia y en el mundo. &iquest;Pero d&oacute;nde se funda esta misi&oacute;n y en qu&eacute; consiste? Nos lo dice la descripci&oacute;n misma de los laicos que el Concilio se propone: &laquo;Con el nombre de laicos se designan aqu&iacute; todos los fieles cristianos […] que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos part&iacute;cipes, a su modo, de la funci&oacute;n sacerdotal, prof&eacute;tica y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misi&oacute;n de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde&raquo; (<i>LG</i>, 31).</p> 
<p>El pueblo santo de Dios, por tanto, nunca es una masa informe, sino el cuerpo de Cristo o, como dec&iacute;a san Agust&iacute;n, el <i>Christus totus</i>: es la comunidad org&aacute;nicamente estructurada, en virtud de la relaci&oacute;n fecunda entre sus formas de participaci&oacute;n al sacerdocio de Cristo: sacerdocio com&uacute;n de los fieles y sacerdocio ministerial (cfr <i>LG</i>, 10). En virtud del Bautismo, los fieles laicos participan al mismo sacerdocio de Cristo. De hecho, &laquo;Cristo Jes&uacute;s, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Esp&iacute;ritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta&raquo; (<i>LG</i>, 34).</p> 
<p>&iquest;C&oacute;mo no recordar, en este sentido, a <a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es.html">san Juan Pablo II</a> y su <a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html">exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica <i>Christifideles laici</i></a> (30 de diciembre de 1988)? En ella &eacute;l subrayaba que &laquo;el Concilio, con su riqu&iacute;simo patrimonio doctrinal, espiritual y pastoral, ha reservado p&aacute;ginas verdaderamente espl&eacute;ndidas sobre la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misi&oacute;n y responsabilidad de los fieles laicos. Y&nbsp; <i>los Padres conciliares</i>, haciendo eco al llamamiento de Cristo,&nbsp; <i>han convocado a todos los fieles laicos, hombres y mujeres, a trabajar en la vi&ntilde;a</i>&raquo; (n. 2). De este modo, mi venerado predecesor relanzaba el apostolado de los laicos, a quienes el Concilio hab&iacute;a dedicado un Documento espec&iacute;fico, del que hablaremos m&aacute;s adelante. <a name="_ftnref1" href="#_ftn1" class=" cleaner">[1]</a></p> 
<p>El amplio campo del apostolado laical no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se ampl&iacute;a al mundo. La Iglesia, de hecho, est&aacute; presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, all&aacute; donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana, que anticipa aqu&iacute; y ahora la justicia y la paz que ser&aacute;n plenas en el Reino de Dios. El mundo necesita que &laquo;se impregne del esp&iacute;ritu de Cristo y alcance su fin con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz&raquo; (<i>LG</i>, 36). &iexcl;Y esto es posible solamente con la contribuci&oacute;n, el servicio y el testimonio de los laicos!</p> 
<p>Es la invitaci&oacute;n a ser esa Iglesia “en salida” de la que nos ha hablado el <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>: una Iglesia encarnada en la historia, siempre abierta a la misi&oacute;n, en la que todos estamos llamados a ser disc&iacute;pulos-misioneros, ap&oacute;stoles del Evangelio, testigos del Reino de Dios, &iexcl;portadores de la alegr&iacute;a del Cristo que hemos encontrado!</p> 
<p>Hermanos y hermanas, &iexcl;la Pascua que nos preparamos a celebrar renueve en nosotros la gracia de ser, como Mar&iacute;a Magdalena, como Pedro y Juan, testigos del Resucitado!</p> 
<p><i>_________________________<br /> </i></p> 
<p><i><a name="_ftn1" href="#_ftnref1" class=" cleaner">[1]</a> Cfr Conc. Ecum. Vat. II, Decr. <i>Apostolicam actuositatem</i> (18 de noviembre 1965).</i></p> 
<p style="text-align: center;">_________________________</p> 
<p><b>Saludos</b></p> 
<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa&ntilde;ola, en particular a los j&oacute;venes venidos de distintas partes del mundo para participar en el Encuentro internacional UNIV 2026. Pidamos al Se&ntilde;or Jes&uacute;s que el misterio pascual, que nos disponemos a celebrar en estos d&iacute;as santos, renueve nuestro compromiso bautismal, impuls&aacute;ndonos a ser alegres testigos de su resurrecci&oacute;n. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.</p> 
<p style="text-align: center;">_________________________</p> 
<p><b>Resumen le&iacute;do por el Santo Padre en espa&ntilde;ol</b></p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>En esta catequesis reflexionamos sobre el cuarto cap&iacute;tulo de la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica&nbsp;<i>Lumen gentium</i></a>, dedicado a los laicos. Con el nombre de “laicos”, el Concilio designa a todos los fieles cristianos que, en cuanto incorporados al Pueblo de Dios por el bautismo, son part&iacute;cipes, a su modo, de la funci&oacute;n sacerdotal, prof&eacute;tica y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo la misi&oacute;n de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde.</p> 
<p>Los laicos, llamados a profundizar en la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misi&oacute;n y responsabilidad de su vocaci&oacute;n bautismal, hacen posible, con su testimonio de fe, esperanza y caridad, que la belleza de la vida cristiana se extienda por diferentes lugares y &aacute;mbitos de la sociedad. De ese modo, forman parte activa de una Iglesia encarnada en la historia, siempre abierta al anuncio de Cristo, en la que todos estamos llamados a ser disc&iacute;pulos misioneros, ap&oacute;stoles del Evangelio y testigos del Reino de Dios.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje «Reza con el Papa» - Abril: Por los sacerdotes en crisis (31 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Tue, 31 Mar 2026 15:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/prayers/documents/20260331-popesprayer-aprile.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/prayers/documents/20260331-popesprayer-aprile.html</guid><description><![CDATA[<!-- Tue, 31 Mar 2026 15:14:27 +0200 --> <p style="text-align: center;"><b>ABRIL: Por los sacerdotes en crisis</b></p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p>En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.</p>
<p>Señor Jesús,<br>
Buen Pastor y compañero de camino,<br>
hoy ponemos en tus manos a todos los sacerdotes,<br>
especialmente a quienes atraviesan momentos de crisis,<br>
cuando la soledad pesa, las dudas oscurecen el corazón<br>
y el cansancio parece más fuerte que la esperanza.</p>
<p>Tú que conoces sus luchas y heridas,<br>
renueva en ellos la certeza de tu amor incondicional.<br>
Hazles sentir que no son funcionarios ni héroes solitarios,<br>
sino hijos amados, discípulos humildes y queridos,<br>
y pastores sostenidos por la oración de su pueblo.</p>
<p>Padre bueno,<br>
enséñanos como comunidad a cuidar de nuestros presbíteros:<br>
a escucharlos sin juzgar,<br>
<a name="_heading=h.9p381tg213o4"></a>a agradecer sin exigir perfección,<br>
a compartir con ellos la misión bautismal<br>
de anunciar el Reino con gestos y palabras,<br>
y a acompañarlos con cercanía y oración sincera.<br>
Que sepamos sostener a quienes tantas veces nos sostienen.</p>
<p>Espíritu Santo,<br>
aviva en nuestros sacerdotes la alegría del Evangelio.<br>
Concédeles amistades sanas, redes de apoyo fraterno,<br>
sentido del humor cuando las cosas no salen como esperaban,<br>
y la gracia de redescubrir siempre la belleza de su vocación.</p>
<p>Que nunca pierdan la confianza en Ti,<br>
ni el gozo de servir a tu Iglesia con corazón humilde y generoso.</p>
<p><i></i>Amén.&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">____________________________</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.popesprayer.va/es/pregaconilpapa/">Red Mundial de Oración del Papa</a></p>
]]></description></item><item><title><![CDATA[A los Miembros de la "Illinois Municipal League" (30 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Mon, 30 Mar 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260330-iml.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260330-iml.html</guid><description><![CDATA[<!-- Tue, 31 Mar 2026 10:24:31 +0200 --> <p>&iexcl;Buenos d&iacute;as a todos y bienvenidos!</p> 
<p>En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo.</p> 
<p>&iexcl;La paz est&eacute; con ustedes!</p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas, bienvenidos</i></p> 
<p><i>al Vaticano y a Roma.</i></p> 
<p>Me complace encontrarme con todos ustedes que representan a la Liga Municipal de Illinois. Est&aacute;n de visita en el Vaticano durante la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/special/2026/settimana-santa2026.html">Semana Santa</a>, cuando los cat&oacute;licos de todo mundo, junto con muchos otros cristianos, conmemoran la pasi&oacute;n, la muerte y la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s, cuya amorosa obediencia al Padre hasta la muerte obtuvo el don de la redenci&oacute;n para toda la humanidad (<i>cf. Fil</i>&nbsp;2, 8). A trav&eacute;s del Misterio Pascual, el Se&ntilde;or nos muestra que incluso las circunstancias m&aacute;s dif&iacute;ciles y complicadas se pueden transformar desde dentro gracias a la fuerza del amor. Quiz&aacute;s el sufrimiento no siempre pueda evitarse o eliminarse, pero se le puede encontrar un significado redentor que no solo devuelve la dignidad perdida, sino que tambi&eacute;n abre la puerta a una nueva vida. De hecho, la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s es la fuente &uacute;ltima de esperanza para todos aquellos que creen en Cristo y esperan la promesa de la vida eterna.</p> 
<p>La victoria del Se&ntilde;or Resucitado sobre la muerte revela tambi&eacute;n que el eje de la autoridad aut&eacute;ntica es el servicio, pues Jes&uacute;s no vino &laquo;para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos&raquo; (<i>Mt</i>&nbsp;20, 28). Su servicio y su obediencia a la voluntad del Padre han conducido a una esperanza segura y a una paz duradera para toda la humanidad. De este modo, la victoria nacida del don de s&iacute; mismo de Cristo se erige como un faro y un desaf&iacute;o para nosotros hoy. Como hombres y mujeres investidos del papel de gobernar, ustedes tambi&eacute;n est&aacute;n llamados a descubrir y encarnar el don del servicio. En particular, est&aacute;n llamados a estar atentos a las necesidades de los m&aacute;s d&eacute;biles y vulnerables, con el fin de ayudarlos a alcanzar un desarrollo humano integral.</p> 
<p>Como observ&oacute; el venerable Giorgio La Pira, antiguo alcalde de la ciudad italiana de Florencia, los alcaldes est&aacute;n llamados a reducir y aliviar los sufrimientos y las dificultades de sus ciudadanos de todas las formas posibles, &laquo;con todas las medidas que el amor sugiere y la ley prev&eacute;&raquo; (<i>Escritos</i>, VI, p. 83).</p> 
<p>Para ello, deben comprometerse ante todo a conocer las aspiraciones de las personas, as&iacute; como a sus dificultades. La dignidad de cada individuo debe ser reconocida y protegida, porque sus municipios no son lugares an&oacute;nimos, sino que tiene rostros e historias que custodiar como tesoros preciosos (cf.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/december/documents/20251229-comuni-italiani.html"><i>Discurso a los miembros de la Asociaci&oacute;n Nacional de Municipios Italianos</i></a>, 29 de diciembre de 2025). Aunque cada d&iacute;a son muchas las tareas que requieren su atenci&oacute;n, los animo a seguir escuchando a los pobres, a los migrantes y a todos los m&aacute;s desfavorecidos entre ustedes, tratando de acompa&ntilde;arlos en su labor de promover el bien com&uacute;n en beneficio de todos. De este modo, cada uno de sus municipios podr&aacute; ser un lugar de aut&eacute;ntico encuentro entre todos los ciudadanos, ofreciendo a cada persona la oportunidad de realizarse.</p> 
<p>Queridos amigos, les aseguro mi oraci&oacute;n y les expreso mi gratitud por el servicio devoto que ofrecen diariamente a aquellos a quienes gobiernan. Que puedan continuar esta importante labor cada d&iacute;a con alegr&iacute;a, con amor y con celo, recordando siempre que quienes tienen autoridad son tambi&eacute;n servidores de Dios (<i>cf. Rom</i>&nbsp;13, 6). En este sentido, imitar la docilidad de Cristo a la Voluntad del Padre los abrir&aacute; a&uacute;n m&aacute;s al verdadero dinamismo del servicio y les permitir&aacute; llevar a sus conciudadanos la paz que nos ha sido donada por Cristo Resucitado.</p> 
<p>Los encomiendo a ustedes y a sus seres queridos a la intercesi&oacute;n de Santa Francisca Javier Cabrini, quien durante muchos a&ntilde;os sirvi&oacute; con gran amor y devoci&oacute;n a los m&aacute;s vulnerables en Chicago, y los bendigo de coraz&oacute;n a cada uno de ustedes.</p> 
<p>Gracias.</p> 
<p>_______________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/03/30.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 30 de marzo de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[A la comunidad monástica de la Abadía de Santa Escolástica, en Subiaco; a la comunidad monástica de la Abadía de Santa María del Monte, en Cesena, y a las monjas benedictinas de la Abadía de Santa Escolástica, en Bari (30 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Mon, 30 Mar 2026 11:30:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260330-comunita-monastiche.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260330-comunita-monastiche.html</guid><description><![CDATA[<!-- Mon, 30 Mar 2026 14:57:02 +0200 --> <p>En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo.&nbsp;<br /> &iexcl;La paz est&eacute; con ustedes!</p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas,&nbsp;&nbsp;&iexcl;buenos d&iacute;as y bienvenidos!</i></p> 
<p>Me alegra este encuentro, que nos permite tambi&eacute;n reflexionar juntos sobre el valor del carisma benedictino en su vida, en la vida de la Iglesia y en el mundo.&nbsp;</p> 
<p>Al indicar cu&aacute;les son los &quot;instrumentos de las buenas obras&quot;, San Benito, en el cap&iacute;tulo IV de la&nbsp;<i>Regla</i>, exhorta a &laquo;cuidar continuamente las acciones de la propia vida&raquo; (48). Ustedes, monjas benedictinas contemplativas y monjes benedictinos, saben bien cu&aacute;nto ayudan en esa vigilancia la oraci&oacute;n y la lectura orante de la Palabra de Dios, especialmente en la&nbsp;<i>Lectio divina</i>, permitiendo a quienes las practican comprender la verdad sobre s&iacute; mismos, en el reconocimiento de sus propias debilidades y pecados y en la celebraci&oacute;n de las gracias y bendiciones del Se&ntilde;or.&nbsp;As&iacute; es como se reaviva en nosotros el deseo de pertenecerle y se confirma el voto de nuestra consagraci&oacute;n. La Escritura, por lo tanto, sea siempre &laquo;alimento de su contemplaci&oacute;n y de su vida cotidiana, de modo que puedan compartir esta experiencia transformadora&raquo; (Francisco, Const. ap.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_constitutions/documents/papa-francesco_costituzione-ap_20160629_vultum-dei-quaerere.html"><i>Vultum Dei quaerere</i></a>, 19).</p> 
<p>El camino de santificaci&oacute;n de un consagrado o de una monja, sin embargo, por muy rico que sea en fervor e inspiraci&oacute;n, no puede reducirse a un simple recorrido personal. Tiene una dimensi&oacute;n comunitaria necesaria, en la que el anuncio de la liberaci&oacute;n pascual se concreta en el servicio fraterno, reflejo del amor universal de Cristo por la Iglesia y por la humanidad.</p> 
<p>En este sentido, la sinodalidad, promovida por el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>&nbsp;como algo fundamental para la vida de la Iglesia, se traduce, en el monasterio, en la pr&aacute;ctica cotidiana de &laquo;caminar juntos&raquo;, en la escucha rec&iacute;proca, en el discernimiento comunitario bajo la gu&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo, en la comuni&oacute;n con la Iglesia local y con la familia benedictina. Se manifiesta en la asamblea fraterna, en la oraci&oacute;n com&uacute;n y en las decisiones compartidas, donde la autoridad y la obediencia se combinan en di&aacute;logo, para buscar juntos la voluntad de Dios. La vida mon&aacute;stica no puede entenderse como un simple aislamiento del mundo exterior. Es un instrumento para que en el coraz&oacute;n de los disc&iacute;pulos crezca un amor semejante al del Maestro, dispuesto a compartir y a ayudar, incluso entre monasterios. La vida mon&aacute;stica ser&aacute; as&iacute;, cada vez m&aacute;s, en un mundo a menudo marcado por el repliegue sobre s&iacute; mismo y el individualismo, un modelo para todo el pueblo de Dios, recordando que ser misioneros, antes que hacer cosas, requiere una forma de ser y de vivir las relaciones.</p> 
<p>Aqu&iacute; podr&iacute;amos mencionar un aspecto particular propio de la misionariedad claustral: el de la intercesi&oacute;n, en la que la Palabra convertida en oraci&oacute;n nos une a Cristo mediador, quien intercede por nosotros (cf.&nbsp;<i>Heb</i>&nbsp;7,25).&nbsp;Interceder es prerrogativa de los corazones que laten en sinton&iacute;a con la misericordia de Dios (cf.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/ccc/index_sp.htm"><i>Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica</i></a><i>,&nbsp;</i>2635), dispuestos a recoger y presentar al Se&ntilde;or las alegr&iacute;as y los dolores, las esperanzas y las angustias de los seres humanos de hoy y de todos los tiempos (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html"><i>Gaudium et spes</i></a>, 1), y este es un aspecto primordial y fundamental de la obra que se les ha confiado.</p> 
<p>Su modelo es la profetisa Ana, que &laquo;no se apartaba del templo, sirviendo a Dios noche y d&iacute;a con ayunos y oraciones<i>&raquo;&nbsp;</i>(<i>Lc</i>&nbsp;2, 37)<i>.</i>&nbsp;Viuda y ya anciana, hab&iacute;a hecho de la casa de Dios su hogar. La oraci&oacute;n y la ascesis la llevaron a reconocer en el ni&ntilde;o pobre y an&oacute;nimo presentado por Mar&iacute;a y Jos&eacute; al Mes&iacute;as: le permitieron percibir, en los pliegues de la historia, la intervenci&oacute;n de Dios y hacer de ella un anuncio prof&eacute;tico de alegr&iacute;a y esperanza para todo el pueblo de Israel.</p> 
<p>La profec&iacute;a y el discernimiento nos remiten a un &uacute;ltimo tema del que quisiera hablarles: la formaci&oacute;n permanente, particularmente necesaria en una e1poca como la nuestra. Consiste, ante todo, en&nbsp;en &laquo;conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento&raquo;<i>&nbsp;</i>(Congr. Inst. Vida Cons. y Soc. Vida Ap., Instr.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccscrlife/documents/rc_con_ccscrlife_doc_20180401_cor-orans_sp.html"><i>Cor orans</i></a>, 223) y es fundamental para que la vida consagrada &laquo;pueda desempe&ntilde;ar de manera cada vez m&aacute;s adecuada su servicio al monasterio, a la Iglesia y al mundo&raquo; (ib&iacute;d., 236). Toda la comunidad es su sujeto activo,&nbsp;a trav&eacute;s de la oraci&oacute;n, la Palabra, los momentos de celebraci&oacute;n y de toma de decisiones, de di&aacute;logo y de actualizaci&oacute;n, vividos y compartidos bajo el primado de la caridad. Esto implica un compromiso, para todos ustedes, con sabidur&iacute;a y prudencia, de alentar todo buen prop&oacute;sito y de orientar todo esfuerzo hacia el crecimiento com&uacute;n en la capacidad de dar, de modo que cada monasterio se convierta cada vez m&aacute;s, como deseaba san Benito, en una &laquo;escuela de servicio al Se&ntilde;or&raquo; (cf.&nbsp;<i>Pr&oacute;logo a la Regla</i>, 45).</p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas, gracias por el bien inmenso y escondido que hacen a la Iglesia, con su ofrenda, con su oraci&oacute;n incesante, con su servicio, con el testimonio de su vida. Contin&uacute;en esta obra, que es &laquo;obra de Dios&raquo; (cf. San Benito,&nbsp;<i>Regla</i>, 43, 3). Los encomiendo a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, Madre del silencio, Mujer de la escucha, a San Benito, a Santa Escol&aacute;stica, a los numerosos santos y santas benedictinos, y los bendigo de todo coraz&oacute;n.</p> 
<p>______________________________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/03/30.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 30 de marzo de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[A los miembros de la Fundación Ausilia (30 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Mon, 30 Mar 2026 11:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260330-fondazione-ausilia.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260330-fondazione-ausilia.html</guid><description><![CDATA[<!-- Mon, 30 Mar 2026 13:01:28 +0200 --> <p>Eminencia,&nbsp;<br /> Excelencia,&nbsp;<br /> queridos hermanos y hermanas,&nbsp;</p> 
<p>me complace saludarlos esta ma&ntilde;ana al inicio de la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/special/2026/settimana-santa2026.html">Semana Santa</a>, tiempo providencial para nuestro seguimiento del Se&ntilde;or Jes&uacute;s crucificado, muerto y resucitado por nosotros.&nbsp;</p> 
<p>Les agradezco su generoso compromiso, orientado a ayudar a los j&oacute;venes en su formaci&oacute;n y en su inserci&oacute;n en el &aacute;mbito laboral. Invertir no en objetos, sino en la persona, en sus habilidades y sus competencias, representa un punto fuerte de su labor. De este modo, de hecho, son precisamente los j&oacute;venes quienes se convierten en protagonistas de su futuro, sin ser considerados instrumentos funcionales para la organizaci&oacute;n de una empresa o engranajes &uacute;tiles para el &eacute;xito comercial.&nbsp;</p> 
<p>Por ello, &aacute;nimo a cada miembro de la&nbsp;<i>Fundaci&oacute;n Ausilia</i>&nbsp;a perseverar en las iniciativas que cultivan: precisamente en el actual clima de incertidumbre, el c&iacute;rculo virtuoso de conocimiento y colaboraci&oacute;n que promueven dar&aacute; sin duda buenos frutos.&nbsp;</p> 
<p>Como se&ntilde;al de estima, imparto de buen grado sobre todos ustedes aqu&iacute; presentes y sobre sus seres queridos la Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica. &iexcl;Gracias!</p> 
<p>____________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/03/30.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 30 de marzo de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Ángelus, 29 de marzo 2026, <i>Domingo de Ramos</i>]]></title><pubDate>Sun, 29 Mar 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260329-angelus.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260329-angelus.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 29 Mar 2026 12:04:18 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Al comienzo de la <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/special/2026/settimana-santa2026.html">Semana Santa</a>, con nuestra oraci&oacute;n estamos m&aacute;s cerca que nunca, de los cristianos de Oriente Medio que sufren las consecuencias de un conflicto atroz y, en muchos casos, no pueden vivir plenamente los ritos de estos d&iacute;as santos. Precisamente, mientras la Iglesia contempla el misterio de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, no podemos olvidar a quienes hoy participan de manera real en su sufrimiento. La prueba que ellos atraviesan interpela la conciencia de todos. Elevemos nuestra s&uacute;plica al Pr&iacute;ncipe de la paz, para que sostenga a los pueblos heridos por la guerra y abra caminos concretos de reconciliaci&oacute;n y paz.</p> 
<p>Asimismo, encomiendo al Se&ntilde;or a todos los marineros v&iacute;ctimas de la guerra: rezo por los difuntos, por los heridos y por sus familiares. &iexcl;La tierra, el cielo y el mar han sido creados para la vida y para la paz!</p> 
<p>Y recemos por todos los migrantes fallecidos en el mar, en particular por aquellos que han perdido la vida en los &uacute;ltimos d&iacute;as frente a las costas de la isla de Creta.</p> 
<p>&iexcl;Saludo y agradezco a todos ustedes, romanos y peregrinos, que han participado en <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/3/29/palme.html">esta celebraci&oacute;n</a>! Juntos nos dirigimos ahora a la Virgen Mar&iacute;a, confiando a su intercesi&oacute;n todas nuestras s&uacute;plicas. Dej&eacute;monos guiar por ella en estos d&iacute;as santos, para seguir con fe y amor a Jes&uacute;s, nuestro Salvador.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Domingo de Ramos: Pasión del Señor – Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén y Santa Misa (29 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Sun, 29 Mar 2026 10:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260329-palme.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260329-palme.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 29 Mar 2026 11:08:23 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Mientras Jes&uacute;s recorre el camino de la cruz, nos ponemos detr&aacute;s de &Eacute;l y seguimos sus pasos. Y al caminar con &Eacute;l, contemplamos su pasi&oacute;n por la humanidad, su coraz&oacute;n que se rompe, su vida que se convierte en un regalo de amor.</p> 
<p>Miremos a Jes&uacute;s, que se presenta como&nbsp;<i>Rey de la paz</i>, mientras a su alrededor se prepara la guerra. &Eacute;l, que permanece firme en la mansedumbre, mientras los dem&aacute;s se agitan en la violencia. &Eacute;l, que se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empu&ntilde;an espadas y palos. &Eacute;l, que es la luz del mundo, mientras las tinieblas est&aacute;n a punto de cubrir la tierra. &Eacute;l, que vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte.</p> 
<p>Como&nbsp;<i>Rey de la paz</i>, Jes&uacute;s quiere reconciliar al mundo en el abrazo del Padre y derribar todos los muros que nos separan de Dios y del pr&oacute;jimo, porque &Eacute;l &laquo;es nuestra paz &raquo; (<i>Ef &nbsp;</i>2,14).</p> 
<p>Como&nbsp;<i>Rey de la paz</i>, entra en Jerusal&eacute;n montado en un asno, no en un caballo, cumpliendo as&iacute; la antigua profec&iacute;a que invitaba a regocijarse por la llegada del Mes&iacute;as: &laquo;Mira que tu Rey viene hacia ti; &eacute;l es justo y victorioso, es humilde y est&aacute; montado sobre un asno, sobre la cr&iacute;a de una asna. &Eacute;l suprimir&aacute; los carros de Efra&iacute;m y los caballos de Jerusal&eacute;n; el arco de guerra ser&aacute; suprimido y proclamar&aacute; la paz a las naciones&raquo; (<i>Za</i>&nbsp;9,9-10).</p> 
<p>Como&nbsp;<i>Rey de la paz</i>, cuando uno de sus disc&iacute;pulos desenvaina la espada para defenderlo y hiere al siervo del sumo sacerdote, &Eacute;l lo detiene de inmediato diciendo: &laquo;Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere&raquo; (<i>Mt</i>&nbsp;26,52).</p> 
<p>Como&nbsp;<i>Rey de la paz</i>, mientras cargaba con nuestros sufrimientos y era traspasado por nuestras culpas, &Eacute;l &laquo;se humillaba y ni siquiera abr&iacute;a su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, &eacute;l no abr&iacute;a su boca&raquo; (<i>Is</i>&nbsp;53,7). No se arm&oacute;, no se defendi&oacute;, no libr&oacute; ninguna guerra. Mostr&oacute; el rostro manso de Dios, que siempre rechaza la violencia y en lugar de salvarse a s&iacute; mismo, se dej&oacute; clavar en la cruz, para abrazar todas las cruces erigidas en todos los tiempos y lugares de la historia de la humanidad.</p> 
<p>Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios:&nbsp;<i>Jes&uacute;s</i>,&nbsp;<i>Rey de la paz</i>. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oraci&oacute;n de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: &laquo;Por m&aacute;s que multipliquen las plegarias, yo no escucho: &iexcl;las manos de ustedes est&aacute;n llenas de sangre!&raquo; (<i>Is</i>&nbsp;1,15).</p> 
<p>Al mirarlo a &Eacute;l, que fue crucificado por nosotros, vemos a los crucificados de la humanidad. En sus llagas vemos las heridas de tantos hombres y mujeres de hoy. En su &uacute;ltimo grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes est&aacute;n abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes est&aacute;n enfermos, de quienes est&aacute;n solos. Y, sobre todo, escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que est&aacute;n oprimidos por la violencia y de cada v&iacute;ctima de la guerra.</p> 
<p>Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: &iexcl;Dios es amor! &iexcl;Tengan piedad! &iexcl;Depongan las armas, recuerden que son hermanos!</p> 
<p>Con las palabras del siervo de Dios, el obispo Tonino Bello, quisiera confiar este clamor a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, que est&aacute; bajo la cruz de su Hijo y llora tambi&eacute;n a los pies de los crucificados de hoy:</p> 
<p>“Santa Mar&iacute;a, mujer del tercer d&iacute;a, danos la certeza de que, a pesar de todo, la muerte ya no tendr&aacute; poder sobre nosotros. Que los d&iacute;as de las injusticias de los pueblos est&aacute;n contados. Que los destellos de las guerras se est&aacute;n reduciendo a luces crepusculares. Que los sufrimientos de los pobres han llegado a sus &uacute;ltimos estertores. […] Y que, por fin, las l&aacute;grimas de todas las v&iacute;ctimas de la violencia y el dolor pronto se secar&aacute;n, como la escarcha bajo el sol de la primavera” (cf.&nbsp;<i>Maria, donna dei nostri giorni</i>).</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Viaje Apostólico al Principado de Mónaco: Santa Misa en el Estadio <i>Louis II</i> (28 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 28 Mar 2026 15:30:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260328-principato-dimonaco-messa.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260328-principato-dimonaco-messa.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 28 Mar 2026 16:49:34 +0100 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>El Evangelio que hemos escuchado (cf.&nbsp;<i>Jn</i>&nbsp;11,45-57) presenta una sentencia cruel contra Jes&uacute;s. Nos relata, en efecto, sobre el d&iacute;a en el que los miembros del sanedr&iacute;n &laquo;resolvieron que deb&iacute;an matarlo&raquo; (v. 53). &iquest;Por qu&eacute; le sucede esto? Porque resucit&oacute; a L&aacute;zaro de la muerte; porque devolvi&oacute; la vida a su amigo, ante cuya tumba llor&oacute;, uni&eacute;ndose al dolor de Marta y Mar&iacute;a. Precisamente Jes&uacute;s, que vino al mundo para liberarnos de la condena de la muerte, fue condenado a muerte. No se trata de una fatalidad, sino de una voluntad precisa y ponderada.</p> 
<p>El veredicto de Caif&aacute;s y del sanedr&iacute;n nace de un c&aacute;lculo pol&iacute;tico, que tiene como base el miedo: si Jes&uacute;s continuase dando esperanza, transformando el dolor del pueblo en alegr&iacute;a, “los romanos vendr&iacute;an y destruir&iacute;an” el pa&iacute;s (cf. v. 48). En vez de reconocer en el Nazareno al Mes&iacute;as, es decir, al Cristo tan esperado, los jefes religiosos ven en &Eacute;l una amenaza. Su mirada est&aacute; distorsionada, hasta el punto de que son precisamente los doctores de la Ley quienes la infringen. Olvidando la promesa de Dios a su pueblo, ellos quieren matar al inocente, porque detr&aacute;s de su miedo est&aacute; el apego al poder. Pero si los hombres se olvidan de la Ley que ordena no matar, Dios no se olvida de la promesa que prepara al mundo para la salvaci&oacute;n. Su providencia hace de ese veredicto homicida el modo de manifestar un supremo designio de amor; aunque malvado, Caif&aacute;s profetiz&oacute; &laquo;que Jes&uacute;s iba a morir por la naci&oacute;n&raquo; (v. 51).</p> 
<p>Somos, entonces, testigos de dos movimientos opuestos: por una parte, la revelaci&oacute;n de Dios, que muestra su rostro como Se&ntilde;or omnipotente y salvador; por otra, la acci&oacute;n oculta de autoridades poderosas, dispuestas a matar sin escr&uacute;pulos. &iquest;No es lo que ocurre hoy? En su encrucijada est&aacute; el signo de Jes&uacute;s: dar la vida. Es un signo que encuentra en el resucitado L&aacute;zaro su anticipaci&oacute;n, la profec&iacute;a m&aacute;s cercana de lo que a Cristo le suceder&aacute; en su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. En esa Pascua, el Hijo llevar&aacute; a cumplimiento la obra del Padre con el poder del Esp&iacute;ritu Santo. As&iacute; como al principio de los tiempos Dios dio vida al ser desde la nada, as&iacute; en la plenitud de los tiempos rescata toda vida de la muerte que destruye la creaci&oacute;n.</p> 
<p>De esta redenci&oacute;n derivan la alegr&iacute;a de la fe y la fuerza de nuestro testimonio, en todo lugar y en todo tiempo. En la historia de Jes&uacute;s se resume la historia de todos nosotros, empezando por los m&aacute;s peque&ntilde;os y oprimidos. A&uacute;n hoy, &iexcl;cu&aacute;ntos c&aacute;lculos se hacen en el mundo para matar inocentes; cu&aacute;ntas falsas razones se esgrimen para quitarlos del medio! Sin embargo, frente a la persistencia del mal, est&aacute; la eterna justicia de Dios, que siempre nos rescata de nuestros sepulcros, como hizo con L&aacute;zaro, y nos da vida nueva. El Se&ntilde;or libera del dolor infundiendo esperanza, convierte la dureza del coraz&oacute;n transformando el poder en servicio, precisamente mientras manifiesta el verdadero nombre de su omnipotencia: misericordia. Es la misericordia la que salva al mundo; se hace cargo de toda existencia humana, en cada una de sus fragilidades, desde que es concebida en el seno materno hasta que envejece. Como nos ha ense&ntilde;ado el Papa Francisco, la cultura de la misericordia rechaza la cultura del descarte.</p> 
<p>La voz de los profetas, que hemos escuchado, atestigua c&oacute;mo Dios realiza su plan de salvaci&oacute;n. En la primera lectura, Ezequiel anuncia que la obra divina empieza como liberaci&oacute;n (<i>Ez</i>&nbsp;37,23) y se cumple como santificaci&oacute;n del pueblo (cf. v. 28). Es un itinerario de conversi&oacute;n, justamente como el que estamos viviendo durante la Cuaresma. Se trata de una iniciativa que nos involucra, no privada ni individual, que transforma nuestras relaciones con Dios y con el pr&oacute;jimo.</p> 
<p>La liberaci&oacute;n asume principalmente la forma de una purificaci&oacute;n de los “&iacute;dolos inmundos” (cf. v. 23). &iquest;Qu&eacute; son? Con este t&eacute;rmino, el profeta indica todo aquello que esclaviza el coraz&oacute;n, que lo compra y lo corrompe. La palabra &iacute;dolo significa “peque&ntilde;a idea”, es decir, una visi&oacute;n reducida, que empeque&ntilde;ece no s&oacute;lo la gloria del Omnipotente, transform&aacute;ndolo en un objeto, sino tambi&eacute;n la mente del hombre. Los id&oacute;latras son, pues, personas cortas de vista; miran lo que cautiva sus ojos, obnubil&aacute;ndolos. Y de ese modo, incluso las cosas grandes y buenas de esta tierra se convierten en &iacute;dolos, transform&aacute;ndose en formas de esclavitud no para el que no las tiene, sino para el que se atiborra de ellas, dejando al pr&oacute;jimo en la miseria y en la tristeza. La emancipaci&oacute;n de los &iacute;dolos es entonces liberaci&oacute;n de un poder que se ha hecho predominio, de la riqueza que degrada en codicia, de la belleza maquillada de vanidad.</p> 
<p>Dios no nos abandona en estas tentaciones, sino que socorre al hombre d&eacute;bil y triste, que cree que los &iacute;dolos del mundo son los que pueden salvarle la vida. Como ense&ntilde;a san Agust&iacute;n, &laquo;se libra el hombre por la fe en Aquel que para levantarlo le dio ejemplo de tan gran humildad&raquo; (<i>De civitate Dei</i>, VII, 33). Este ejemplo es la misma vida de Jes&uacute;s, Dios hecho hombre para nuestra salvaci&oacute;n. M&aacute;s que castigarnos, &Eacute;l destruye el mal con su amor, cumpliendo una solemne promesa: &laquo;Los purificar&eacute;: ellos ser&aacute;n mi Pueblo y yo ser&eacute; su Dios&raquo; (<i>Ez</i>&nbsp;37,23). El Se&ntilde;or cambia la historia del mundo llam&aacute;ndonos de la idolatr&iacute;a a la fe verdadera, de la muerte a la vida.</p> 
<p>Por eso, queridos hermanos y hermanas, frente a las numerosas injusticias que destruyen a los pueblos y a la guerra que azota a las naciones, se eleva constantemente la voz del profeta Jerem&iacute;as, proclamada hoy como salmo: &laquo;Yo cambiar&eacute; su duelo en alegr&iacute;a, los alegrar&eacute; y consolar&eacute; de su aflicci&oacute;n&raquo;<i>&nbsp;</i>(<i>Jer</i>&nbsp;31,13). La purificaci&oacute;n de la idolatr&iacute;a, que hace a los hombres esclavos de otros hombres, se realiza como santificaci&oacute;n, don de gracia que hace a los hombres hijos de Dios, hermanos y hermanas entre s&iacute;. Este don ilumina nuestro presente, porque las guerras que lo ensangrientan son fruto de la idolatr&iacute;a del poder y del dinero. Cada vida truncada es una herida al cuerpo de Cristo. &iexcl;No nos acostumbremos al estruendo de las armas ni a las im&aacute;genes de guerra! La paz no es un mero equilibrio de fuerzas; es obra de corazones purificados, de quienes ven en el otro a un hermano al que cuidar, no a un enemigo al que abatir.</p> 
<p>La Iglesia en M&oacute;naco est&aacute; llamada a dar testimonio viviendo en la paz y en la bendici&oacute;n de Dios. Por tanto, queridos hermanos, hagan felices a muchos con su fe, manifestando la alegr&iacute;a aut&eacute;ntica, que no se obtiene como un premio, sino que se comparte con la caridad. Fuente de esta alegr&iacute;a es el amor de Dios: amor por la vida naciente y fr&aacute;gil, que ha de acogerse y cuidarse siempre; amor por la vida joven y anciana, que hay que animar en las pruebas de cada etapa; amor por la vida sana y enferma, a veces sola, siempre necesitada de ser acompa&ntilde;ada con esmero. Que la Virgen Mar&iacute;a, su Patrona, los ayude a ser lugar de acogida, de dignidad para los peque&ntilde;os y los pobres, de desarrollo integral e inclusivo.</p> 
<p>En la larga Cuaresma del mundo, mientras el mal arrasa y la idolatr&iacute;a vuelve indiferentes los corazones, el Se&ntilde;or prepara su Pascua. El signo de este acontecimiento es el hombre; es L&aacute;zaro, llamado desde el sepulcro; somos nosotros, pecadores perdonados; es el Crucificado Resucitado, autor de la salvaci&oacute;n. &Eacute;l es &laquo;el Camino, la Verdad y la Vida&raquo; (<i>Jn</i>&nbsp;14,6), que sostiene nuestro peregrinar y la misi&oacute;n de la Iglesia en el mundo: dar la vida de Dios. Tarea sublime e imposible, sin dar nuestra vida al pr&oacute;jimo. Tarea apasionante y fecunda, cuando el Evangelio ilumina nuestros pasos.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Viaje Apostólico al Principado de Mónaco: Encuentro con los Jóvenes y los Catecúmenos en la zona frente a la Iglesia de Santa Devota (28 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 28 Mar 2026 11:45:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260328-principato-dimonaco-giovani.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260328-principato-dimonaco-giovani.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 28 Mar 2026 13:41:24 +0100 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas,<br /> queridos j&oacute;venes,<br /> queridos amigos, &iexcl;buenos d&iacute;as!:</i></p> 
<p>Estoy feliz de estar aqu&iacute; con ustedes, y los saludo cordialmente. Agradezco al Arzobispo las palabras que me ha dirigido.</p> 
<p>Como se ha se&ntilde;alado, la iglesia en la que nos encontramos est&aacute; dedicada a santa Devota, patrona del Principado de M&oacute;naco; una joven valiente que supo dar testimonio de su fe frente a la violencia de sus perseguidores, hasta llegar al martirio. Su cuerpo, procedente de C&oacute;rcega, lleg&oacute; providencialmente hasta aqu&iacute;, a lo que hoy es la costa monegasca. Quer&iacute;an aniquilarla, borrar todo recuerdo suyo y, en cambio, su sacrificio llev&oacute; a&uacute;n m&aacute;s lejos el mensaje de paz y amor del Evangelio. Esto nos ayuda a reflexionar sobre el hecho de que el bien es m&aacute;s fuerte que el mal, incluso cuando, en ocasiones, parece que por el momento vaya perdiendo. No s&oacute;lo eso, tambi&eacute;n nos recuerda que el testimonio de la fe es una semilla que puede alcanzar y fecundar corazones y lugares lejanos, mucho m&aacute;s all&aacute; de nuestras expectativas y posibilidades.</p> 
<p>Recientemente, en esta iglesia, dedicada a la memoria de la santa m&aacute;rtir Devota se ha sumado la de san Carlo Acutis, otro joven enamorado de Jes&uacute;s, fiel a su amistad con Cristo hasta el final, aunque en tiempos y modalidades completamente diferentes: en la caridad, en el apostolado en internet —del cual lo veneramos como patrono— y, por &uacute;ltimo, en la enfermedad.</p> 
<p>Queridos j&oacute;venes, estos dos santos nos animan y nos impulsan a imitarlos. De hecho, tambi&eacute;n hoy, como se ha recordado, la fe se enfrenta a desaf&iacute;os y obst&aacute;culos, pero nada puede empa&ntilde;ar su belleza y su verdad. Prueba de ello son los numerosos hombres y mujeres de todas las edades que, cada vez en mayor n&uacute;mero, desean conocer al Se&ntilde;or y piden el Bautismo.</p> 
<p>En sus testimonios han hablado de todo esto. Benjamin, a quien agradezco lo que ha compartido, pregunta c&oacute;mo hacer para no alejarse de s&iacute; mismo, de los dem&aacute;s y de Dios por las distracciones de un mundo —el nuestro— en constante cambio. Su pregunta es importante y se refiere a un aspecto fundamental de la vida cristiana: la vitalidad de la relaci&oacute;n con Cristo y, en ella, el sentido de unidad que se crea en nosotros mismos y con los dem&aacute;s. Al respecto, un gran formador de j&oacute;venes dijo que “la ra&iacute;z de la unidad de vida est&aacute; en el coraz&oacute;n, […] es un hecho del coraz&oacute;n, es un don de Dios, que hay que pedir con humildad” (cf. C.M. Martini, <i>Da Betlemme al cuore dell’uomo</i>, 2013).</p> 
<p>Las &eacute;pocas moderna y posmoderna nos han enriquecido con muchas cosas buenas, que nos ofrecen est&iacute;mulos y posibilidades antes desconocidas y en muchos &aacute;mbitos: desde el cultural hasta el m&eacute;dico y de la salud, desde el t&eacute;cnico hasta el de la comunicaci&oacute;n. Sin embargo, tambi&eacute;n nos plantean importantes desaf&iacute;os que no podemos ignorar y que debemos afrontar con lucidez y conciencia. Como dijo Benjamin, vivimos en un mundo que parece ir siempre de prisa, &aacute;vido de novedades, amante de una fluidez sin v&iacute;nculos, marcado por una necesidad casi compulsiva de cambios continuos: en las modas, en la apariencia, en las relaciones, en las ideas e incluso en dimensiones constitutivas de la identidad de la persona.</p> 
<p>Pero lo que da solidez a la vida es el amor; la experiencia fundamental del amor de Dios, ante todo, y luego, por extensi&oacute;n, la experiencia iluminadora y sagrada del amor mutuo. Y amarse rec&iacute;procamente, si por un lado requiere estar abiertos a crecer y, por lo tanto, a cambiar, por otro exige fidelidad, constancia y disposici&oacute;n al sacrificio en la vida cotidiana. S&oacute;lo as&iacute; la inquietud encuentra paz ―<b>nosotros tambi&eacute;n anhelamos la paz</b>― y se llena el vac&iacute;o interior del que hablaba Andreia, no con cosas materiales y pasajeras, ni siquiera con el reconocimiento de miles de “me gusta”, o con afiliaciones condicionantes, artificiales, a veces incluso violentas. Hay que despejar la puerta del coraz&oacute;n de estas cosas, para que el aire sano y oxigenante de la gracia pueda volver a refrescar y revitalizar sus habitaciones, y para que el fuerte viento del Esp&iacute;ritu Santo pueda volver a henchir las velas de nuestra existencia, impuls&aacute;ndola hacia la verdadera felicidad.</p> 
<p>Todo esto, queridos amigos, requiere oraci&oacute;n, momentos de silencio y de escucha, para acallar el frenes&iacute; del hacer y del decir, de los mensajes, los <i>reels</i> y los chats, y para profundizar y saborear la belleza de estar juntos de verdad y de manera concreta. San Carlo Acutis, a este respecto, hablaba de la Eucarist&iacute;a como la “autopista hacia el Cielo” y de la Adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica como de un ba&ntilde;o de sol, capaz de broncear el alma.</p> 
<p>Quiz&aacute;s esta podr&iacute;a ser tambi&eacute;n una respuesta a la pregunta de Ethan sobre la preparaci&oacute;n para recibir el Bautismo la noche de Pascua: es necesario vivir la Semana Santa en la contemplaci&oacute;n de los misterios de la Pasi&oacute;n, en un clima propicio para escuchar la voz del Esp&iacute;ritu y lo que ocurre en el propio coraz&oacute;n, convirti&eacute;ndola en una ocasi&oacute;n para una serena y profunda revisi&oacute;n de la propia vida, pasada y presente.</p> 
<p>Y si esto es importante para la vida espiritual y la oraci&oacute;n, lo mismo vale para el ejercicio de la caridad. Ethan preguntaba c&oacute;mo podemos dar testimonio del don de la vida que recibimos en Cristo; y Sophie se preguntaba c&oacute;mo ser testigos de esperanza para quienes, marcados por el sufrimiento, corren el riesgo de perder la luz y el consuelo de la fe. Ante los desaf&iacute;os, Jes&uacute;s nos recomend&oacute;: &laquo;Cuando los entreguen, no se preocupen de c&oacute;mo van a hablar o qu&eacute; van a decir […]. No ser&aacute;n ustedes los que hablar&aacute;n, sino que el Esp&iacute;ritu de su Padre hablar&aacute; en ustedes&raquo; (<i>Mt</i> 10,19-20). Se refer&iacute;a a las persecuciones sufridas por el Evangelio, pero podemos aplicar sus palabras a cualquier circunstancia en la que la caridad nos pida afrontar una prueba importante para nosotros y para los dem&aacute;s. Las palabras y los gestos del testimonio y de la esperanza no se improvisan ni proceden de nosotros mismos: nacen de una relaci&oacute;n profunda con Dios, en la que nosotros mismos encontramos las respuestas fundamentales de la vida. Si el canal de su acci&oacute;n en nosotros est&aacute; abierto, y si tambi&eacute;n lo est&aacute; el intercambio rec&iacute;proco, con el cual hacemos de esa relaci&oacute;n de amor un don com&uacute;n y compartido, podemos confiar en que las palabras adecuadas y la fuerza necesaria para actuar vendr&aacute;n en el momento oportuno.</p> 
<p>En este sentido, podr&iacute;amos interpretar tambi&eacute;n la hermosa, aunque a veces malinterpretada, frase de san Agust&iacute;n: &laquo;Ama y haz lo que quieras&raquo; (<i>Homil&iacute;a s&eacute;ptima sobre la primera carta de san Juan a los partos</i>, 7, 8). Ama, es decir, s&eacute; un don gratuito para Dios y para los dem&aacute;s; s&eacute; cercano, no te alejes, incluso cuando no puedas resolver todos los problemas ni arreglar todas las dificultades. Permanece all&iacute;, con amor y con fe. M&oacute;naco es un pa&iacute;s hermoso, pero la verdadera belleza la llevas dentro de ti, cuando sabes mirar a los ojos a quien sufre o a quien se siente invisible entre las luces de la ciudad.</p> 
<p>As&iacute; fue como santa Devota encontr&oacute; la fuerza para entregar su vida por completo, y as&iacute; fue como san Carlo Acutis vivi&oacute; su camino hacia la santidad, dejando un sendero de luz incluso en el mundo del ciberespacio.</p> 
<p>Queridos j&oacute;venes, no tengan miedo de entregarlo todo —su tiempo, sus energ&iacute;as— a Dios y a los hermanos, de entregarse por completo al Se&ntilde;or y a los dem&aacute;s. S&oacute;lo as&iacute; encontrar&aacute;n un gozo siempre nuevo y un sentido cada vez m&aacute;s profundo en la vida. El mundo necesita de su testimonio para superar las derivas de nuestro tiempo y afrontar sus desaf&iacute;os, y sobre todo para redescubrir el buen sabor del amor a Dios y al pr&oacute;jimo.</p> 
<p>A ustedes, j&oacute;venes catec&uacute;menos que se preparan para el Bautismo, y a ustedes que ya han recibido ese don de la gracia, les conf&iacute;o mi m&aacute;s cordial deseo: que puedan vivir en Cristo una vida plena y aut&eacute;ntica; que puedan ser, por el bien de todos, en la fe, la esperanza, la justicia y la caridad; constructores de paz. Ustedes son el rostro joven de esta Iglesia y de este Estado. M&oacute;naco es un pa&iacute;s peque&ntilde;o, pero puede ser un gran taller de solidaridad, una ventana a la esperanza. Lleven el Evangelio a las decisiones de su trabajo, a su compromiso social y pol&iacute;tico, para dar voz a quienes no la tienen, difundiendo la cultura del cuidado. Hagan que todo sea un don de ustedes para Dios y v&iacute;vanlo todo como una misi&oacute;n, que los quiere a los unos y a los otros como amigos en Cristo y fieles compa&ntilde;eros de camino.</p> 
<p>Los encomiendo a la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, nuestra Madre, de santa Devota y de san Carlo Acutis. Y les imparto de todo coraz&oacute;n mi bendici&oacute;n.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Viaje Apostólico al Principado de Mónaco: Encuentro con la Comunidad Católica en la Catedral de la Inmaculada Concepción (28 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 28 Mar 2026 11:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260328-principato-dimonaco-cattolici.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260328-principato-dimonaco-cattolici.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 28 Mar 2026 11:45:24 +0100 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Ante Dios y en presencia de Dios tenemos un abogado: Jesucristo, el justo (cf.&nbsp;<i>1</i>&nbsp;<i>Jn</i>&nbsp;2,1-2). Con estas palabras, el ap&oacute;stol Juan nos ayuda a captar el misterio de la salvaci&oacute;n. En nuestra fragilidad, cargados con el peso del pecado que marca nuestra humanidad, incapaces de abrazar con nuestras solas fuerzas la plenitud de la vida y de la felicidad, hemos sido alcanzados por Dios mismo por medio de su Hijo Jesucristo. &Eacute;l —afirma el Ap&oacute;stol—, como v&iacute;ctima de expiaci&oacute;n, carg&oacute; sobre s&iacute; el mal del hombre y del mundo, lo llev&oacute; con nosotros y por nosotros, pas&oacute; por &eacute;l transform&aacute;ndolo y liber&aacute;ndonos para siempre.</p> 
<p>Cristo es el centro din&aacute;mico, el coraz&oacute;n de nuestra fe, y es a partir de esta centralidad que quisiera dirigirme a ustedes, mientras saludo cordialmente a Su Alteza el Pr&iacute;ncipe Alberto, a Su Excelencia Mons. Dominique-Marie David, a los sacerdotes y a los religiosos y religiosas presentes, expresando a todos ustedes la alegr&iacute;a de estar aqu&iacute; y de compartir su camino eclesial.</p> 
<p>Contemplando a Cristo como “abogado”, en referencia a la lectura que hemos escuchado, quisiera ofrecerles algunas reflexiones.</p> 
<p>La primera se refiere al don de la&nbsp;<i>comuni&oacute;n</i>. Jesucristo, el justo, intercediendo por la humanidad ante el Padre, nos reconcilia con &Eacute;l y entre nosotros. &Eacute;l no viene para realizar un juicio condenatorio, sino para ofrecer a todos su misericordia que purifica, sana, transforma y nos hace parte de la &uacute;nica familia de Dios. Su talante compasivo y misericordioso lo convierte en “abogado” para defensa de los pobres y de los pecadores, ciertamente no para secundar el mal, sino para liberarlos de la opresi&oacute;n y de la esclavitud y hacerlos hijos de Dios y hermanos entre s&iacute;. No es casualidad que los gestos realizados por Jes&uacute;s no se limiten a la curaci&oacute;n f&iacute;sica o espiritual de la persona, sino que tambi&eacute;n comprendan una importante dimensi&oacute;n social y pol&iacute;tica; la persona sanada es reintegrada, con toda su dignidad, a la comunidad humana y religiosa de la cual, a menudo precisamente por su condici&oacute;n de enfermedad o de pecado, hab&iacute;a sido excluida.</p> 
<p>Esta comuni&oacute;n es el signo por excelencia de la Iglesia, llamada a ser en el mundo reflejo del amor de Dios que no hace acepci&oacute;n de personas (cf.&nbsp;<i>Hch</i>&nbsp;10,34). En este sentido, quisiera decir que la Iglesia, aqu&iacute; en el Principado de M&oacute;naco, posee una gran riqueza: ser un lugar, una realidad en la que todos encuentran acogida y hospitalidad, en esa mezcla social y cultural que es un rasgo t&iacute;pico de ustedes. El Principado de M&oacute;naco, en efecto, es un peque&ntilde;o estado habitado, sin embargo, de manera variada por monegascos, franceses, italianos y personas de muchas otras nacionalidades. Un peque&ntilde;o estado cosmopolita, en el que a la variedad de procedencias se asocian tambi&eacute;n otras diferencias de tipo socioecon&oacute;mico. En la Iglesia, tales diferencias nunca se convierten en ocasi&oacute;n de divisi&oacute;n en clases sociales; al contrario, todos son acogidos en cuanto personas e hijos de Dios, y todos son destinatarios de un don de gracia que impulsa la comuni&oacute;n, la fraternidad y el amor rec&iacute;proco. Este es el don que proviene de Cristo, nuestro abogado ante el Padre. En efecto, todos hemos sido bautizados en &Eacute;l y, por eso, afirma san Pablo, &laquo;ya no hay jud&iacute;o ni pagano, esclavo ni hombre libre, var&oacute;n ni mujer, porque todos ustedes no son m&aacute;s que uno en Cristo Jes&uacute;s&raquo; (<i>Ga</i>&nbsp;3,28).</p> 
<p>No obstante, me parece necesario subrayar un segundo aspecto:&nbsp;<i>el anuncio del Evangelio en defensa del hombre</i>. Deseando que todos acojan la buena noticia del amor del Padre, Jes&uacute;s se coloca como “abogado” principalmente para defensa de aquellos que eran considerados abandonados por Dios y que son juzgados como olvidados y marginados, haci&eacute;ndose voz y rostro del Dios misericordioso que &laquo;otorga el derecho a los oprimidos&raquo; (<i>Sal</i>&nbsp;103,6).</p> 
<p>Pienso entonces en una Iglesia llamada a hacerse “abogada”, es decir, a defender al hombre: al hombre en su integridad y a todos los seres humanos. Se trata de un camino de discernimiento cr&iacute;tico y prof&eacute;tico orientado a promover un &laquo;“desarrollo integral” de la humanidad, que respete su dignidad e identidad aut&eacute;nticas, as&iacute; como su fin &uacute;ltimo, el cual remite a un misterio de comuni&oacute;n plena con el Dios Trinidad y entre nosotros&raquo; (Comisi&oacute;n Teol&oacute;gica Internacional,&nbsp;<i><a href="https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_doc_20260304_quo-vadis-humanits_sp.html#Capitulo_I_el_desarrollo">Quo vadis, humanitas?</a></i>, 22).&nbsp;</p> 
<p>Este es el primer servicio que el anuncio del Evangelio debe prestar: iluminar a la persona humana y a la sociedad para que, a la luz de Cristo y de su Palabra, descubran su propia identidad, el significado de la vida humana, el valor de las relaciones y de la solidaridad social, el fin &uacute;ltimo de la existencia y el destino de la historia.</p> 
<p>A este respecto, deseo animarlos a prestar un servicio apasionado y generoso en la evangelizaci&oacute;n. Anuncien el Evangelio de la vida, de la esperanza y del amor; lleven a todos la luz del Evangelio para que sea defendida y promovida la vida de todo hombre y de toda mujer desde su concepci&oacute;n hasta su fin natural; ofrezcan nuevos mapas de orientaci&oacute;n capaces de frenar aquellos impulsos del secularismo que corren el riesgo de reducir al hombre al individualismo y de fundar la vida social sobre la producci&oacute;n de la riqueza.</p> 
<p>Es importante que el anuncio del Evangelio y las formas de la fe, tan arraigadas en la identidad y sociedad de ustedes, se preserven del riesgo de reducirse a costumbre, aunque sea buena. Una fe viva es siempre prof&eacute;tica, capaz de suscitar preguntas y ofrecer provocaciones: &iquest;estamos realmente defendiendo al ser humano? &iquest;Estamos protegiendo la dignidad de la persona en la protecci&oacute;n de la vida en todas sus fases? &iquest;Es realmente justo y est&aacute; inspirado en la solidaridad el modelo econ&oacute;mico y social vigente? &iquest;Ese modelo est&aacute; habitado por la &eacute;tica de la responsabilidad, que nos ayuda a ir m&aacute;s all&aacute; de la &laquo;l&oacute;gica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en s&iacute; mismo&raquo; (Benedicto XVI, Carta enc.&nbsp;<i><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html">Caritas in veritate</a></i>, 38), para construir una sociedad m&aacute;s justa?</p> 
<p>Queridos amigos, mantener la mirada fija en Jesucristo, nuestro abogado ante el Padre, genera una fe arraigada en la relaci&oacute;n personal con &Eacute;l, una fe que se hace testimonio, capaz de transformar la vida y renovar la sociedad. Esta fe necesita ser anunciada con instrumentos y lenguajes nuevos, tambi&eacute;n digitales, y todos deben ser introducidos y formados en ella con continuidad y creatividad. Esto vale en particular para aquellos que se est&aacute;n abriendo al encuentro con Dios —los catec&uacute;menos— y para los que vuelven a comenzar, hacia quienes les pido tener una atenci&oacute;n particular.</p> 
<p>Que su santa patrona, la virgen y m&aacute;rtir Devota, los inspire con su ejemplo, y que Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, Virgen Inmaculada, interceda por ustedes y los gu&iacute;e siempre a lo largo de este camino.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Viaje Apostólico al Principado de Mónaco: Visita di cortesía a S. E. el Príncipe de Mónaco (Palacio del Príncipe de Mónaco, 28 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 28 Mar 2026 09:40:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260328-principato-dimonaco-saluto.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260328-principato-dimonaco-saluto.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 28 Mar 2026 10:47:05 +0100 --> <p><i>Alteza Seren&iacute;sima,<br /> queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Estoy contento de poder vivir esta jornada junto con ustedes y ser, as&iacute;, el primero entre los Sucesores del Ap&oacute;stol Pedro en visitar el Principado de M&oacute;naco en tiempos modernos, una ciudad-estado que se distingue por el v&iacute;nculo profundo que la une a la Iglesia de Roma y a la fe cat&oacute;lica.</p> 
<p>Su tierra, asomada al Mediterr&aacute;neo y ubicada entre los pa&iacute;ses fundadores de la unidad europea, posee en su independencia una vocaci&oacute;n al encuentro y al cuidado de la amistad social, hoy amenazados por un ambiente generalizado de cerraz&oacute;n y autosuficiencia. El don de la peque&ntilde;ez y una herencia espiritual viva comprometen su riqueza al servicio del derecho y de la justicia, especialmente en un momento hist&oacute;rico en el que la ostentaci&oacute;n de la fuerza y la l&oacute;gica de la prevaricaci&oacute;n perjudican al mundo y amenazan la paz. En la Biblia, como saben, los peque&ntilde;os marcan la historia. Las aut&eacute;nticas espiritualidades mantienen viva esta conciencia. Es necesario confiar en la providencia de Dios aun cuando predomina el sentido de impotencia o de insuficiencia, porque nosotros creemos que el Reino de Dios es semejante a una semilla min&uacute;scula que se convierte en &aacute;rbol (cf. <i>Mt</i> 13,31-32). Naturalmente, esta fe s&oacute;lo cambia el mundo si no evadimos nuestras responsabilidades hist&oacute;ricas.</p> 
<p>La composici&oacute;n plural de su comunidad hace de este pa&iacute;s un microcosmos, a cuyo bienestar contribuye una minor&iacute;a vivaz de personas locales y una mayor&iacute;a de ciudadanos procedentes de otros pa&iacute;ses del mundo. Entre ellos, no pocos ocupan cargos de considerable influencia en el &aacute;mbito econ&oacute;mico y financiero, muchos otros llevan adelante tareas de servicio, y numerosos son tambi&eacute;n los visitantes y turistas. Habitar aqu&iacute; representa para algunos un privilegio y, para todos, una llamada espec&iacute;fica a interrogarse sobre su lugar en el mundo.</p> 
<p>A los ojos de Dios, nada se recibe en vano. Como Jes&uacute;s sugiere en la par&aacute;bola de los talentos, cuanto nos ha sido confiado no debe enterrarse, sino que debe ponerse en circulaci&oacute;n y multiplicarse en el horizonte del Reino de Dios. Dicho horizonte es m&aacute;s amplio que el horizonte privado y no se refiere a un mundo ut&oacute;pico: el Reino de Dios, al que Jes&uacute;s ha consagrado su vida, est&aacute; cerca, porque est&aacute; en medio de nosotros y sacude las configuraciones injustas del poder, las estructuras de pecado que excavan abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y descartados, entre amigos y enemigos. Cada talento, cada oportunidad, cada bien depositado en nuestras manos tiene un destino universal, una exigencia intr&iacute;nseca de no ser retenido, sino redistribuido, para que la vida de todos sea mejor. Por eso Jes&uacute;s nos ense&ntilde;&oacute; a rezar: &laquo;Danos hoy nuestro pan de cada d&iacute;a&raquo; (<i>Mt</i> 6,11); y al mismo tiempo nos dice: &laquo;Busquen primero el Reino y su justicia&raquo; (<i>Mt</i> 6,33). Esta l&oacute;gica de libertad y de compartir est&aacute; en el fundamento de la par&aacute;bola del juicio universal, que tiene a los pobres en el centro: el Cristo juez, que se sienta en el trono, se identifica con cada uno de ellos (cf. <i>Mt</i> 25,31-46).</p> 
<p>La fe cat&oacute;lica —ustedes son de los pocos pa&iacute;ses del mundo que la tienen como religi&oacute;n de estado— nos sit&uacute;a ante la soberan&iacute;a de Jes&uacute;s, que compromete a los cristianos a ser en el mundo un reino de hermanos y hermanas, una presencia que no aplasta, sino que libera; que no separa, sino que une; dispuesta a proteger siempre con amor toda vida humana, en cualquier momento y condici&oacute;n, para que nadie sea excluido jam&aacute;s de la mesa de la fraternidad. Es la perspectiva de la ecolog&iacute;a integral, que s&eacute; que es muy importante para ustedes. Encomiendo al Principado de M&oacute;naco, por el v&iacute;nculo tan profundo que lo une a la Iglesia de Roma, el compromiso especial de profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia y elaborar buenas pr&aacute;cticas locales e internacionales que manifiesten su fuerza transformadora. Incluso en una cultura poco religiosa, muy secularizada, el modo de abordar los problemas t&iacute;picos del Magisterio social puede revelar a nuestro tiempo —un tiempo en el cual a muchas personas les resulta dif&iacute;cil esperar— la gran luz que viene del Evangelio.</p> 
<p>Gracias a una fe antigua ser&aacute;n, as&iacute;, expertos en las cosas nuevas; no tanto persiguiendo los bienes que pasan, a menudo novedades que envejecen en una temporada, cuanto hall&aacute;ndose preparados de frente a desaf&iacute;os sin precedentes, que s&oacute;lo se afrontan con un coraz&oacute;n libre y con una inteligencia iluminada. &laquo;Ustedes comprenden muy bien —dec&iacute;a san Pablo VI en el 75&ordm; aniversario de la <i>Rerum novarum</i>— que para caminar se necesita la luz, para promover un progreso social se necesita una doctrina […]; es el pensamiento el que gu&iacute;a la vida; y si el pensamiento refleja la verdad —la verdad sobre el hombre, sobre el mundo, sobre la historia, sobre las cosas—, entonces el camino se puede continuar de manera directa y &aacute;gil; de lo contrario, el camino se hace lento, incierto, duro o aberrante&raquo;. <a name="_ftnref1" href="#_ftn1" class=" cleaner">[1]</a>&nbsp;&iexcl;Son palabras muy actuales! Por eso, invoquemos a Mar&iacute;a, Trono de la Sabidur&iacute;a y Causa de nuestra alegr&iacute;a, para que siempre nos conduzca con la mente, el coraz&oacute;n y las decisiones hacia Cristo, Pr&iacute;ncipe de la paz.</p> 
<p><i>Pax vobis! </i>&iexcl;Que la paz est&eacute; con ustedes!</p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p>&nbsp;</p> 
<hr align="left" size="1" width="33%" /> 
<p><a name="_ftn1" href="#_ftnref1" class=" cleaner">[1]</a>&nbsp;S. Pablo VI, <i>Homil&iacute;a en el LXXV aniversario de la Enc&iacute;clica “Rerum Novarum”</i> (22 mayo 1966).</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Viaje apostólico del Santo Padre al Principado de Mónaco (28 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 28 Mar 2026 07:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/travels/2026/documents/principato-di-monaco-28marzo2026.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/travels/2026/documents/principato-di-monaco-28marzo2026.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 28 Mar 2026 17:38:34 +0100 --> <ul> 
 <li><b><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/3/28/viaggio-principato-monaco.html">Multimedia</a></b></li> 
 <li><a href="https://www.vatican.va/content/dam/liturgy/pdf/2026/20260328-messale-monaco.pdf"><b>Misal para el Viaje Apost&oacute;lico</b></a></li> 
 <li><b><a href="https://www.vatican.va/content/photogallery/es/eventi/principato-monaco2026.html">Galer&iacute;a de fotos&nbsp;</a></b></li> 
</ul> 
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="0" width="705"> 
 <tbody>
  <tr>
   <td width="705" colspan="3" valign="top"><p><b>&nbsp;</b></p> <p><b>ROMA – M&Oacute;NACO</b></p> </td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>07:00</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p>Salida en helic&oacute;ptero desde el helipuerto de la Ciudad del Vaticano hacia M&oacute;naco</p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>09:00</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p>Llegada al helipuerto de M&oacute;naco</p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top">&nbsp;</td> 
   <td width="484" valign="top"><p><b><a href="https://www.youtube.com/watch?v=lKw0qcwHDw4">RECEPCI&Oacute;N OFICIAL</a></b></p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>09:25</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p><b>CEREMONIA DE BIENVENIDA </b>en el<b> </b>Palacio del Pr&iacute;ncipe de M&oacute;naco</p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>09:40</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p><b><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/3/28/principato-dimonaco-saluto.html">VISITA DI CORTES&Iacute;A A S. E. EL PR&Iacute;NCIPE DE M&Oacute;NACO</a></b></p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>11:00</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p><b><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/3/28/principato-dimonaco-cattolici.html">ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD CAT&Oacute;LICA</a>&nbsp;</b>en la<b> </b>Catedral de la Inmaculada Concepci&oacute;n</p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>11:45</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p><b><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/3/28/principato-dimonaco-giovani.html">ENCUENTRO CON LOS J&Oacute;VENES Y LOS CATEC&Uacute;MENOS</a> </b>en la zona frente a la Iglesia de Santa Devota</p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>15:30</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p><b><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/3/28/principato-dimonaco-messa.html">SANTA MISA</a>&nbsp;</b>en el<b> </b>Estadio <i>Louis II</i></p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>17:35</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p><b><a href="https://www.youtube.com/watch?v=CkWZL7un1_A">DESPEDIDA OFICIAL</a>&nbsp;</b>en el helipuerto de M&oacute;naco</p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>17:45</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p>Salida en helic&oacute;ptero desde el helipuerto de M&oacute;naco hacia la Ciudad del Vaticano</p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="50" valign="top"><p>19:45</p> </td> 
   <td width="484" valign="top"><p>Llegada al helipuerto dela Ciudad del Vaticano</p> </td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
   <td width="171" valign="top">&nbsp;</td> 
  </tr>
 </tbody>
</table> 
<p>&nbsp;</p> 
<table cellspacing="0" cellpadding="0" border="0" width="295"> 
 <tbody>
  <tr>
   <td width="295" valign="top" colspan="2"><b><i>Fuso orario</i></b></td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="196" valign="top" height="21">&nbsp;</td> 
   <td width="99" valign="top" height="21">&nbsp;</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="196" valign="top">Citt&agrave; del Vaticano:</td> 
   <td width="99" valign="top">+1h UTC</td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="196" valign="top">Principato di Monaco:</td> 
   <td width="99" valign="top">+1h UTC</td> 
  </tr>
 </tbody>
</table>]]></description></item><item><title><![CDATA[A los Participantes en el Encuentro promovido por el Centro Nacional italiano de Trasplantes (26 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Thu, 26 Mar 2026 12:30:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260326-cnt.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260326-cnt.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 26 Mar 2026 15:07:27 +0100 --> <p>En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo.</p> 
<p>&iexcl;La paz est&eacute; con ustedes!</p> 
<p><i>Excelencia,<br /> Se&ntilde;or Ministro,<br /> Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores, &iexcl;bienvenidos y gracias por su paciencia!</i></p> 
<p>Estoy contento de recibirlos con motivo de los Estados Generales de la Red Nacional de Trasplantes, y agradezco a la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/romancuria/es/istituzioni-collegate-con-la-santa-sede/pontificia-academia-provita/profilo.html">Pontificia Academia para la Vida</a>&nbsp;que acompa&ntilde;a este importante sector. Su presencia da testimonio del compromiso de tantos trabajadores de la salud, profesionales y voluntarios, que, con competencia y dedicaci&oacute;n, est&aacute;n al servicio de la vida humana en los momentos de mayor fragilidad.</p> 
<p>Ustedes conmemoran un aniversario importante: hace setenta a&ntilde;os tuvo lugar la primera donaci&oacute;n en Italia, cuando el Beato don Carlo Gnocchi pidi&oacute; que sus c&oacute;rneas fueran extra&iacute;das tras su muerte y trasplantadas a dos j&oacute;venes a quienes asist&iacute;a en su Obra, quienes pudieron volver a ver. Ese gesto, realizado en un contexto a&uacute;n carente de una normativa espec&iacute;fica, suscit&oacute; una amplia reflexi&oacute;n en la sociedad italiana y contribuy&oacute; a iniciar un proceso de definici&oacute;n legislativa.</p> 
<p>Justo unas semanas despu&eacute;s de ese gesto del don Gnocchi, el papa&nbsp; <a href="https://www.vatican.va/content/pius-xii/es.html">P&iacute;o XII</a>&nbsp;ofreci&oacute; una primera orientaci&oacute;n moral sobre estos temas, reconociendo la licitud de la extracci&oacute;n con fines terap&eacute;uticos, respetando la dignidad del cuerpo humano y los derechos de las personas involucradas. <a name="_ftnref1" href="#_ftn1" class=" cleaner">[1]</a> Desde el principio, por lo tanto, la reflexi&oacute;n de la Iglesia ha acompa&ntilde;ado el desarrollo de la medicina de los trasplantes, reconociendo su valor e indicando, al mismo tiempo, los criterios &eacute;ticos necesarios.</p> 
<p>Desde entonces, un gran avance en la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y la dedicaci&oacute;n humana ha llevado a la Red de Trasplantes de Italia a resultados de gran relevancia grande, reconocidos a nivel internacional. Detr&aacute;s de estos resultados hay un patrimonio de competencias y tambi&eacute;n una cultura de responsabilidad y confianza que pide ser cuidada y apoyada.</p> 
<p><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es.html">San Juan Pablo II</a>, en la&nbsp; <a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html">Enc&iacute;clica&nbsp;<i>Evangelium vitae</i></a>, record&oacute; que entre los gestos que alimentan la cultura de la vida &laquo;merece especial reconocimiento la donaci&oacute;n de &oacute;rganos realizada de manera &eacute;ticamente aceptable&raquo; (n. 86). Se trata, de hecho, de una acci&oacute;n que une la generosidad del don a la responsabilidad moral que lo acompa&ntilde;a. El&nbsp; <i><a href="https://www.vatican.va/archive/ccc/index_sp.htm">Catequismo de la Iglesia Cat&oacute;lica</a></i>&nbsp;afirma, a su vez, que &laquo;la donaci&oacute;n de &oacute;rganos despu&eacute;s de la muerte es un acto noble y meritorio, que debe ser alentado como manifestaci&oacute;n de solidaridad generosa&raquo; (n. 2296), ricordando al mismo tiempo la necesidad del consentimiento y el respeto a la dignidad de la persona. Hay que estar siempre atentos para evitar cualquier forma de mercantilizaci&oacute;n del cuerpo humano y garantizar criterios justos y transparentes en los trasplantes.&nbsp; <a name="_ftnref2" href="#_ftn2" class=" cleaner">[2]</a></p> 
<p>La medicina de los trasplantes nos recuerda que la relaci&oacute;n de cuidado, de confianza y de responsabilidad mutua constituye una condici&oacute;n indispensable para que el trasplante pueda realizarse. La posibilidad misma de salvar vidas a trav&eacute;s de los trasplantes depende, de hecho, de la generosidad de los donantes. <a name="_ftnref3" href="#_ftn3" class=" cleaner">[3]</a></p> 
<p>El&nbsp; <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>&nbsp;ha subrayado que la donaci&oacute;n no se agota en su utilidad social, por muy importante que sea, sino que se configura como expresi&oacute;n de la fraternidad universal. Adem&aacute;s, ha reiterado que debe seguir siendo un acto gratuito, capaz de dar testimonio de una cultura de la ayuda, del don, de la esperanza y de la vida. <a name="_ftnref4" href="#_ftn4" class=" cleaner">[4]</a> Es un llamado m&aacute;s que valioso en una &eacute;poca en la que todo corre el riesgo de ser evaluado seg&uacute;n la l&oacute;gica del precio, de la eficiencia o del inter&eacute;s.</p> 
<p>Aprovecho a mi vez esta ocasi&oacute;n para alentar la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, que sigue abriendo perspectivas importantes para la medicina de los trasplantes. Esta est&aacute; llamada a desarrollar soluciones cada vez m&aacute;s eficaces para responder a la necesidad de &oacute;rganos y a las necesidades de los pacientes, en un contexto en el que la demanda sigue superando con creces la disponibilidad. Es necesario que ese compromiso vaya siempre acompa&ntilde;ado de una reflexi&oacute;n responsable, para que el progreso cient&iacute;fico siga orientado al bien integral de la persona y al respeto de su dignidad.</p> 
<p>A todos ustedes les expreso mi gratitud. Su trabajo es exigente y a menudo escondido, y requiere competencia y rigor y, al mismo tiempo, conciencia, equilibrio y un vivo sentido de la humanidad. En &eacute;l se entrelazan responsabilidades cl&iacute;nicas, decisiones delicadas y relaciones que tocan la vida de las personas en los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles. Sigan desempe&ntilde;&aacute;ndolo con fidelidad y dedicaci&oacute;n, teniendo siempre como referencia el bien del paciente.</p> 
<p>Por &uacute;ltimo, animo a las instituciones y al mundo del voluntariado a continuar con la labor de informaci&oacute;n y sensibilizaci&oacute;n, para que pueda crecer una cultura de la donaci&oacute;n cada vez m&aacute;s consciente, libre y compartida, capaz de reconocer en este gesto un signo de solidaridad, de fraternidad y de esperanza.</p> 
<p>Les deseo todo lo mejor por su compromiso asociativo e invoco sobre ustedes y sobre sus seres queridos la bendici&oacute;n del Se&ntilde;or. Gracias.</p> 
<p>[bendici&oacute;n]</p> 
<p>&iexcl;Gracias otra vez y mucha suerte en el trabajo!<b><i></i></b></p> 
<p>___________________<br /> </p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p><a name="_ftn1" href="#_ftnref1" class=" cleaner">[1]</a> Pio XII,&nbsp; <i>Discorso all’Associazione dei donatori di cornea e all’Unione Italiana Ciechi</i>&nbsp;(14 maggio 1956).</p> 
<p><a name="_ftn2" href="#_ftnref2" class=" cleaner">[2]</a> Cfr S. Juan Pablo II,&nbsp; <i><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/2000/jul-sep/documents/hf_jp-ii_spe_20000829_transplants.html">Discurso al XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes (29 de agosto de 2000</a></i>).</p> 
<p><a name="_ftn3" href="#_ftnref3" class=" cleaner">[3]</a> Benedicto XVI,&nbsp; <i><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2008/november/documents/hf_ben-xvi_spe_20081107_acdlife.html">Discurso a los participantes en el Congreso internacional sobre el tema: “Un don para la vida. Reflexiones sobre la donaci&oacute;n de &oacute;rganos”, promovido por la Pontificia Academia para la Vida (7 de noviembre de 2008</a></i>).</p> 
<p><a name="_ftn4" href="#_ftnref4" class=" cleaner">[4]</a> Cfr. Francisco,&nbsp; <i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/april/documents/papa-francesco_20190413_donazione-organi.html">Discurso a la Asociaci&oacute;n Italiana para la Donaci&oacute;n de &Oacute;rganos, Tejidos y C&eacute;lulas (13 de abril de 2019</a></i>).</p> 
<p>___________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/03/26.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 26 de marzo de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Audiencia general del 25 de marzo de 2026 - Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - II. Constitución dogmática Lumen gentium. 5. Sobre el fundamento de los Apóstoles. La Iglesia en su dimensión jerárquica]]></title><pubDate>Wed, 25 Mar 2026 10:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260325-udienza-generale.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260325-udienza-generale.html</guid><description><![CDATA[<!-- Wed, 25 Mar 2026 11:08:18 +0100 --> <p><b><b>Catequesis - Los Documentos del&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>&nbsp;- II.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica&nbsp;Lumen gentium</a>.&nbsp;<i>5. Sobre el fundamento de los Ap&oacute;stoles. La Iglesia en su dimensi&oacute;n jer&aacute;rquica</i></b></b></p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as y bienvenidos!</i></p> 
<p>Continuamos con las catequesis sobre los documentos del <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>, comentando la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen Gentium</a></i> sobre la Iglesia (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>). Despu&eacute;s de haberla presentado como pueblo de Dios, hoy consideraremos su forma jer&aacute;rquica.</p> 
<p>La Iglesia Cat&oacute;lica encuentra su fundamento en los ap&oacute;stoles, que Cristo quiso como columnas vivas de su Cuerpo m&iacute;stico; y posee una dimensi&oacute;n jer&aacute;rquica que obra al servicio de la unidad, de la misi&oacute;n y de la santificaci&oacute;n de todos sus miembros. Este Orden sacro est&aacute; permanentemente fundado sobre los ap&oacute;stoles (cfr. <i>Ef</i> 2,20; <i>Ap</i> 21,14) en cuanto testigos autorizados de la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s (cfr <i>At</i> 1,22; <i>1Cor</i> 15,7) y enviados por el Se&ntilde;or mismo en misi&oacute;n al mundo (cfr. <i>Mc</i> 16,15; <i>Mt</i> 28,19). Como los ap&oacute;stoles est&aacute;n llamados a custodiar fielmente las ense&ntilde;anzas salv&iacute;ficas del Maestro (cfr. <i>2Tm</i> 1,13-14), transmiten su ministerio a hombres que, hasta el retorno de Cristo, siguen santificando, guiando e instruyendo la Iglesia &laquo;gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral&raquo; (<i>CIC</i>, n. 857).</p> 
<p>El cap&iacute;tulo III de la <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen Gentium</a></i>,<b> </b>titulado <i>Constituci&oacute;n jer&aacute;rquica de la Iglesia, y particularmente del episcopado,</i> profundiza en esta sucesi&oacute;n apost&oacute;lica fundada en el Evangelio y en la Tradici&oacute;n. El Concilio ense&ntilde;a que la estructura jer&aacute;rquica no es una construcci&oacute;n humana que sirve para la organizaci&oacute;n interna de la Iglesia como cuerpo social (cfr. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 8), sino que es una instituci&oacute;n divina que tiene como finalidad perpetuar hasta el final de los tiempos la misi&oacute;n que Cristo dio a los ap&oacute;stoles.</p> 
<p>El hecho de que esta tem&aacute;tica se afronte en el cap&iacute;tulo III, despu&eacute;s de que en los dos primeros se ha contemplado la esencia verdadera y propia de la Iglesia (cfr. <i>Acta Synodalia</i> III/1, 209-210), no implica que la constituci&oacute;n jer&aacute;rquica sea un elemento sucesivo respecto al pueblo de Dios: como afirma el Decreto <i>Ad gentes</i>, &laquo;los Ap&oacute;stoles fueron los g&eacute;rmenes del nuevo Israel y, al mismo tiempo, origen de la sagrada Jerarqu&iacute;a&raquo; (n. 5), en cuanto comunidad de los redimidos por la Pascua de Cristo, establecida como medio de salvaci&oacute;n para el mundo.</p> 
<p>A fin de captar la intenci&oacute;n del Concilio, es oportuno leer bien el t&iacute;tulo del cap&iacute;tulo III de <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen Gentium</a></i>, que explicita la estructura fundamental de la Iglesia, recibida de Dios Padre mediante el Hijo y llevada a cumplimiento con la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. Los Padres conciliares no quisieron presentar los elementos institucionales de la Iglesia, como podr&iacute;a dar a entender el sustantivo “constituci&oacute;n” si se entiende en el sentido moderno. El documento se concentra, en cambio, en el &laquo;sacerdocio ministerial o jer&aacute;rquico&raquo;, que difiere &laquo;esencialmente y no s&oacute;lo en grado&raquo; del sacerdocio com&uacute;n de los fieles, y recuerda que &laquo;se ordenan el uno al otro, pues ambos participan a su manera del &uacute;nico sacerdocio de Cristo&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 10). As&iacute;, el Concilio trata el ministerio que se transmite a hombres que son investidos de <i>sacra potestas</i> (cfr. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 18) para el servicio en la Iglesia: se detiene, especialmente, en el episcopado (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 18-27), y luego en el presbiterado (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 28) y el diaconado (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 29) como grados del &uacute;nico sacramento del Orden.</p> 
<p>Con el adjetivo “jer&aacute;rquica”, por tanto, el Concilio quiere indicar el origen sacro del ministerio apost&oacute;lico en la acci&oacute;n de Jes&uacute;s, Buen Pastor, as&iacute; como sus relaciones internas. Los obispos, ante todo, y, a trav&eacute;s de ellos, los presb&iacute;teros y los di&aacute;conos, han recibido encargos (en lat&iacute;n, <i>munera</i>) que los llevan a estar al servicio de &laquo;todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios&raquo; para que &laquo;tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvaci&oacute;n&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 18).</p> 
<p>La <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen Gentium</a></i> recuerda varias veces y de manera eficaz el car&aacute;cter colegial y de comuni&oacute;n de esta misi&oacute;n apost&oacute;lica, reafirmando que &laquo;el encargo que el Se&ntilde;or confi&oacute; a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diacon&iacute;a, o sea ministerio&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 24). Se comprende entonces por qu&eacute; <a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/en.html">San Pablo VI</a> present&oacute; la jerarqu&iacute;a como realidad &laquo;nacida de la caridad de Cristo para realizar, difundir y garantizar la transmisi&oacute;n intacta y fecunda del tesoro de fe, del ejemplo, de preceptos, de carismas, dejado por Cristo a su Iglesia&raquo; (<i>Disc</i>. 14 de sept. de 1964, en <i>Acta Synodalia</i> III/1, 147).</p> 
<p>Queridas hermanas, queridos hermanos, pidamos al Se&ntilde;or que mande a su Iglesia ministros ardientes en la caridad evang&eacute;lica, entregados al bien de todos los bautizados y misioneros valientes en todos los lugares del mundo.</p> 
<p>________________________</p> 
<p><b>Saludos</b></p> 
<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa&ntilde;ola. Pidamos a Cristo, Buen Pastor, que suscite en la Iglesia pastores dispuestos a dar la vida por la grey a ellos confiada; que sean ardientes en la caridad, disponibles en la misi&oacute;n y valientes en el anuncio del Evangelio. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.</p> 
<p>_________________________</p> 
<p><b>Resumen le&iacute;do por el Santo Padre en espa&ntilde;ol</b></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p> 
<p>En la catequesis de hoy, abordamos el tercer cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"><i>Lumen gentium</i></a>, dedicado a la dimensi&oacute;n jer&aacute;rquica de la Iglesia. Cristo eligi&oacute; como columnas vivas de su Cuerpo m&iacute;stico a los ap&oacute;stoles, llamados a custodiar y a transmitir sus ense&ntilde;anzas, a fin de seguir santificando, instruyendo y guiando al Pueblo de Dios.</p> 
<p>La estructura jer&aacute;rquica no es una invenci&oacute;n meramente humana, sino una instituci&oacute;n divina, dirigida a perpetuar la misi&oacute;n dada por Cristo a los ap&oacute;stoles hasta el fin de los tiempos. El documento conciliar menciona particularmente a los obispos, los presb&iacute;teros y los di&aacute;conos, que poseen distintos grados del mismo sacramento del Orden, esencialmente distinto del sacerdocio com&uacute;n de los fieles, y cuya misi&oacute;n apost&oacute;lica se ejerce colegialmente y en comuni&oacute;n. Dichos ministros, que poseen la sacra potestad, est&aacute;n al servicio de todos los bautizados, para que vivan en Cristo y alcancen la salvaci&oacute;n.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Ángelus, 22 de marzo de 2026]]></title><pubDate>Sun, 22 Mar 2026 12:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260322-angelus.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260322-angelus.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 22 Mar 2026 12:47:24 +0100 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as!</i></p> 
<p>En este quinto domingo de Cuaresma, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrecci&oacute;n de L&aacute;zaro (cf. <i>Jn</i> 11,1-45).</p> 
<p>En el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo (cf. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c1a1_sp.html">Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica</a></i>,1265). Hoy, Jes&uacute;s nos dice tambi&eacute;n a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de L&aacute;zaro: &laquo;Yo soy la Resurrecci&oacute;n y la Vida. El que cree en m&iacute;, aunque muera, vivir&aacute;: y todo el que vive y cree en m&iacute;, no morir&aacute; jam&aacute;s&raquo; (<i>Jn</i> 11,25-26).</p> 
<p>La liturgia nos invita as&iacute; a revivir, a la luz de la inminente celebraci&oacute;n de la <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/special/2026/settimana-santa2026.html">Semana Santa</a>, los acontecimientos de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or —la entrada en Jerusal&eacute;n, la &uacute;ltima cena, el juicio, la crucifixi&oacute;n, el entierro— para percibir su sentido m&aacute;s aut&eacute;ntico y abrirnos al don de la gracia que contienen.</p> 
<p>De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvaci&oacute;n y plenitud de vida.</p> 
<p>Su gracia ilumina este mundo, que parece estar en una b&uacute;squeda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energ&iacute;as, valores, afectos— como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro coraz&oacute;n o hacernos inmortales. Es el s&iacute;ntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo ef&iacute;mero. Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en &Eacute;l (cf. <i>Las Confesiones</i>, I,1.1).</p> 
<p>El relato de la resurrecci&oacute;n de L&aacute;zaro nos invita, entonces, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, liberar nuestros corazones de h&aacute;bitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en el sepulcro del ego&iacute;smo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad. En estos lugares no hay vida, sino s&oacute;lo desorientaci&oacute;n, insatisfacci&oacute;n y soledad.</p> 
<p>Jes&uacute;s tambi&eacute;n a nosotros nos grita: &laquo;&iexcl;Ven afuera!&raquo; (<i>Jn</i> 11,43), anim&aacute;ndonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar seg&uacute;n el modelo de su caridad infinita, sin c&aacute;lculos y sin l&iacute;mites.</p> 
<p>Que la Virgen Mar&iacute;a nos ayude a vivir as&iacute; estos d&iacute;as santos: con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que tambi&eacute;n en nosotros se renueve cada d&iacute;a la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado.</p> 
<p>____________________________</p> 
<p><b>Despu&eacute;s del &Aacute;ngelus</b></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p> 
<p>Sigo con tristeza la situaci&oacute;n en Oriente Medio, as&iacute; como en otras regiones del mundo devastadas por la guerra y la violencia. No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas indefensas, v&iacute;ctimas de estos conflictos. Lo que las hiere a ellas, lacera a toda la humanidad. La muerte y el dolor provocados por estas guerras &iexcl;son un esc&aacute;ndalo para toda la familia humana y un grito ante Dios! Renuevo mi vehemente llamamiento a perseverar en la oraci&oacute;n, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz basados en el di&aacute;logo sincero y en el respeto a la dignidad de cada persona humana.</p> 
<p>Hoy se celebra en Roma el gran marat&oacute;n, con innumerables atletas procedentes de todo el mundo. &iexcl;Esto es un signo de esperanza! Que el deporte trace caminos de paz, inclusi&oacute;n social y de espiritualidad.</p> 
<p>Saludo cordialmente a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos pa&iacute;ses, en particular a los que han venido de la Di&oacute;cesis de C&oacute;rdoba, en Espa&ntilde;a.</p> 
<p>Recibo con alegr&iacute;a a los fieles de <i>Belluno</i> y <i>Pordenone</i>, de <i>Crotone</i> y de la parroquia de <i>Santa Maria delle Grazie</i>, en Roma. Saludo a los j&oacute;venes de <i>Nave</i>, de la Di&oacute;cesis de <i>Brescia</i>, al grupo de confirmandos de la Di&oacute;cesis de Florencia y a los representantes de la Asociaci&oacute;n de Directores de Hotel.</p> 
<p>&iexcl;Les deseo a todos un feliz domingo!<i></i></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[A los participantes en la Asamblea General del Movimiento de los Focolares (21 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 21 Mar 2026 12:30:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260321-focolari.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260321-focolari.html</guid><description><![CDATA[<!-- Mon, 23 Mar 2026 16:15:35 +0100 --> <p>En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo.<br /> &iexcl;La paz est&eacute; con ustedes!</p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p>Me alegra encontrarme esta tarde con todos ustedes, que han participado en la Asamblea General del Movimiento de los Focolares. Saludo a la presidenta, Margaret Karram, reelegida para un segundo mandato, y al nuevo Copresidente, don Roberto Eulogio Almada. &iexcl;Que el Se&ntilde;or bendiga su servicio!</p> 
<p>A todos ustedes les ha atra&iacute;do el carisma de la Sierva de Dios Chiara Lubich, que ha moldeado su existencia personal y el estilo de su vida comunitaria. Cada carisma en la Iglesia expresa un aspecto del Evangelio que el Esp&iacute;ritu Santo pone de relieve en un determinado per&iacute;odo hist&oacute;rico, por el bien de la propia Iglesia y por el bien del mundo entero. Para ustedes se trata del mensaje de la unidad: unidad entre los seres humanos que es fruto y reflejo de la unidad de Cristo con el Padre: &laquo;Que todos sean uno; como t&uacute;, Padre, est&aacute;s en m&iacute; y yo en ti&raquo; (Jn 17,21).</p> 
<p>Este esp&iacute;ritu de unidad lo viven ante todo entre ustedes, y lo dan a conocer por todas partes como una nueva posibilidad de vida fraterna, reconciliada y alegre, entre personas de diferentes edades, culturas, lenguas y creencias religiosas. Es una semilla, sencilla pero poderosa, que atrae a miles de mujeres y hombres, suscita vocaciones, genera un impulso de evangelizaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n obras sociales, culturales, art&iacute;sticas y econ&oacute;micas, que son fermento de di&aacute;logo ecum&eacute;nico e interreligioso. Hoy se necesita mucho este fermento de unidad, porque el veneno de la divisi&oacute;n y la conflictividad tiende a contaminar los corazones y las relaciones sociales, y debe ser contrarrestado con el testimonio evang&eacute;lico de la unidad, el di&aacute;logo, el perd&oacute;n y la paz. Tambi&eacute;n a trav&eacute;s de ustedes, Dios ha preparado, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, un gran pueblo de paz, que precisamente en este momento hist&oacute;rico est&aacute; llamado a actuar como contrapeso y dique de contenci&oacute;n frente a tantos sembradores de odio que hacen retroceder a la humanidad hacia formas de barbarie y violencia.</p> 
<p>Adem&aacute;s de este importante testimonio de unidad y paz, a ustedes se les ha confiado tambi&eacute;n la responsabilidad de mantener vivo el carisma de su Movimiento en la etapa post fundacional, una etapa que no se agota con el primer relevo generacional tras el fallecimiento de la fundadora, sino que se prolonga m&aacute;s all&aacute;. En este tiempo, est&aacute;n llamados a discernir juntos cu&aacute;les son los aspectos de su vida en com&uacute;n y de su apostolado que son esenciales, y por lo tanto deben mantenerse, y cu&aacute;les son, en cambio, los instrumentos y las pr&aacute;cticas que, aunque se utilicen desde hace tiempo, no son esenciales para el carisma, o que han presentado aspectos problem&aacute;ticos y que, por lo tanto, deben abandonarse.</p> 
<p>Esta fase exige tambi&eacute;n un fuerte compromiso con la transparencia por parte de quienes ocupan puestos de responsabilidad, a todos los niveles. La transparencia, de hecho, por un lado, es condici&oacute;n de credibilidad, y por otro es necesaria porque el carisma es un don del Esp&iacute;ritu Santo del que todos los miembros son responsables. Por lo tanto, tienen el derecho y el deber de sentirse part&iacute;cipes de la Obra a la que se han adherido con total dedicaci&oacute;n. Recuerden, adem&aacute;s, que la implicaci&oacute;n de los miembros es siempre un valor a&ntilde;adido: estimula el crecimiento, tanto de las personas como de la Obra, hace aflorar los recursos latentes y el potencial de cada uno, responsabiliza y promueve la contribuci&oacute;n de todos.</p> 
<p>La responsabilidad del discernimiento com&uacute;n, que se les ha confiado a todos ustedes, abarca tambi&eacute;n la forma en que el carisma de la unidad debe traducirse en estilos de vida comunitaria que hagan resplandecer la belleza de la novedad evang&eacute;lica y, al mismo tiempo, respeten la libertad y la conciencia de cada uno, valorizando los dones y la singularidad de cada persona. Podemos reflexionar sobre el hecho de que Jes&uacute;s, en su oraci&oacute;n sacerdotal, despu&eacute;s de decir &laquo;que sean uno&raquo;, a&ntilde;adi&oacute; &laquo;que tambi&eacute;n ellos est&eacute;n en nosotros&raquo; (Jn 17,21), refiriendo as&iacute; la unidad entre los disc&iacute;pulos a una unidad superior, la que existe entre el Padre y el Hijo. Esto significa que la unidad que buscan vivir y testimoniar se realiza principalmente &laquo;en Dios&raquo;, en el cumplimiento de su santa voluntad, y, por consiguiente, en el compromiso compartido de la comuni&oacute;n y de la vida comunitaria, sostenido y guiado por quienes est&aacute;n encargados de ese servicio. La unidad es un don y, al mismo tiempo, una tarea y una llamada que interpela a cada uno. Todos est&aacute;n llamados a discernir cu&aacute;l es la voluntad de Dios y c&oacute;mo se puede realizar la verdad del Evangelio en las diversas situaciones de la vida comunitaria o apost&oacute;lica. Y todos, en este camino de discernimiento, deben ejercer la fraternidad, la sinceridad, la franqueza y, sobre todo, la humildad, la libertad respecto a s&iacute; mismos y a su propio punto de vista. La unidad de todos en Dios es un signo evang&eacute;lico que constituye una fuerza prof&eacute;tica para el mundo.</p> 
<p>Por eso, la unidad no debe entenderse como una uniformidad de pensamiento, de opini&oacute;n y de estilo de vida, lo que, por el contrario, podr&iacute;a llevar a menospreciar las propias convicciones, en detrimento de la libertad personal y de la escucha de la propia conciencia. Chiara Lubich afirmaba que la premisa de toda norma es la caridad (cf. Pre&aacute;mbulo de los Estatutos). Por eso es necesario que la unidad se alimente y se sostenga siempre de la caridad rec&iacute;proca, que exige magnanimidad, benevolencia y respeto; esa caridad que no se jacta, no se envanece, no busca su propio inter&eacute;s, ni tiene en cuenta el mal recibido, sino que se regocija &uacute;nicamente en la verdad (cf. 1 Cor 13,4-6).</p> 
<p>Queridos hermanos, demos juntos gracias al Se&ntilde;or por la gran familia espiritual que ha surgido del carisma de Chiara Lubich. Por los j&oacute;venes presentes en sus grupos, que ven con ojos claros la belleza de la llamada a ser instrumentos de unidad y de paz en el mundo. Por las familias, que han sido renovadas y fortalecidas por la presencia de Jes&uacute;s en medio de su vida familiar. Por los obispos, los sacerdotes y los consagrados que han visto renovarse el don de su ministerio y de su vida religiosa a trav&eacute;s del contacto con su Movimiento y su espiritualidad. Por las muchas focolarinas y focolarinos que, a menudo con dedicaci&oacute;n heroica, siguen viviendo en todas partes del mundo una vida de oraci&oacute;n, de trabajo, de di&aacute;logo y de evangelizaci&oacute;n, siguiendo el modelo de vida apost&oacute;lica de las primeras generaciones cristianas. Y damos gracias por los innumerables frutos de santidad, conocidos o desconocidos, que el retorno al Evangelio, promovido por ustedes, ha aportado a la Iglesia en todos estos a&ntilde;os.</p> 
<p>Los animo a continuar en su camino y los bendigo de coraz&oacute;n, invocando para todos ustedes la intercesi&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, para que los proteja y los acompa&ntilde;e siempre con su ayuda maternal. &iexcl;Gracias!</p> 
<p>He sabido que les gusta cantar: entonces cantemos juntos la oraci&oacute;n que Jes&uacute;s nos ha ense&ntilde;ado: “Pater noster” …</p> 
<p>Bendici&oacute;n</p> 
<p>&iexcl;Gracias!</p> 
<p>__________________________________</p> 
<p><a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/03/21/260321a.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede</a>, 21 de marzo de 2026</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Mensaje del Santo Padre con motivo de la toma de posesión de la Arzobispa de Canterbury (20 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Fri, 20 Mar 2026 10:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260320-arcivescovo-canterbury.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260320-arcivescovo-canterbury.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 26 Mar 2026 16:08:27 +0100 --> <p style="text-align: center;"><i>A la Reverend&iacute;sima y Muy Honorable</i></p> 
<p style="text-align: center;"><i>Sra. Sarah Mullally</i></p> 
<p style="text-align: center;"><i>Arzobispa de Canterbury</i></p> 
<p style="text-align: center;"><i>&laquo;Que la gracia, la misericordia y la paz est&eacute;n con nosotros por parte de Dios Padre y por parte de Jesucristo, Hijo del Padre, en la verdad y en el amor&raquo; (</i>2 Jn<i>&nbsp;1, 3).</i></p> 
<p>Con esta certeza de la presencia constante de Dios, env&iacute;o a Su Gracia saludos orantes con motivo de su toma de posesi&oacute;n como Arzobispa de Canterbury.</p> 
<p>S&eacute; que el ministerio para el que ha sido elegida es arduo, con responsabilidades no solo en la Di&oacute;cesis de Canterbury, sino tambi&eacute;n en toda la Iglesia de Inglaterra y en la Comuni&oacute;n Anglicana en su conjunto. Adem&aacute;s, est&aacute; asumiendo estas funciones en un momento&nbsp;dif&iacute;cilexigente<b>&nbsp;</b>de la historia de la familia anglicana. Pidiendo al Se&ntilde;or que la fortalezca con el don de la sabidur&iacute;a, rezo para que sea guiada por el Esp&iacute;ritu Santo al servir a sus comunidades y se inspire en el ejemplo de Mar&iacute;a, Madre de Dios.</p> 
<p>Hace sesenta a&ntilde;os, durante su hist&oacute;rico encuentro en Roma, nuestros predecesores de grata memoria,&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html">San Pablo VI</a>&nbsp;y el arzobispo Michael Ramsey, comprometieron a cat&oacute;licos y anglicanos en &laquo;una nueva etapa en el desarrollo de relaciones fraternas, basadas en la caridad cristiana&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/la/speeches/1966/documents/hf_p-vi_spe_19660324_anglicani-cattolici.html">Declaraci&oacute;n conjunta, 24 de marzo de 1966</a></i>). Esa nueva etapa de apertura respetuosa ha dado muchos frutos en las &uacute;ltimas seis d&eacute;cadas y sigue haci&eacute;ndolo hoy en d&iacute;a.</p> 
<p>En esa misma ocasi&oacute;n, el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html">Papa Pablo VI</a>&nbsp;y el arzobispo Ramsey tambi&eacute;n acordaron iniciar un di&aacute;logo teol&oacute;gico. De hecho, la Comisi&oacute;n Internacional Anglicano-Cat&oacute;lica (ARCIC), desde su creaci&oacute;n, ha contribuido enormemente al crecimiento del entendimiento mutuo. Los frutos de este valioso trabajo nos han permitido dar testimonio juntos de manera m&aacute;s eficaz (cf. Comisi&oacute;n Internacional Anglicano-Cat&oacute;lica para la Unidad y la Misi&oacute;n,&nbsp;<i>Creciendo juntos en unidad y misi&oacute;n</i>, n. 93). Esto es especialmente importante dados los m&uacute;ltiples desaf&iacute;os a los que se enfrenta hoy nuestra familia humana. Por eso, estoy agradecido de que este importante di&aacute;logo contin&uacute;e.</p> 
<p>Al mismo tiempo, tambi&eacute;n sabemos que el camino ecum&eacute;nico no siempre ha estado libre de obst&aacute;culos. A pesar de los muchos avances, nuestros predecesores inmediatos, el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>&nbsp;y el Arzobispo Justin Welby, reconocieron con franqueza que &laquo;nuevas circunstancias han tra&iacute;do nuevos desacuerdos entre nosotros&raquo;. A pesar de ello, hemos seguido caminando juntos, porque las divergencias &laquo;no pueden impedir que nos reconozcamos rec&iacute;procamente hermanos y hermanas en Cristo en raz&oacute;n de nuestro bautismo com&uacute;n&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/october/documents/papa-francesco_20161005_vespri-canterbury.html">Declaraci&oacute;n conjunta, 5 de octubre de 2016</a></i>). Por mi parte, creo firmemente que debemos seguir dialogando en verdad y amor, porque solo en la verdad y en el amor llegamos a conocer juntos la gracia, la misericordia y la paz de Dios (cf.&nbsp;<i>2 Jn</i>&nbsp;1, 3) y, as&iacute;, a poder ofrecer estos preciosos dones al mundo.</p> 
<p>Adem&aacute;s, la unidad que buscan los cristianos nunca es un fin en s&iacute; misma, sino que tiene como objetivo la proclamaci&oacute;n de Cristo, para que, seg&uacute;n la oraci&oacute;n del mismo Se&ntilde;or Jes&uacute;s, &laquo;el mundo crea&raquo; (<i>Jn</i>&nbsp;17, 21). Dirigi&eacute;ndose a los Primados de la Comuni&oacute;n Anglicana, en 2024, el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>&nbsp;afirm&oacute; que &laquo;ser&iacute;a un esc&aacute;ndalo si, a causa de las divisiones, no cumpli&eacute;ramos nuestra vocaci&oacute;n com&uacute;n de dar a conocer a Cristo&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2024/may/documents/20240502-primati-comunione-anglicana.html">Discurso a los participantes en la Asamblea de los Primados de la Comuni&oacute;n Anglicana, 2 de mayo de 2024</a></i>). Querida hermana, hago m&iacute;as con gusto estas palabras, pues solo a trav&eacute;s del testimonio de una comunidad cristiana reconciliada, fraterna y unida resonar&aacute; con mayor claridad el anuncio del Evangelio (cf.&nbsp;<i><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/mission/documents/20260125-giornata-missionaria.html">Mensaje para la 100.&ordf; Jornada Mundial de las Misiones</a></i>, n. 2).</p> 
<p>Con estos sentimientos fraternos, invoco sobre usted las bendiciones de Dios Todopoderoso al asumir sus altas responsabilidades. Que el Esp&iacute;ritu Santo descienda sobre usted y la haga fecunda en el servicio al Se&ntilde;or.</p> 
<p><i>Desde el Vaticano, 20 de marzo de 2026</i></p> 
<p><i>Memoria de San Cutberto, Obispo</i></p> 
<p style="text-align: center;">Le&oacute;n PP. XIV</p> 
<p>________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/03/26.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 26 de marzo de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Mensaje del Santo Padre León XIV con motivo del décimo aniversario  de la Exhortación apostólica postsinodal <i>Amoris laetitia</i> (19 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Thu, 19 Mar 2026 12:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260319-messaggio-amorislaetitia.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260319-messaggio-amorislaetitia.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 19 Mar 2026 13:03:46 +0100 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>El 19 de marzo de 2016, el <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a> ofreci&oacute; a la Iglesia universal un luminoso mensaje de esperanza sobre el amor conyugal y familiar: la Exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html"><i>Amoris laetitia</i></a>, fruto de tres a&ntilde;os de discernimiento sinodal sostenidos por el A&ntilde;o Santo de la Misericordia. En este d&eacute;cimo aniversario, queremos dar gracias al Se&ntilde;or por el impulso dado al estudio y a la conversi&oacute;n pastoral de la Iglesia, y pedirle el valor para continuar el camino, acogiendo siempre de nuevo el Evangelio, con la alegr&iacute;a de poder anunciarlo a todos.</p> 
<p>Como ense&ntilde;a el <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>, la familia es &laquo;el fundamento de la sociedad&raquo;, <a name="_ftnref1" href="#_ftn1" class=" cleaner">[1]</a> un don de Dios y &laquo;escuela del m&aacute;s rico humanismo&raquo;. <a name="_ftnref2" href="#_ftn2" class=" cleaner">[2]</a> Mediante el sacramento del matrimonio, los esposos cristianos constituyen una especie de &laquo;Iglesia dom&eacute;stica&raquo; <a name="_ftnref3" href="#_ftn3" class=" cleaner">[3]</a>, cuyo papel es esencial para la educaci&oacute;n y la transmisi&oacute;n de la fe. Siguiendo el impulso conciliar, las dos Exhortaciones apost&oacute;licas <a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html"><i>Familiaris consortio</i></a> ―publicada por <a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es.html">san Juan Pablo II</a> en 1981— y <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html"><i>Amoris laetitia</i></a> ( <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html"><i>AL</i></a>) han estimulado el compromiso doctrinal y pastoral de la Iglesia al servicio de los j&oacute;venes, los c&oacute;nyuges y de las familias.</p> 
<p>Tomando nota de &laquo;los cambios antropol&oacute;gico-culturales&raquo; ( <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html"><i>AL</i></a> 32), que se han acentuado a lo largo de treinta y cinco a&ntilde;os, el <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a> quiso comprometer a&uacute;n m&aacute;s a la Iglesia en el camino del discernimiento sinodal. Su discurso, pronunciado durante la XIV Asamblea General Ordinaria del S&iacute;nodo de los Obispos sobre la familia, el 17 de octubre de 2015, invita a una “escucha rec&iacute;proca” dentro del Pueblo de Dios, “todos en escucha del Esp&iacute;ritu Santo, el ‘Esp&iacute;ritu de verdad’ ( <i>Jn</i> 14,17), para conocer lo que &Eacute;l ‘dice a las Iglesias’ ( <i>Ap</i> 2,7)”. Y precisa que no es posible “hablar de la familia sin interpelar a las familias, escuchar sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias”. <a name="_ftnref4" href="#_ftn4" class=" cleaner">[4]</a></p> 
<p>Recogiendo los frutos del discernimiento sinodal, <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html"><i>Amoris laetitia</i></a><i> </i>ofrece una ense&ntilde;anza valiosa que debemos seguir profundizando hoy: la esperanza b&iacute;blica de la presencia amorosa y misericordiosa de Dios, que permite vivir “historias de amor” incluso cuando se atraviesan “crisis familiares” (cf. n. 8); la invitaci&oacute;n a adoptar “la mirada de Jes&uacute;s” (cf. n. 60) y a estimular sin descanso &laquo;el crecimiento, la consolidaci&oacute;n y la profundizaci&oacute;n del amor conyugal y familiar&raquo; (n. 89); el llamamiento a descubrir que el amor en el matrimonio “siempre da vida” (cf. n. 165) y que es “real” precisamente en su modo “limitado y terreno” (cf. n. 113), como nos ense&ntilde;a el misterio de la Encarnaci&oacute;n. El <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a> afirma &laquo;la necesidad de desarrollar nuevos caminos pastorales&raquo; (n. 199) y de “fortalecer la educaci&oacute;n de los hijos” (cf. cap. VII), al tiempo que invita a la Iglesia a “acompa&ntilde;ar, discernir e integrar la fragilidad” (cf. cap. VIII), superando una concepci&oacute;n reductiva de la norma, y a promover &laquo;la espiritualidad que brota de la vida familiar&raquo; (n. 313).</p> 
<p>Como tuve ocasi&oacute;n de decir a los j&oacute;venes reunidos en Tor Vergata durante el <a href="https://www.iubilaeum2025.va/es.html">Jubileo de la Esperanza</a>, &laquo;la fragilidad [...], forma parte de la maravilla que somos&raquo;. No fuimos hechos &laquo;para una vida donde todo es firme y seguro, sino para una existencia que se regenera constantemente en el don, en el amor&raquo;. <a name="_ftnref5" href="#_ftn5" class=" cleaner">[5]</a> Para cumplir con la misi&oacute;n de anunciar el Evangelio de la familia a las j&oacute;venes generaciones, debemos aprender a evocar la belleza de la vocaci&oacute;n al matrimonio precisamente en el reconocimiento de su fragilidad, a fin de despertar &laquo;la confianza en la gracia&raquo; ( <i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html">AL</a></i> 36) y el deseo cristiano de santidad. Tambi&eacute;n debemos sostener a las familias, particularmente a aquellas que sufren tantas formas de pobreza y violencia presentes en la sociedad contempor&aacute;nea.</p> 
<p>Damos gracias al Se&ntilde;or por las familias que, a pesar de las dificultades y los desaf&iacute;os, viven &laquo;la espiritualidad del amor familiar […] hecha de miles de gestos reales y concretos&raquo; (n. 315). Expreso en este sentido mi gratitud a los pastores, a los agentes de pastoral, a las asociaciones de fieles y a los movimientos eclesiales comprometidos con la pastoral familiar.</p> 
<p>Nuestra &eacute;poca est&aacute; marcada por r&aacute;pidas transformaciones que, incluso hoy m&aacute;s que hace diez a&ntilde;os, hacen necesaria una especial atenci&oacute;n pastoral a las familias, a las que el Se&ntilde;or conf&iacute;a la tarea de participar en la misi&oacute;n de la Iglesia de anunciar y dar testimonio del Evangelio. <a name="_ftnref6" href="#_ftn6" class=" cleaner">[6]</a> De hecho, hay lugares y circunstancias en los que la Iglesia &laquo;s&oacute;lo puede llegar a ser sal de la tierra&raquo; <a name="_ftnref7" href="#_ftn7" class=" cleaner">[7]</a> a trav&eacute;s de los fieles laicos y, en particular, de las familias. Por eso, el compromiso de la Iglesia en este &aacute;mbito debe renovarse y profundizarse, para que aquellos a quienes el Se&ntilde;or llama al matrimonio y a la familia puedan vivir su amor conyugal en Cristo y los j&oacute;venes se sientan atra&iacute;dos por la intensidad de la vocaci&oacute;n matrimonial en la Iglesia.</p> 
<p>Reconociendo los cambios que siguen afectando a las familias, he decidido convocar en octubre de 2026 a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, con el fin de proceder, en un clima de escucha rec&iacute;proca, a un discernimiento sinodal sobre los pasos a dar para anunciar el Evangelio a las familias de hoy, a la luz de <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html"><i>Amoris laetitia</i></a><i> </i>y teniendo en cuenta lo que se est&aacute; realizando en las Iglesias locales.</p> 
<p>Encomiendo este camino a la intercesi&oacute;n de san Jos&eacute;, Custodio de la Sagrada Familia de Nazaret.</p> 
<p><i>Vaticano, 19 de marzo de 2026, solemnidad de san Jos&eacute;.</i></p> 
<p><i>&nbsp;</i></p> 
<p style="text-align: center;">LE&Oacute;N PP. XIV</p> 
<p>____________________________________________________</p> 
<p><a name="_ftn1" href="#_ftnref1" class=" cleaner">[1]</a> Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html"><i>Gaudium et spes</i></a>, 52.</p> 
<p><a name="_ftn2" href="#_ftnref2" class=" cleaner">[2]</a> <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html"><i>Ib&iacute;d</i>.</a></p> 
<p><a name="_ftn3" href="#_ftnref3" class=" cleaner">[3]</a> Id., Const. dogm. <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"><i>Lumen gentium</i></a>, 11.</p> 
<p><a name="_ftn4" href="#_ftnref4" class=" cleaner">[4]</a> Cf. Francisco, <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/october/documents/papa-francesco_20151017_50-anniversario-sinodo.html"><i>Discurso en la Conmemoraci&oacute;n del 50 aniversario de la instituci&oacute;n del S&iacute;nodo de los Obispos</i></a> <i></i>(17 octubre 2015).</p> 
<p><a name="_ftn5" href="#_ftnref5" class=" cleaner">[5]</a> <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20250803-omelia-giubileo-giovani.html"><i>Homil&iacute;a en la Misa del Jubileo de los j&oacute;venes</i></a> (3 agosto 2025).</p> 
<p><a name="_ftn6" href="#_ftnref6" class=" cleaner">[6]</a> Cf. Exhort. ap. <a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html"><i>Familiaris consortio</i></a> (22 noviembre 1981), 17.</p> 
<p><a name="_ftn7" href="#_ftnref7" class=" cleaner">[7]</a> Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"><i>Lumen gentium</i></a>, 33.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Audiencia general del 18 de marzo de 2026 - Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - II. Constitución dogmática Lumen gentium. 4. La Iglesia, pueblo sacerdotal y profético]]></title><pubDate>Wed, 18 Mar 2026 10:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260318-udienza-generale.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260318-udienza-generale.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 19 Mar 2026 09:01:53 +0100 --> <p><b><b>Catequesis - Los Documentos del&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>&nbsp;- II.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica&nbsp;Lumen gentium</a>.&nbsp;</b><i>4. La Iglesia, pueblo sacerdotal y prof&eacute;tico</i></b></p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as y bienvenidos!</i></p> 
<p>Hoy quisiera detenerme de nuevo en el segundo cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n conciliar <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen gentium</a>&nbsp;(<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a>), dedicado a la Iglesia como pueblo de Dios.</p> 
<p>El pueblo mesi&aacute;nico (<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a>, 9) recibe de Cristo la participaci&oacute;n a la obra sacerdotal, prof&eacute;tica y real en la que se lleva a cabo su misi&oacute;n salv&iacute;fica. Los Padres conciliares ense&ntilde;an que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s ha instituido mediante la nueva y eterna Alianza un reino de sacerdotes, constituyendo a sus disc&iacute;pulos en un &laquo;sacerdocio real&raquo; (1Pt 2,9; cfr 1Pt 2,5; Ap 1,6). Este sacerdocio com&uacute;n de los fieles es donado con el Bautismo, que nos habilita para rendir culto a Dios en esp&iacute;ritu y en verdad y a &laquo;confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la Iglesia&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a>, 11). Adem&aacute;s, a trav&eacute;s del sacramento de la Confirmaci&oacute;n, todos los bautizados &laquo;se vinculan m&aacute;s estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Esp&iacute;ritu Santo, y con ello quedan obligados m&aacute;s estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">ibid.</a>). Esta consagraci&oacute;n est&aacute; en la ra&iacute;z de la misi&oacute;n com&uacute;n que une a los ministros ordenados y a los fieles laicos.</p> 
<p>A prop&oacute;sito, el &nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a> observaba as&iacute;: &laquo;Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendr&iacute;amos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por &eacute;l y con&nbsp;la unci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo,&nbsp;(los fieles)&nbsp;“quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo”&nbsp;(<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a>&nbsp;10), entonces todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/letters/2016/documents/papa-francesco_20160319_pont-comm-america-latina.html">Carta al Presidente de la Pontificia Comisi&oacute;n para Am&eacute;rica Latina</a>, 19 de marzo 2016).</p> 
<p>El ejercicio del sacerdocio real tiene lugar de muchas maneras, todas ellas encaminadas a nuestra santificaci&oacute;n, sobre todo participando en la ofrenda de la Eucarist&iacute;a. Mediante la oraci&oacute;n, el ascetismo y la caridad activa dan testimonio de una vida renovada por la gracia de Dios (cfr <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a>, 10). Como sintetiza el Concilio, &laquo;el car&aacute;cter sagrado y org&aacute;nicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por los sacramentos y por las virtudes&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a>, 11).</p> 
<p>Los padres conciliares ense&ntilde;an adem&aacute;s que el pueblo santo de Dios participa tambi&eacute;n en la misi&oacute;n prof&eacute;tica de Cristo (cfr <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a>, 12). En este contexto introduce el tema importante del sentido de la fe y del consenso de los fieles. La Comisi&oacute;n Doctrinal del Concilio precisaba que este sensus fidei &laquo;es como una facultad de toda la Iglesia, gracias a la cual en su fe reconoce la revelaci&oacute;n transmitida, distinguiendo entre lo verdadero y lo falso en las cuestiones de fe, y al mismo tiempo penetra m&aacute;s profundamente en ella y la aplica m&aacute;s plenamente en la vida&raquo; (cfr Acta Synodalia, III/1, 199). El sentido de la fe pertenece por tanto a cada fiel no a t&iacute;tulo individual, sino como miembros del pueblo de Dios en su conjunto.</p> 
<p><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen gentium</a> concentra la atenci&oacute;n sobre este &uacute;ltimo aspecto y lo relaciona con la infalibilidad de la Iglesia, a la cual pertenece la infalibilidad del Romano Pont&iacute;fice, al servirla. La totalidad de los fieles, que tienen la unci&oacute;n del Santo (cf.&nbsp;1 Jn&nbsp;2,20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando desde los Obispos hasta los &uacute;ltimos fieles laicos presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres (cfr. <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a>, 12). La Iglesia, por tanto, como comuni&oacute;n de los fieles que incluye obviamente a los pastores, no puede errar en la fe: el &oacute;rgano de esta propiedad suya, fundado en la unci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, es el sobrenatural sentido de la fe de todo el pueblo de Dios, que se manifiesta en el consenso de los fieles. De esta unidad, que el Magisterio eclesial custodia, se deduce que cada persona bautizada es un sujeto activo de evangelizaci&oacute;n, llamado a dar un testimonio coherente de Cristo seg&uacute;n el don prof&eacute;tico que el Se&ntilde;or infunde en toda su Iglesia.</p> 
<p>El Esp&iacute;ritu Santo, que nos viene de Jes&uacute;s Resucitado, dispensa de hecho &laquo;entre los fieles de cualquier condici&oacute;n, distribuyendo a cada uno seg&uacute;n quiere (1 Co&nbsp;12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean &uacute;tiles para la renovaci&oacute;n y la mayor edificaci&oacute;n de la Iglesia&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a>, 12). Una demostraci&oacute;n peculiar de tal vitalidad carism&aacute;tica es ofrecida por la vida consagrada, que continuamente brota y florece por obra de la gracia. Tambi&eacute;n las formas asociativas eclesiales son ejemplo luminoso de la variedad y de la fecundidad de los frutos espirituales para la edificaci&oacute;n del Pueblo de Dios.</p> 
<p>Queridos, despertemos en nosotros la conciencia y la gratitud de haber recibido el don de formar parte del pueblo de Dios; y tambi&eacute;n la responsabilidad que esto conlleva.</p> 
<p>________________________</p> 
<p><b>Saludos</b></p> 
<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa&ntilde;ola. Demos gracias a Dios por los dones y carismas con los que enriquece, edifica y embellece a su Pueblo, y pid&aacute;mosle que no cese de acompa&ntilde;arlo y guiarlo por sendas de paz. Que el Se&ntilde;or los bendiga. Muchas gracias.</p> 
<p>_________________________<br /> <br /> <b>Resumen le&iacute;do por el Santo Padre en espa&ntilde;ol</b></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p> 
<p>Continuamos profundizando en el segundo cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica&nbsp;<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen gentium</a></i>, dedicado a la Iglesia como el Pueblo santo de Dios. Por el Bautismo, todos los fieles reciben un sacerdocio com&uacute;n, que se enriquece y fortalece de modo especial con el sacramento de la Confirmaci&oacute;n. Esta consagraci&oacute;n est&aacute; en la base de la misi&oacute;n com&uacute;n que une a los ministros ordenados y a los fieles laicos.</p> 
<p>El ejercicio del sacerdocio com&uacute;n de los bautizados se realiza de muchas maneras: participando de los sacramentos y tambi&eacute;n ofreciendo la propia vida al servicio de Dios y de los dem&aacute;s.</p> 
<p>El Concilio ense&ntilde;a asimismo que por la unci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, la totalidad del Pueblo de Dios, pastores y fieles, posee un sentido sobrenatural de la fe por la que reconoce la verdad revelada y adhiere a ella sin error, en materia de fe y costumbres. De esta unidad de la fe surge la unidad en la misi&oacute;n de la Iglesia, en la que cada bautizado da testimonio de Cristo, seg&uacute;n los carismas y la vocaci&oacute;n que haya recibido.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje del Santo Padre a los participantes en la VI Asamblea de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) [Bogotá, 16-20 de marzo de 2026] (17 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Tue, 17 Mar 2026 15:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260317-messaggio-ceama.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260317-messaggio-ceama.html</guid><description><![CDATA[<!-- Tue, 17 Mar 2026 15:44:30 +0100 --> <p><i>&iexcl;La paz del Se&ntilde;or est&eacute; con ustedes!</i></p> 
<p>Con alegr&iacute;a me dirijo a todos ustedes queridos pastores, consagrados y consagradas, fieles<b> </b>laicos y laicas, participantes de la VI Conferencia Eclesial de la Amazonia, reunidos en Bogot&aacute;. Est&aacute;n viviendo un tiempo privilegiado de escucha al Esp&iacute;ritu Santo para discernir el camino de las comunidades enraizadas en esa regi&oacute;n.</p> 
<p>Como parte de la preparaci&oacute;n, que ha sido acompa&ntilde;ada por la oraci&oacute;n, han querido compartir conmigo algunos de los pasos que han dado, as&iacute; como los desaf&iacute;os a los que se enfrentan. Me han hecho part&iacute;cipe de los sufrimientos y las esperanzas de los habitantes de la regi&oacute;n, as&iacute; como del creciente deterioro de su entorno natural. A todas las personas que padecen esa situaci&oacute;n, quisiera expresarles mi cercan&iacute;a.</p> 
<p>Por esta raz&oacute;n, me alegra que la Asamblea tenga entre sus objetivos la formulaci&oacute;n de los <i>Horizontes Pastorales Sinodales</i>, que podr&iacute;an ser un instrumento &uacute;til para orientar la proclamaci&oacute;n &laquo;de un Dios que ama infinitamente a cada ser humano, que ha manifestado plenamente ese amor en Cristo&raquo; (Francisco, Exhort. ap. postsin. &nbsp;<i>Querida Amazonia</i>, 64).</p> 
<p>Tambi&eacute;n s&eacute; que llevar&aacute;n a cabo la elecci&oacute;n de la presidencia para el per&iacute;odo 2026 a 2030, cuya tarea, entre otras, ser&aacute; seguir animando la implementaci&oacute;n del S&iacute;nodo para la Amazonia y preparar asimismo las contribuciones de su experiencia para la Asamblea Eclesial en Roma, prevista para el a&ntilde;o 2028. Tengan la seguridad de que los acompa&ntilde;o a trav&eacute;s de mi oraci&oacute;n en este importante paso.</p> 
<p>Con el deseo de abrir nuevos caminos en la misi&oacute;n de la Iglesia en esa amada tierra, han elegido un texto b&iacute;blico para inspirar sus reflexiones: &laquo;Yo estoy por hacer algo nuevo: ya est&aacute; germinando, &iquest;no se dan cuenta?&raquo; (<i>Is</i> 43,19). Es verdad, algo nuevo est&aacute; naciendo, todav&iacute;a es fr&aacute;gil, pero ya est&aacute; en proceso, quiz&aacute; imperceptible, pero como el germen del &aacute;rbol<i> shihuahuaco</i>, el “gigante de la selva”, que crece notablemente lento, pero se vuelve capaz de vivir m&aacute;s de mil a&ntilde;os, un coloso de decenas de metros de altura y copa amplia, que equivale a ser un lugar seguro para &aacute;guilas, tucanes, guacamayos, tit&iacute;es, sakis y ardillas, convirti&eacute;ndose en un ecosistema en s&iacute; mismo. Esto puede ayudar a entender, queridos hermanos, lo que la Iglesia desea, ser un signo de unidad en la diversidad y refugio seguro, que genera y protege la vida.</p> 
<p>El futuro prometedor y esperanzador anunciado por el profeta Isa&iacute;as alcanza su plenitud en el pasaje del Apocalipsis, que nos habla de un cielo y una tierra nuevos, porque Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. <i>Ap</i> 21,5). Los invito, por tanto, a trabajar con la confianza de una fe radicada en Cristo que nos repite: &laquo;Yo te he amado&raquo; (<i>Ap</i> 3,9), porque es precisamente ese amor divino-humano de Jes&uacute;s el que nos transforma en hombres y mujeres nuevos. Este amor, contemplado en la oraci&oacute;n, nos env&iacute;a a responder con generosidad y valent&iacute;a en la misi&oacute;n.</p> 
<p>En este sentido, si queremos ser de Cristo ―el aut&eacute;ntico “gigante de la selva” y &laquo;Primog&eacute;nito de toda la creaci&oacute;n&raquo; (<i>Col</i> 1,15)―, estamos llamados a ser &laquo;la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los peque&ntilde;os y camina pobre con los pobres&raquo; (Exhort. ap. <i>Dilexi te</i>, 21).</p> 
<p>Ciertamente, el contexto actual exige una respuesta adecuada ante los numerosos desaf&iacute;os sociales, ambientales, culturales y eclesiales que persisten en la Amazonia, amenazada por situaciones de abuso y de explotaci&oacute;n. En este contexto, la flor de la pasi&oacute;n, cuya peculiar forma alude impresionantemente a la Pasi&oacute;n de Cristo y que ustedes han elegido como s&iacute;mbolo de la Asamblea, representa el papel prof&eacute;tico de la Iglesia y de todos sus miembros, cada uno seg&uacute;n su misi&oacute;n: proclamar el <i>kerygma</i> y la vida nueva en Cristo, acompa&ntilde;ar a los que sufren, custodiar la creaci&oacute;n y el respeto a la vida en todas sus formas, especialmente a la vida humana.</p> 
<p>Otro de los objetivos de la Conferencia Eclesial, que cumple su quinto aniversario, es delinear una Iglesia con “rostro amaz&oacute;nico”, anhelo del S&iacute;nodo de los Obispos en la Asamblea Especial para la Regi&oacute;n Panamaz&oacute;nica. Esta tarea se lleva a cabo con la convicci&oacute;n de que, &laquo;con la inculturaci&oacute;n de la fe, la Iglesia se enriquece con nuevas expresiones y valores, manifestando y celebrando cada vez mejor el misterio de Cristo, logrando unir m&aacute;s estrechamente la fe con la vida y contribuyendo as&iacute; a una catolicidad m&aacute;s plena, no s&oacute;lo geogr&aacute;fica sino tambi&eacute;n cultural&raquo; (<i>Documento de Aparecida</i>, 479).</p> 
<p>Queridos hermanos, queridas hermanas, la inculturaci&oacute;n es un camino dif&iacute;cil, pero necesario. &laquo;Hace falta aceptar con valent&iacute;a la novedad del Esp&iacute;ritu capaz de crear siempre algo nuevo con el tesoro inagotable de Jesucristo&raquo; (cf. <i>Querida Amazonia</i>, 69). Por eso, los animo a proseguir juntos, pastores y fieles, en el fortalecimiento de la identidad de los disc&iacute;pulos misioneros en la Amazonia. Sigan sembrando en el surco que ha sido regado incluso con la sangre de tantos hombres y mujeres que les han precedido, y que unidos a la pasi&oacute;n de Cristo se han convertido en la ra&iacute;z de un “&aacute;rbol gigante” que crece en la Amazonia.</p> 
<p>Confiando los frutos de esta Asamblea Eclesial a la especial intercesi&oacute;n de la Bienaventurada Virgen Mar&iacute;a, Madre del Creador, les imparto de coraz&oacute;n la Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica.</p> 
<p>Y la bendici&oacute;n de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompa&ntilde;e siempre. Amen.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[A los miembros de la redacción del TG2 de la RAI-Radio Televisión Italiana, con motivo del 50.º aniversario de su fundación (16 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Mon, 16 Mar 2026 12:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260316-rai-tg2.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260316-rai-tg2.html</guid><description><![CDATA[<!-- Mon, 16 Mar 2026 17:21:08 +0100 --> <p><i>&iexcl;Buenos d&iacute;as a todos y bienvenidos!</i></p> 
<p>Saludo a los consejeros de administraci&oacute;n, al director y a la Redacci&oacute;n del TG2, formulando mis felicitaciones porque este Telediario ha alcanzado la meta de los 50 a&ntilde;os.</p> 
<p>Este “cumplea&ntilde;os” invita a reflexionar sobre el camino que han recorrido, como paradigma de los desaf&iacute;os que el periodismo televisivo ha atravesado y sobre aquellos que tiene a&uacute;n por delante. Pienso en el pasaje del sistema anal&oacute;gico a aquel digital, que los ha visto protagonistas en el captar las oportunidades y comprender que no existe novedad tecnol&oacute;gica que pueda sustituir a la creatividad, el discernimiento cr&iacute;tico, la libertad de pensamiento. Y si el desaf&iacute;o de nuestro tempo es aquel de la inteligencia artificial, pienso en la necesidad de reglamentar la comunicaci&oacute;n seg&uacute;n el paradigma humano y no seg&uacute;n el tecnol&oacute;gico. Que quiere decir, en &uacute;ltima instancia, saber distinguir entre medios y finalidades.</p> 
<p>Los rasgos distintivos que desde el inicio los han caracterizado son la laicidad y el pluralismo de las fuentes informativas, tambi&eacute;n en la televisi&oacute;n de Estado. Laicidad entendida como rechazo de los a priori ideol&oacute;gicos y como mirada abierta sobre la realidad. Todos sabemos cu&aacute;nto sea dif&iacute;cil dejarse sorprender por los hechos, por los encuentros, por las miradas y por las voces de los dem&aacute;s; cuanto sea fuerte la tentaci&oacute;n de buscar, ver y escuchar solo aquello que confirma las propias opiniones. Pero no puede existir buena comunicaci&oacute;n, ni verdadera libertad y un sano pluralismo sin esta apertura.</p> 
<p>En la historia del Tg2 han convivido diversas posiciones culturales. Esta diversidad, especialmente cuando ha sido animada por un esp&iacute;ritu de amistad, ha sido un valor agregado de vuestra identidad, una riqueza, un ejemplo de dialogo, que tambi&eacute;n hoy puede decirnos mucho, en un tiempo dominado por las polarizaciones, por las cerrazones ideol&oacute;gicas, por los esl&oacute;ganes, que impiden ver y comprender la complejidad de la realidad.</p> 
<p>Siempre, pero de manera especial en las circunstancias dram&aacute;ticas de guerras, como aquellas que estamos viviendo, la informaci&oacute;n debe preservarse del riesgo de transformarse en propaganda. Y la tarea de los periodistas, verificar las noticias, para no convertirse en meg&aacute;fono del poder, se hace a&uacute;n m&aacute;s urgente y delicada, dir&iacute;a esencial.</p> 
<p>A ustedes corresponde mostrar los sufrimientos que la guerra acarrea siempre a las poblaciones; mostrar el rostro de la guerra y contarla con los ojos de las victimas para no transformarla en un&nbsp;<i>videojuego</i>. No es f&aacute;cil en los pocos minutos de un telediario y de sus espacios de profundizaci&oacute;n. Pero he aqu&iacute; el desaf&iacute;o.</p> 
<p>Les agradezco por su visita, les manifiesto mis mejores deseos y bendigo a todos y a vuestro trabajo.</p> 
<p>_____________________</p> 
<p><i><a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/03/16/260316b.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede</a></i>, 16 de marzo de 2026</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Mensaje del Santo Padre León XIV para la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2026]]></title><pubDate>Mon, 16 Mar 2026 12:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/vocations/documents/20260316-messaggio-vocazioni.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/vocations/documents/20260316-messaggio-vocazioni.html</guid><description><![CDATA[<!-- Wed, 25 Mar 2026 12:03:29 +0100 --> <p style="text-align: center;"><b><i>El descubrimiento interior del don de Dios</i></b></p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas, queridos j&oacute;venes:</i></p> 
<p>Guiados y custodiados por Jes&uacute;s Resucitado, en el IV domingo de Pascua, llamado “domingo del buen Pastor”, celebramos la LXIII Jornada Mundial de Oraci&oacute;n por las Vocaciones. Es un momento de gracia para compartir algunas reflexiones sobre la dimensi&oacute;n interior de la vocaci&oacute;n, entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del coraz&oacute;n de cada uno de nosotros. Recorramos pues juntos el camino de una vida verdaderamente hermosa, que el Pastor nos muestra.</p> 
<p><b><i>El camino de la belleza</i></b></p> 
<p>En el Evangelio de Juan, Jes&uacute;s se define literalmente el &laquo;pastor bello&raquo; (ὁ ποιμὴν ὁ καλός) ( <i>Jn</i> 10,11). La expresi&oacute;n hace referencia a un pastor perfecto, aut&eacute;ntico, ejemplar, en cuanto est&aacute; dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios est&eacute;ticos; se necesita contemplaci&oacute;n e interioridad. S&oacute;lo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me f&iacute;o, con &Eacute;l la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo m&aacute;s extraordinario es que, convirti&eacute;ndonos en sus disc&iacute;pulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el te&oacute;logo P&aacute;vel Florenski, la asc&eacute;tica no hace al hombre “bueno”, sino al hombre <b> </b>“bello”. <a name="_ftnref1" href="#_ftn1" class=" cleaner">[1]</a> El rasgo que distingue a los santos, adem&aacute;s de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. As&iacute;, la vocaci&oacute;n cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misi&oacute;n y resplandecer de su misma belleza.</p> 
<p>Esta comunicaci&oacute;n interior de vida, de fe y de sentido fue tambi&eacute;n la experiencia de san Agust&iacute;n, el cual, en el libro tercero de las <i>Confesiones</i>, mientras declara y confiesa sus pecados y errores juveniles, reconoce a Dios &laquo;m&aacute;s interior que lo m&aacute;s &iacute;ntimo m&iacute;o&raquo;. <a name="_ftnref2" href="#_ftn2" class=" cleaner">[2]</a> M&aacute;s all&aacute; de la conciencia de s&iacute; mismo, descubre la belleza de la luz divina que lo gu&iacute;a en la oscuridad. Agust&iacute;n atisba la presencia de Dios en lo m&aacute;s interior de su alma, y eso implica haber comprendido y vivido la importancia del cuidado de la interioridad como espacio de relaci&oacute;n con Jes&uacute;s, como camino para experimentar la belleza y la bondad de Dios en su propia vida.</p> 
<p>Dicha relaci&oacute;n se construye en la oraci&oacute;n y en el silencio y, si se cultiva, nos abre a la posibilidad de acoger y vivir el don de la vocaci&oacute;n, que nunca es una imposici&oacute;n o un esquema prefijado al que simplemente hay que adherir, sino un proyecto de amor y de felicidad. En la pastoral vocacional y en el compromiso siempre nuevo de la evangelizaci&oacute;n es urgente volver a partir del cuidado de la interioridad.</p> 
<p>En este esp&iacute;ritu, invito a todos —familias, parroquias, comunidades religiosas, obispos, sacerdotes, di&aacute;conos, catequistas, educadores y fieles laicos— a comprometerse cada vez m&aacute;s a crear contextos favorables con el fin de que este don pueda ser acogido, alimentado, custodiado y acompa&ntilde;ado para dar fruto abundante. S&oacute;lo si nuestros ambientes brillan por la fe viva, la oraci&oacute;n constante y el acompa&ntilde;amiento fraterno, la llamada de Dios podr&aacute; surgir y madurar, convirti&eacute;ndose en camino de felicidad y salvaci&oacute;n para cada uno de nosotros y para el mundo. Recorriendo el camino que Jes&uacute;s, el Pastor bello, nos indica, aprendemos entonces a conocernos mejor a nosotros mismos y a conocer m&aacute;s de cerca a Dios que nos ha llamado.<b></b></p> 
<p><b><i>Conocimiento mutuo</i></b></p> 
<p>&laquo;El Se&ntilde;or de la vida nos conoce e ilumina nuestro coraz&oacute;n con su mirada de amor&raquo;. <a name="_ftnref3" href="#_ftn3" class=" cleaner">[3]</a> Toda vocaci&oacute;n, en efecto, surge de la conciencia y la experiencia de un Dios que es Amor (cf. <i>1 Jn</i> 4,16). &Eacute;l nos conoce profundamente, ha contado los cabellos de nuestra cabeza (cf. <i>Mt</i> 10,30) y ha pensado un camino &uacute;nico de santidad y de servicio para cada uno. Pero este conocimiento debe ser siempre mutuo; estamos llamados a conocer a Dios por medio de la oraci&oacute;n, de la escucha de la Palabra, de los sacramentos, de la vida de la Iglesia y de la entrega a los hermanos y a las hermanas. Como el joven Samuel que, durante la noche, quiz&aacute; de manera inesperada, oy&oacute; la voz del Se&ntilde;or y aprendi&oacute; a reconocerla con la ayuda de El&iacute; (cf. <i>1 Sam</i> 3,1-10), as&iacute; tambi&eacute;n nosotros debemos crear espacios de silencio interior para intuir lo que el Se&ntilde;or tiene en su coraz&oacute;n para nuestra felicidad. No se trata de un saber intelectual abstracto o de un conocimiento acad&eacute;mico, sino de un encuentro personal que transforma la vida. <a name="_ftnref4" href="#_ftn4" class=" cleaner">[4]</a> Dios habita en nuestro coraz&oacute;n; la vocaci&oacute;n es un di&aacute;logo &iacute;ntimo con &Eacute;l, que nos llama —a pesar del ruido en ocasiones ensordecedor del mundo— y nos invita a responder con verdadera alegr&iacute;a y generosidad.</p> 
<p>&laquo; <i>Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas</i> – No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad&raquo;. <a name="_ftnref5" href="#_ftn5" class=" cleaner">[5]</a> Una vez m&aacute;s, san Agust&iacute;n nos recuerda lo importante que es aprender a detenerse y a construir espacios de silencio interior para poder escuchar la voz de Jesucristo.</p> 
<p>Queridos j&oacute;venes, &iexcl;escuchen esa voz! Escuchen la voz del Se&ntilde;or que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos (cf. <i>Mt</i> 25,14-30) y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios l&iacute;mites y debilidades. Por lo tanto, dediquen tiempo a la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, mediten asiduamente la Palabra de Dios para vivirla cada d&iacute;a, participen activa y plenamente en la vida sacramental y eclesial. De este modo conocer&aacute;n al Se&ntilde;or y, en la intimidad propia de la amistad, descubrir&aacute;n c&oacute;mo entregarse a los dem&aacute;s, en el camino del matrimonio, o del sacerdocio, o del diaconado permanente, o en la vida consagrada, religiosa o seglar: toda vocaci&oacute;n es un don inmenso para la Iglesia y para quien la acoge con alegr&iacute;a. Conocer al Se&ntilde;or significa sobre todo aprender a confiar en &Eacute;l y en su Providencia, que sobreabunda en toda vocaci&oacute;n.</p> 
<p><b><i>Confianza</i></b><i></i></p> 
<p>Del conocimiento nace la confianza, actitud que es hija de la fe, esencial tanto para acoger la vocaci&oacute;n como para perseverar en ella. La vida, en efecto, se revela como un continuo confiar y encomendarse al Se&ntilde;or, aun cuando sus planes cambien los nuestros.</p> 
<p>Pensemos en san Jos&eacute;, que, a pesar del inesperado misterio de la maternidad de la Virgen, confi&oacute; en el sue&ntilde;o divino y acogi&oacute; a Mar&iacute;a y al Ni&ntilde;o con coraz&oacute;n obediente (cf. <i>Mt</i> 1,18-25; 2,13-15). Jos&eacute; de Nazaret es un icono de confianza total en el designio de Dios: confi&oacute; incluso cuando todo a su alrededor parec&iacute;a ser tiniebla y negatividad, cuando las cosas parec&iacute;an andar en direcci&oacute;n opuesta a lo previsto. &Eacute;l se fio y confi&oacute;, seguro de la bondad y la fidelidad del Se&ntilde;or. &laquo;En cada circunstancia de su vida, Jos&eacute; supo pronunciar su “ <i>fiat</i>”, como Mar&iacute;a en la Anunciaci&oacute;n y Jes&uacute;s en Getseman&iacute;&raquo;. <a name="_ftnref6" href="#_ftn6" class=" cleaner">[6]</a></p> 
<p>Como nos ha ense&ntilde;ado el <i><a href="https://www.iubilaeum2025.va/es.html">Jubileo de la Esperanza</a></i>, es necesario cultivar una confianza firme y estable en las promesas de Dios, sin ceder nunca a la desesperaci&oacute;n, superando miedos e incertidumbres, con la certeza de que el Resucitado es Se&ntilde;or de la historia del mundo y de nuestra historia personal. &Eacute;l no nos abandona en las horas m&aacute;s oscuras, sino que viene a disipar todas nuestras tinieblas con su luz. Y precisamente gracias a la luz y a la fuerza de su Esp&iacute;ritu, tambi&eacute;n atravesando pruebas y crisis, podemos ver madurar nuestra vocaci&oacute;n, reflejar cada vez m&aacute;s la belleza de Aquel que nos ha llamado, una belleza hecha de fidelidad y confianza, a pesar de las heridas y las ca&iacute;das.<b></b></p> 
<p><b><i>Maduraci&oacute;n</i></b></p> 
<p>La vocaci&oacute;n, en efecto, no es una meta est&aacute;tica, sino un proceso din&aacute;mico de maduraci&oacute;n, favorecido por la intimidad con el Se&ntilde;or. Estar con Jes&uacute;s, dejar actuar al Esp&iacute;ritu Santo en los corazones y en las situaciones de la vida y releer todo a la luz del don recibido significa crecer en la vocaci&oacute;n.</p> 
<p>Como la vid y los sarmientos (cf. <i>Jn </i>15,1-8), as&iacute; toda nuestra existencia debe constituirse como un v&iacute;nculo fuerte y esencial con el Se&ntilde;or, para convertirse en una respuesta cada vez m&aacute;s plena a su llamada, a trav&eacute;s de las pruebas y las podas necesarias. Los “lugares” donde se manifiesta mayormente la voluntad de Dios y se hace experiencia de su amor infinito son a menudo los v&iacute;nculos aut&eacute;nticos y fraternos que somos capaces de instaurar durante nuestra vida. Qu&eacute; valioso es tener un buen gu&iacute;a espiritual que acompa&ntilde;e el descubrimiento y el desarrollo de nuestra vocaci&oacute;n. Qu&eacute; importantes son el discernimiento y el seguimiento a la luz del Esp&iacute;ritu Santo, para que una vocaci&oacute;n pueda realizarse en toda su belleza.</p> 
<p>La vocaci&oacute;n, por tanto, no es una posesi&oacute;n inmediata, algo “dado” de una vez por todas; es m&aacute;s bien un camino que se desarrolla an&aacute;logamente a la vida humana, en el cual el don recibido, adem&aacute;s de ser cuidado, debe alimentarse de una relaci&oacute;n cotidiana con Dios para poder crecer y dar fruto. &laquo;Esto es valioso, porque sit&uacute;a toda nuestra vida de cara al Dios que nos ama, y nos permite entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Se&ntilde;or, que tiene un precioso plan para nosotros&raquo;. <a name="_ftnref7" href="#_ftn7" class=" cleaner">[7]</a></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas, queridos j&oacute;venes, los animo a cultivar su relaci&oacute;n personal con Dios a trav&eacute;s de la oraci&oacute;n cotidiana y la meditaci&oacute;n de la Palabra. Det&eacute;nganse, escuchen, conf&iacute;en; de ese modo, el don de su vocaci&oacute;n madurar&aacute;, los har&aacute; felices y dar&aacute; frutos abundantes para la Iglesia y para el mundo.</p> 
<p>Que la Virgen Mar&iacute;a, modelo de acogida interior del don divino y maestra de la escucha orante, los acompa&ntilde;e siempre en este camino.</p> 
<p><i>Vaticano, 16 de marzo de 2026</i></p> 
<p style="text-align: center;">LE&Oacute;N PP. XIV</p> 
<p>________________________________________________________</p> 
<p><a name="_ftn1" href="#_ftnref1" class=" cleaner">[1]</a> &laquo;Y de hecho la asc&eacute;tica no est&aacute; dirigida a formar un hombre “bueno”, sino bello; el rasgo caracter&iacute;stico de los santos ascetas no es en modo alguno la “bondad”, que se encuentra tambi&eacute;n en hombres carnales, incluso en pecadores habituales: es la belleza espiritual, la belleza deslumbradora de una persona resplandeciente, portadora de luz. Esta belleza es inaccesible para la inercia del hombre carnal&raquo; (P. Florenski, <i>La columna y el fundamento de la </i>verdad, Salamanca 2010, 113).</p> 
<p><a name="_ftn2" href="#_ftnref2" class=" cleaner">[2]</a> S. Agust&iacute;n, <i>Confesiones</i>, III, 6, 11: <i>CSEL</i> 33, 53.</p> 
<p><a name="_ftn3" href="#_ftnref3" class=" cleaner">[3]</a> Carta ap. <i><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/apost_letters/documents/20251208-una-fedelta.html">Una fidelidad que genera futuro</a></i> (8 diciembre 2025), 5.</p> 
<p><a name="_ftn4" href="#_ftnref4" class=" cleaner">[4]</a> Cf. Benedicto XVI, Carta enc. <i><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html">Deus caritas est</a></i> (25 diciembre 2005), 1.</p> 
<p><a name="_ftn5" href="#_ftnref5" class=" cleaner">[5]</a> S. Agust&iacute;n, <i>De la verdadera religi&oacute;n, </i>XXXIX, 72: <i>CCSL</i> 32, 234.</p> 
<p><a name="_ftn6" href="#_ftnref6" class=" cleaner">[6]</a> Francisco, Carta ap. <i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco-lettera-ap_20201208_patris-corde.html">Patris corde</a></i> (8 diciembre 2020), 3.</p> 
<p><a name="_ftn7" href="#_ftnref7" class=" cleaner">[7]</a> Francisco, Exhort. ap. postsin. <i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.html">Christus vivit</a></i> (25 marzo 2019), 248.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[A los miembros de la Comisión Pontificia para la protección de menores (16 de marzo de 2026)]]></title><pubDate>Mon, 16 Mar 2026 11:30:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260316-tutela-minori.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260316-tutela-minori.html</guid><description><![CDATA[<!-- Mon, 16 Mar 2026 14:38:44 +0100 --> <p>En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo.<br /> La paz est&eacute; con ustedes.</p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p><i>Sean bienvenidos, queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Me complace saludarlos a todos en este d&iacute;a, mientras se re&uacute;nen para su Asamblea Plenaria. Agradezco al nuevo Presidente —todav&iacute;a nuevo— S.E. Mons. Thibault Verny, presidente de la <a href="https://www.vatican.va/content/romancuria/es/pontificie-commissioni/pontificia-commissione-per-la-tutela-dei-minori.html">Comisi&oacute;n</a>, por su liderazgo y dedicaci&oacute;n. Y agradezco al secretario, S.E. Mons. Luis Manuel Al&iacute; Herrera, por su ferviente servicio, as&iacute; como a la secretaria adjunta, la Dra. Teresa Morris Kettelkamp, por sus valiosas contribuciones al trabajo de la Comisi&oacute;n. Asimismo, expreso mi gratitud a todos ustedes, miembros y colaboradores, por su servicio a la Iglesia protegiendo a los ni&ntilde;os, adolescentes y personas en situaciones de vulnerabilidad. Es un servicio exigente, a veces silencioso y a menudo oneroso, pero esencial para la vida de la Iglesia y para la construcci&oacute;n de una aut&eacute;ntica cultura del cuidado.</p> 
<p>Mi predecesor, el <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/en.html">Papa Francisco</a>, de venerada memoria, quiso situar permanentemente el servicio de ustedes al interno de la <a href="https://www.vatican.va/content/romancuria/es.html">Curia Romana</a> para recordar a toda la Iglesia que la prevenci&oacute;n de los abusos no es una tarea opcional, sino una dimensi&oacute;n constitutiva de la misi&oacute;n de la Iglesia. Desde mi elecci&oacute;n, me ha animado mucho el di&aacute;logo que ustedes han fomentado con la Secci&oacute;n Disciplinaria del <a href="https://www.doctrinafidei.va/es.html">Dicasterio para la Doctrina de la Fe</a>, porque, de este modo, est&aacute;n logrando el objetivo deseado: que la prevenci&oacute;n —una de las responsabilidades de ustedes— y la vigilancia disciplinaria ―ejercida por <a href="https://www.doctrinafidei.va/es.html">ese Dicasterio</a>―, se unan de manera verdaderamente sin&eacute;rgica y eficaz.</p> 
<p>La misi&oacute;n de ustedes es ayudar a garantizar que se prevenga el abuso. Sin embargo, la prevenci&oacute;n nunca es solamente un conjunto de protocolos o procedimientos. Se trata de ayudar a formar, en toda la Iglesia, una cultura del cuidado, en la que la protecci&oacute;n de los menores y las personas en situaciones de vulnerabilidad no se considere una obligaci&oacute;n impuesta desde fuera, sino una expresi&oacute;n natural de la fe. Por lo tanto, exige un proceso de conversi&oacute;n en el que los sufrimientos de los dem&aacute;s sean escuchados y nos muevan a actuar. En este sentido, las experiencias de las v&iacute;ctimas y de los sobrevivientes son puntos de referencia esenciales. Aunque ciertamente son dolorosas y dif&iacute;ciles de escuchar, estas experiencias sacan poderosamente a la luz la verdad y nos ense&ntilde;an humildad mientras nos esforzamos por ayudar a las v&iacute;ctimas y a los sobrevivientes. Al mismo tiempo, es precisamente mediante el reconocimiento del dolor que se ha causado como se abre un camino cre&iacute;ble de esperanza y renovaci&oacute;n.</p> 
<p>Otro elemento importante de su servicio es la incorporaci&oacute;n de un enfoque multidisciplinario y sistem&aacute;tico. Como parte de la <a href="https://www.vatican.va/content/romancuria/es.html">Curia Romana</a>, dentro del <a href="https://www.doctrinafidei.va/es.html">Dicasterio para la Doctrina de la Fe</a>, ustedes tienen un papel claro que los sit&uacute;a en di&aacute;logo con los Dicasterios y otras instituciones que ejercen su responsabilidad en los distintos &aacute;mbitos relacionados con la protecci&oacute;n. Espero que sigan logrando una cooperaci&oacute;n a&uacute;n mayor con ellos, de modo que ellos enriquezcan con sus conocimientos el trabajo que ustedes hacen. Al mismo tiempo, ellos tambi&eacute;n pueden enriquecerse con la experiencia que <a href="https://www.vatican.va/content/romancuria/es/pontificie-commissioni/pontificia-commissione-per-la-tutela-dei-minori.html">la Comisi&oacute;n</a> ha adquirido en estos once a&ntilde;os de servicio, particularmente a trav&eacute;s de la escucha atenta y sincera que ustedes ofrecen a las v&iacute;ctimas, a los sobrevivientes y a sus familias. En este sentido, el Informe Anual de <a href="https://www.vatican.va/content/romancuria/es/pontificie-commissioni/pontificia-commissione-per-la-tutela-dei-minori.html">la Comisi&oacute;n</a> es una herramienta de gran importancia. Este representa un ejercicio de verdad y responsabilidad, as&iacute; como de esperanza y de prudencia, que deben ir de la mano por el bien de la Iglesia. La esperanza nos impide caer en el des&aacute;nimo; la prudencia nos preserva de la improvisaci&oacute;n y de la superficialidad a la hora de abordar la prevenci&oacute;n del abuso.</p> 
<p>Los ordinarios y los superiores mayores tambi&eacute;n tienen una responsabilidad propia que no puede delegarse. Escuchar a las v&iacute;ctimas y acompa&ntilde;arlas debe hallar una expresi&oacute;n concreta en cada instituci&oacute;n y comunidad eclesial. Los animo a que sigan siendo un instrumento para ellas, de modo que ninguna comunidad dentro de la Iglesia se sienta sola en esta tarea. De hecho, la ayuda que ustedes ofrecen a trav&eacute;s de la iniciativa <i>Memorare</i> es invaluable. Apoyar a las iglesias locales, especialmente all&iacute; donde faltan recursos o experiencia, significa dar una expresi&oacute;n concreta a la solidaridad eclesial. Espero recibir informaci&oacute;n adicional en su tercer Informe Anual sobre los alentadores progresos ya realizados, as&iacute; como sobre las &aacute;reas en las que a&uacute;n se requiere un mayor desarrollo.</p> 
<p>El compromiso de <a href="https://www.vatican.va/content/romancuria/es/pontificie-commissioni/pontificia-commissione-per-la-tutela-dei-minori.html">la Comisi&oacute;n</a> con la Iglesia a todos los niveles, con las v&iacute;ctimas, los sobrevivientes y sus familias, as&iacute; como con los colaboradores de la sociedad civil, los ha impulsado a profundizar su estudio en dos &aacute;reas de protecci&oacute;n que est&aacute;n experimentando un r&aacute;pido desarrollo: el concepto de vulnerabilidad en relaci&oacute;n con el abuso y la prevenci&oacute;n del abuso de menores facilitado por la tecnolog&iacute;a en el espacio digital. Al leer estos “signos de los tiempos”, ayudan a la Iglesia a afrontar con valent&iacute;a los retos de la protecci&oacute;n y a responder con claridad pastoral y renovaci&oacute;n estructural. Esto ya est&aacute; tomando forma concreta en el desarrollo de un marco de l&iacute;neas-gu&iacute;a universales. Espero recibir la propuesta final para que, tras el estudio y el discernimiento adecuados, pueda ser publicada.</p> 
<p>Queridos amigos, todos sus esfuerzos demuestran que su misi&oacute;n no es simplemente el establecimiento de un proceso formal, sino un signo de comuni&oacute;n y responsabilidad compartida. Antes de concluir, perm&iacute;tanme reiterar que la protecci&oacute;n de los menores y de las personas en situaciones de vulnerabilidad no es un &aacute;mbito aislado de la vida eclesial, sino una dimensi&oacute;n que atraviesa la pastoral, la formaci&oacute;n, el gobierno y la disciplina. Cada paso hacia adelante en este camino es un paso hacia Cristo y hacia una Iglesia m&aacute;s evang&eacute;lica y aut&eacute;ntica.</p> 
<p>Encomiendo su servicio a la amorosa intercesi&oacute;n de la Bienaventurada Virgen Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia, y les imparto de coraz&oacute;n la Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica, como prenda de sabidur&iacute;a y paz en nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Muchas gracias.</p> 
<p>[Padre Nuestro, Bendici&oacute;n]</p> 
<p>Muchas gracias por su servicio, y que tengan, durante estos d&iacute;as en Roma, un encuentro lleno de bendici&oacute;n. Y gracias por todo lo que est&aacute;n haciendo para ayudar a la Iglesia en nuestra misi&oacute;n. Gracias.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Ángelus, 15 de marzo de 2026]]></title><pubDate>Sun, 15 Mar 2026 12:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260315-angelus.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260315-angelus.html</guid><description><![CDATA[<!-- Wed, 18 Mar 2026 11:08:10 +0100 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;feliz domingo!</i></p> 
<p>El Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma nos relata la curaci&oacute;n de un hombre ciego de nacimiento (cf. <i>Jn</i> 9,1-41). Por medio de la simbolog&iacute;a de este episodio, el evangelista Juan nos habla del misterio de la salvaci&oacute;n: mientras est&aacute;bamos en la oscuridad, mientras la humanidad caminaba en las tinieblas (cf. <i>Is </i>9,1), Dios envi&oacute; a su Hijo como luz del mundo, para abrir los ojos de los ciegos e iluminar nuestra vida.</p> 
<p>Los profetas hab&iacute;an anunciado que el Mes&iacute;as abrir&iacute;a los ojos de los ciegos (cf. <i>Is</i> 29,18; 35,5; <i>Sal</i> 146,8). Jes&uacute;s mismo acredita su misi&oacute;n mostrando que &laquo;los ciegos ven&raquo; (<i>Mt</i> 11,4); y se presenta diciendo: &laquo;Yo soy la luz del mundo&raquo; (<i>Jn </i>8,12). En efecto, podemos decir que todos nosotros somos “ciegos de nacimiento”, porque solos no podemos ver en profundidad el misterio de la vida. Por eso Dios se hizo carne en Jes&uacute;s, para que el barro de nuestra humanidad, amasado con el aliento de su gracia, pudiera recibir una luz nueva, que nos hace capaces de ver finalmente a Dios, a los dem&aacute;s y a nosotros mismos en la verdad.</p> 
<p>Llama la atenci&oacute;n el hecho de que durante siglos se haya difundido la opini&oacute;n, presente a&uacute;n hoy, seg&uacute;n la cual la fe ser&iacute;a una especie de “salto en la oscuridad”, una renuncia a pensar, por lo que tener fe significar&iacute;a creer “ciegamente”. El Evangelio, en cambio, nos dice que en contacto con Cristo los ojos se abren, hasta el punto de que las autoridades religiosas piden con insistencia al ciego sanado: &laquo;&iquest;C&oacute;mo se te han abierto los ojos?&raquo; (<i>Jn </i>9,10); y tambi&eacute;n: &laquo;&iquest;C&oacute;mo te abri&oacute; los ojos?&raquo; (v. 26).</p> 
<p>Hermanos y hermanas, tambi&eacute;n nosotros, sanados por el amor de Cristo, estamos llamados a vivir un cristianismo “de ojos abiertos”. La fe no es un acto ciego, un renunciar a la raz&oacute;n, una disposici&oacute;n de cierta convicci&oacute;n religiosa que nos lleva a alejar la mirada del mundo. Por el contrario, la fe nos ayuda a mirar &laquo;desde el punto de vista de Jes&uacute;s, con sus ojos: es una participaci&oacute;n en su modo de ver&raquo; (Carta enc. <i>Lumen fidei</i>, 18) y, por eso, nos pide que “abramos los ojos”, como hac&iacute;a &Eacute;l, sobre todo a los sufrimientos de los dem&aacute;s y a las heridas del mundo.</p> 
<p>Hoy, en particular, frente a las numerosas preguntas del coraz&oacute;n humano y a las dram&aacute;ticas situaciones de injusticia, violencia y sufrimiento que marcan nuestro tiempo, es necesaria una fe despierta, atenta y prof&eacute;tica, que abra los ojos ante las oscuridades del mundo y lleve all&iacute; la luz del Evangelio por medio de un compromiso de paz, de justicia y de solidaridad.</p> 
<p>Pidamos a la Virgen Mar&iacute;a que interceda por nosotros, para que la luz de Cristo abra los ojos de nuestro coraz&oacute;n y podamos dar testimonio de &Eacute;l con sencillez y valent&iacute;a.</p> 
<p>__________________</p> 
<p><b>Despu&eacute;s del &Aacute;ngelus</b></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p> 
<p>Desde hace dos semanas, los pueblos de Oriente Medio sufren la terrible violencia de la guerra. Miles de personas inocentes han perdido la vida y muchas otras se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Reitero mi cercan&iacute;a en la oraci&oacute;n a todos aquellos que han perdido a sus seres queridos en los ataques que han golpeado escuelas, hospitales y zonas pobladas.</p> 
<p>La situaci&oacute;n en el L&iacute;bano es motivo de gran preocupaci&oacute;n. Espero que se abran caminos de di&aacute;logo que puedan ayudar a las autoridades del pa&iacute;s a implementar soluciones duraderas a la grave crisis actual, para el bien com&uacute;n de todos los libaneses.</p> 
<p>En nombre de los cristianos de Oriente Medio y de todas las mujeres y hombres de buena voluntad, me dirijo a los responsables de este conflicto: &iexcl;cesen las hostilidades! &iexcl;Que se reanuden caminos de di&aacute;logo! La violencia nunca podr&aacute; llevar a la justicia, la estabilidad y la paz que los pueblos esperan.</p> 
<p>Les doy la bienvenida a todos los que se encuentran hoy en la Plaza de San Pedro.</p> 
<p>Saludo a los fieles venidos de Valencia y Barcelona, en Espa&ntilde;a, as&iacute; como a los de Palermo.</p> 
<p>Doy la bienvenida con alegr&iacute;a a varios grupos de j&oacute;venes que se preparan para recibir el sacramento de la Confirmaci&oacute;n: de Berceto, di&oacute;cesis de Parma; de Tuto, di&oacute;cesis de Florencia; de Torre Maina y Gorzano, di&oacute;cesis de M&oacute;dena-Nonantola. Saludo tambi&eacute;n a los j&oacute;venes de la parroquia de San Gregorio Magno, en Roma, y a los j&oacute;venes de Capriano del Colle y Azzano Mella, de la di&oacute;cesis de Brescia.</p> 
<p>Les deseo un feliz domingo a todos.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[A los Partecipantes en el Encuentro "Cátedra de la Acogida" (12 de marzo 2026)]]></title><pubDate>Thu, 12 Mar 2026 11:30:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260312-cattedra-accoglienza.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/march/documents/20260312-cattedra-accoglienza.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 12 Mar 2026 15:03:45 +0100 --> <p>En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo.</p> 
<p>&iexcl;La paz est&eacute; con ustedes!</p> 
<p><i>Excelencias, queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Me complace encontrarme con ustedes y compartir algunas reflexiones sobre el tema que est&aacute;n abordando como &laquo;C&aacute;tedra de la Acogida&raquo;, nacida de la experiencia espiritual de la Asociaci&oacute;n&nbsp;<i>Fraterna Domus</i>&nbsp;con el apoyo concreto de otras realidades eclesiales y sociales.</p> 
<p>Sus jornadas est&aacute;n animadas por la conciencia de que la vocaci&oacute;n cristiana est&aacute; orientada a generar comuni&oacute;n entre las personas, y la comuni&oacute;n nace de la capacidad de acoger a los dem&aacute;s, ofreci&eacute;ndoles escucha, hospitalidad y asistencia. Una posible etimolog&iacute;a de la palabra &laquo;acoger&raquo; —centro de toda su actividad— se remonta al lat&iacute;n&nbsp;<i>accipere</i>, que significa &laquo;recibir&raquo;, &laquo;tomar consigo&raquo;.</p> 
<p>En el centro de toda acogida aut&eacute;ntica hay, de hecho, una relaci&oacute;n que nace de la gracia de un encuentro. Experimentamos muchos tipos de encuentro y, por lo tanto, de acogida: el encuentro con las personas que nos aman, con los familiares, con los compa&ntilde;eros de trabajo, e incluso con personas desconocidas, a veces hostiles. Cuando un encuentro es verdadero, a partir de la experiencia personal puede transformarse y, progresivamente, llegar a involucrar a los dem&aacute;s, dando vida a una experiencia comunitaria.</p> 
<p>Precisamente en esta din&aacute;mica de encuentro se inscribe su decisi&oacute;n de dedicar la cuarta edici&oacute;n de la &laquo;C&aacute;tedra&raquo; a los j&oacute;venes. En una &eacute;poca marcada por profundas transformaciones culturales y sociales, los j&oacute;venes, que son naturalmente el futuro de la sociedad y de la Iglesia, constituyen en realidad ya su presente vivo y generativo. Sus preguntas y sus inquietudes, de hecho, nos invitan a renovar el estilo de nuestras relaciones. Acoger a los j&oacute;venes significa, ante todo, escuchar sus voces, cruzar sus miradas y reconocer que, en sus vidas y en sus lenguajes, el Esp&iacute;ritu sigue actuando y sugiri&eacute;ndonos caminos renovados de presencia y custodia.</p> 
<p>Me gustar&iacute;a detenerme precisamente en estas dos palabras —<i>presencia&nbsp;</i>y<i>&nbsp;custodia</i>—, que contribuyen a iluminar el sentido cristiano de la acogida.</p> 
<p>Cada uno de nosotros, desde el primer instante de vida, crece en una realidad social. La familia, la parroquia, la escuela, la universidad, el trabajo representan modelos de sociedad en los que se entrelazan diferentes dimensiones: psicol&oacute;gica, jur&iacute;dica, moral, pedag&oacute;gica, cultural. Son espacios de elecci&oacute;n identitaria cuya tarea principal est&aacute; definida precisamente por la presencia. Estar presente en la vida de los dem&aacute;s significa compartir tiempo, experiencias, significados, ofreciendo puntos de referencia estables en los que los dem&aacute;s puedan reconocerse y crecer.</p> 
<p>Mirando a la Sagrada Familia de Nazaret —en cuyo modelo se inspira la&nbsp;<i>Fraterna Domus</i>—, cada comunidad acogedora puede redescubrir su vocaci&oacute;n y aprender a orientarse en el camino del servicio. El episodio evang&eacute;lico de Mar&iacute;a y Jos&eacute; que pierden a Jes&uacute;s y, angustiados, lo encuentran despu&eacute;s de tres d&iacute;as en el Templo (cf.&nbsp;<i>Lc&nbsp;</i>2, 39-52) nos ense&ntilde;a que la presencia del otro no es un automatismo, sino el resultado de una b&uacute;squeda constante. Nos ha pasado a cada uno de nosotros perder a alguien o algo a lo que est&aacute;bamos muy unidos. En ese momento nos dimos cuenta de lo valiosa que era esa presencia.</p> 
<p>Lo mismo ocurre en la vida de fe: damos por sentada la presencia de Jes&uacute;s en nuestra existencia, hasta que de repente parece que ya no est&aacute; donde lo dejamos. Sentimos una sensaci&oacute;n de desorientaci&oacute;n. En realidad, no es &Eacute;l quien se ha perdido, sino nosotros quienes nos hemos alejado. Cuando esto ocurre, estamos llamados a buscarlo con confianza, con el valor de recorrer caminos inexplorados, mirando el mundo con ojos nuevos, llenos de esperanza. De este modo, se dejar&aacute; de buscar un Dios a propia medida para encontrarlo donde &Eacute;l habita. Buscar a Jes&uacute;s significa, por tanto, pasar de la seguridad de nuestras convicciones a la responsabilidad del encuentro, aprendiendo a ver y a acoger la presencia de Dios que siempre est&aacute; &laquo;m&aacute;s all&aacute;&raquo;.</p> 
<p>Es precisamente lo que hizo San Jos&eacute; al custodiar la familia que le hab&iacute;a sido confiada por el Se&ntilde;or. En &eacute;l reconocemos que acoger, adem&aacute;s de presencia, es tambi&eacute;n custodia. Custodiar significa estar al lado del otro con atenci&oacute;n, respetar sus elecciones y cuidar de &eacute;l. Esta actitud pertenece ante todo a Dios, a quien la Biblia muestra como el guardi&aacute;n de su pueblo. Recordemos el salmo que dice:</p> 
<p>&laquo;No duerme ni dormita el guardi&aacute;n de Israel. El Se&ntilde;or es tu guardi&aacute;n&raquo; (<i>Sal&nbsp;</i>121,4-5). Desde esta perspectiva, comprendemos que tambi&eacute;n la familia humana est&aacute; llamada a preservar lo que se le ha confiado: las relaciones, la creaci&oacute;n, la vida de las hermanas y los hermanos, sobre todo de los que sufren y son m&aacute;s fr&aacute;giles. As&iacute;, Jos&eacute; nos muestra que la presencia y la custodia son dimensiones inseparables: no se cuida sin estar presente, y no se est&aacute; presente sin asumir la responsabilidad del otro.</p> 
<p>Estas dos palabras pueden representar dos l&aacute;mparas en su camino hacia una acogida capaz de abrir caminos de santidad, en una perspectiva nunca autorreferencial, siempre relacional y fraterna, como nos recuerda la enc&iacute;clica&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html"><i>Fratelli tutti</i></a>, donde afirma: &laquo;S&oacute;lo una cultura social y pol&iacute;tica que incorpore la acogida gratuita podr&aacute; tener futuro&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#141">n. 141</a>) para las nuevas generaciones.</p> 
<p>Querid&iacute;simos, les agradezco su compromiso silencioso y discreto. Los animo a ser educadores y educadoras de la acogida. Cultiven el carisma de la acogida escuchando al Esp&iacute;ritu Santo, cuyo fruto, nos dice San Pablo, &laquo;es amor, alegr&iacute;a, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de s&iacute; mismo&raquo; (<i>Gal</i>&nbsp;5,22). As&iacute; podr&aacute;n seguir generando juntos ambientes capaces de promover el bien y la fraternidad en la comunidad cristiana y en la sociedad. Que Mar&iacute;a Sant&iacute;sima y San Jos&eacute; los custodien e intercedan por ustedes. Los bendigo de coraz&oacute;n. &iexcl;Gracias!<br /> ______________________________________</p> 
<p><a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/03/12.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 12 de marzo de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Audiencia general del 11 de marzo de 2026 - Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - II. Constitución dogmática Lumen gentium. 3. La Iglesia, pueblo de Dios]]></title><pubDate>Wed, 11 Mar 2026 10:00:00 +0100</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260311-udienza-generale.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260311-udienza-generale.html</guid><description><![CDATA[<!-- Wed, 18 Mar 2026 09:05:07 +0100 --> <p><b>Catequesis - Los Documentos del&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>&nbsp;- II.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica&nbsp;<i>Lumen gentium</i></a>. 3<i>. La Iglesia pueblo de Dios</i></b></p> 
<p><i><br /> Queridos hermanos y hermanas, buenos d&iacute;as y bienvenidos</i></p> 
<p>Continuando en la reflexi&oacute;n sobre la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen gentium</a></i> (<i>LG</i>) hoy nos detenemos en el segundo cap&iacute;tulo, dedicado al Pueblo de Dios.</p> 
<p>Dios, que cre&oacute; el mundo y la humanidad y que desea salvar a todos los hombres, lleva a cabo su obra de salvaci&oacute;n en la historia eligiendo un pueblo concreto y habitando en &eacute;l. Por eso, &Eacute;l llama a Abraham y le promete una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena del mar (cf. <i>Gen</i> 22,17-18). Con los hijos de Abraham, despu&eacute;s de haberlos liberado de la condici&oacute;n de esclavitud, Dios establece una alianza, los acompa&ntilde;a, los cuida y los recoge cada vez que se pierden. Por ello, la identidad de este pueblo viene dada por la acci&oacute;n de Dios y por la fe en &Eacute;l. Est&aacute; llamado a convertirse en luz para las dem&aacute;s naciones, como un faro que atraer&aacute; a todos los pueblos, a toda la humanidad (cf. <i>Is</i> 2,1-5).</p> 
<p>El <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio</a> afirma que &laquo;todo esto sucedi&oacute; como preparaci&oacute;n y figura de la alianza nueva y perfecta que hab&iacute;a de pactarse en Cristo y de la revelaci&oacute;n completa que hab&iacute;a de hacerse por el mismo Verbo de Dios hecho carne&raquo; ( <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 9). Es, de hecho, Cristo el que, en el don de su Cuerpo de su Sangre re&uacute;ne en s&iacute; mismo y de manera definitiva a este pueblo. Este est&aacute; compuesto ya por personas procedentes de cualquier naci&oacute;n; est&aacute; unificado por la fe en &Eacute;l, por la adhesi&oacute;n a &Eacute;l, por vivir su misma vida animados por el Esp&iacute;ritu del Resucitado. Esta es la Iglesia: el pueblo de Dios que toma su propia existencia del cuerpo de Cristo <a name="_ftnref1" href="#_ftn1" class=" cleaner">[1]</a> y que es &eacute;l mismo el cuerpo de Cristo; <a name="_ftnref2" href="#_ftn2" class=" cleaner">[2]</a> no un pueblo como los dem&aacute;s, sino el pueblo de Dios, convocado por &Eacute;l y hecho de mujeres y hombres procedentes de todos los pueblos de la Tierra. Su principio unificador no es una lengua, una cultura, una etnia, sino la fe en Cristo: la Iglesia es, por lo tanto, – seg&uacute;n una espl&eacute;ndida expresi&oacute;n del <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio</a> – &laquo;una congregaci&oacute;n de quienes, creyendo, ven en Jes&uacute;s al autor de la salvaci&oacute;n y el principio de la unidad y de la paz&raquo; ( <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 9).&nbsp;</p> 
<p>Se trata de un pueblo mesi&aacute;nico, precisamente porque tiene como cabeza a Cristo, el Mes&iacute;as. Quienes forman parte de &eacute;l no presumen de m&eacute;ritos ni t&iacute;tulos, sino solo del don de ser, en Cristo o por medio de &Eacute;l, hijas e hijos de Dios. Antes de cualquier tarea o funci&oacute;n, por lo tanto, lo que cuenta realmente en la Iglesia es estar injertados en Cristo, ser por gracia hijos de Dios. Este es tambi&eacute;n el &uacute;nico t&iacute;tulo honor&iacute;fico que deber&iacute;amos buscar como cristianos. Estamos en la Iglesia para recibir incesantemente la vida del Padre y para vivir como sus hijos y hermanos entre nosotros. En consecuencia, la ley que anima las relaciones en la Iglesia es el amor, as&iacute; como lo recibimos y lo experimentamos en Jes&uacute;s; y su meta es el Reino de Dios, hacia el cual camina junto a toda la humanidad.</p> 
<p>Unificada en Cristo, Se&ntilde;or y Salvador de todos los hombres y las mujeres, la Iglesia no puede nunca estar replegada en s&iacute; misma, sino que est&aacute; abierta a todos y es para todos. Si pertenecen a ella los creyentes en Cristo, el Concilio nos recuerda que &laquo;todos los hombres est&aacute;n llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y &uacute;nico, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para as&iacute; cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un principio cre&oacute; una sola naturaleza humana, y a sus hijos, que estaban dispersos&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 13).</p> 
<p>Incluso quienes no han recibido todav&iacute;a el Evangelio est&aacute;n, de alguna manera, orientados al pueblo de Dios y la Iglesia, cooperando a la misi&oacute;n de Cristo, est&aacute; llamada a difundir el Evangelio en todas partes y a todos (cf. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 17), para que cada uno pueda entrar en contacto con Cristo. Esto significa que en la Iglesia hay y debe haber sitio para todos, y que cada cristiano est&aacute; llamado a anunciar el Evangelio y a dar testimonio en todos los ambientes en los que vive y obra. As&iacute; es como este pueblo muestra su catolicidad, acogiendo las riquezas y los recursos de las diversas culturas y, al mismo tiempo, ofreci&eacute;ndoles la novedad del Evangelio para purificarlas y elevarlas (cf. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">LG</a></i>, 13).</p> 
<p>En este sentido, la Iglesia es una, pero incluye a todos. As&iacute; la ha descrito un gran te&oacute;logo: &laquo;Arca &uacute;nica de la Salvaci&oacute;n, debe acoger en su amplia nave todas las diversidades humanas. &Uacute;nica sala del Banquete, los manjares que distribuye proceden de toda la creaci&oacute;n. Vestimenta sin costuras de Cristo, es tambi&eacute;n — y es lo mismo — la vestimenta de Jos&eacute;, de muchos colores&raquo;. <a name="_ftnref3" href="#_ftn3" class=" cleaner">[3]</a></p> 
<p>Es un gran signo de esperanza — sobre todo en nuestros d&iacute;as, atravesados por tantos conflictos y guerras — saber que la Iglesia es un pueblo en el que conviven, en la fuerza de la fe, mujeres y hombres de distinta nacionalidad, lengua o cultura: es un signo puesto en el coraz&oacute;n mismo de la humanidad, llamada y profec&iacute;a de esa unidad y de esa paz a la que Dios Padre llama a todos sus hijos.</p> 
<p><b>_________________________________________________________</b></p> 
<p><a name="_ftn1" href="#_ftnref1" class=" cleaner">[1]</a> Cf. J. Ratzinger, <i>Il nuovo popolo di Dio</i>, Brescia 1992, 97.</p> 
<p><a name="_ftn2" href="#_ftnref2" class=" cleaner">[2]</a> Cf. Y. M.-J. Congar, <i>Un popolo messianico</i>, Brescia 1976, 75.</p> 
<p><a name="_ftn3" href="#_ftnref3" class=" cleaner">[3]</a> Cf. H. de Lubac, <i>Cattolicismo. Aspetti sociali del dogma</i>, Mil&aacute;n 1992, 222.</p> 
<p>__________________________________________________________________</p> 
<p><b>Llamamiento</b></p> 
<p>Hoy se celebra en Qlayaa, L&iacute;bano, el funeral del Padre Pierre El Raii, p&aacute;rroco maronita de uno de los pueblos cristianos en el sur del L&iacute;bano que estos d&iacute;as est&aacute;n viviendo, una vez m&aacute;s, el drama de la guerra. Estoy cerca de todo el pueblo liban&eacute;s, en este momento de grave prueba.</p> 
<p>En &aacute;rabe “El Raii” significa “el Pastor”. El Padre Pierre fue un aut&eacute;ntico pastor, que permaneci&oacute; siempre junto a su pueblo, con el amor y el sacrificio de Jes&uacute;s, el Buen Pastor. En cuanto se enter&oacute; de que algunos feligreses hab&iacute;an resultado heridos en un bombardeo, sin pensarlo corri&oacute; a ayudarlos.</p> 
<p>Que el Se&ntilde;or quiera que su sangre derramada sea semilla de paz para el amado L&iacute;bano.</p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas, continuemos rezando por la paz en Ir&aacute;n y en todo Oriente Medio, en particular por las numerosas v&iacute;ctimas civiles, entre las que hay muchos ni&ntilde;os inocentes. Que nuestra oraci&oacute;n pueda ser consuelo para los que sufren y semilla de esperanza para el futuro.</p> 
<p>________________________</p> 
<p><b>Saludos</b></p> 
<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa&ntilde;ola. Pidamos a la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a que no nos cansemos de orar, esperar y trabajar, dispuestos a la purificaci&oacute;n y a la renovaci&oacute;n interior, a fin de que la luz de Cristo resplandezca siempre en el Pueblo de Dios. Que el Se&ntilde;or los bendiga. Muchas gracias.</p> 
<p>_________________________<br /> <br /> <b>Resumen le&iacute;do por el Santo Padre en espa&ntilde;ol</b></p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Reflexionamos hoy sobre el segundo cap&iacute;tulo de la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica&nbsp;<i>Lumen gentium</i></a>, que est&aacute; dedicado al Pueblo de Dios<i>.</i>&nbsp;En su obra de salvaci&oacute;n, Dios elige un pueblo concreto, establece con ellos una alianza, los acompa&ntilde;a, los cuida y los re&uacute;ne cuando se dispersan. La identidad de este pueblo est&aacute; dada por la acci&oacute;n de Dios y por su fe en &Eacute;l; y su vocaci&oacute;n es la de ser luz para las naciones, como un faro que atrae a toda la humanidad.</p> 
<p>El Concilio afirma que dicha elecci&oacute;n y preparaci&oacute;n encuentra su plenitud en Cristo, quien congrega en torno a s&iacute; al nuevo Pueblo de Dios, por medio de la entrega de su Cuerpo y de su Sangre. Este nuevo Pueblo, que es la Iglesia, est&aacute; formado por hombres y mujeres provenientes de todos los lugares de la tierra, de diferentes lenguas y culturas. Su principio unificador es la fe en Jesucristo y su presencia es profec&iacute;a de la unidad y la paz a la que Dios Padre llama a todos sus hijos.</p>]]></description></item></channel></rss>